11. No hay retorno
El silencio que nos acompañaba dentro del auto era ensordecedor. Observé por la ventana las calles solitarias de la ciudad, preguntándome si así sería mi vida de ahora en adelante. Solitaria.
Asim llevaba más de media hora sin emitir ningún sonido y eso era preocupante. Desde que salimos de la casa estaba taciturno y más hosco de lo normal. Aunque el abuelo y Alicia intentaron aligerar la tensión que se sentía entre los dos con sus bromas de mal gusto sobre la noche de bodas, tanto él como yo, e