Mundo ficciónIniciar sesiónLa vida de Pilar Padilla cambió radicalmente cuando, de la noche a la mañana, la fortuna de la lotería sonrió sobre su familia. Gracias a ello, accedió a una prestigiosa universidad y conoció a Daniel Duarte, su mentor y gran amor, con quien no tardó en casarse, aunque rápidamente fue etiquetada como “nueva rica” y la alta sociedad la aisló, y no era el único problema, el ansiado sueño de formar una familia parecía alejarse, y cuando por fin Pilar descubrió que estaba embarazada, se topó con la dura realidad de la infertilidad de Daniel, y lo que Pilar veía como un milagro, Daniel lo veía como la prueba de su engaño, lo que provocó que rápidamente el CEO pidiera el divorcio, dejándola sola, sin matrimonio, ni fortuna, enfrentando la maternidad en la más absoluta incertidumbre. En ese momento de crisis, donde creía todo perdido, el poderoso magnate Ares Zabet aparece en su vida, fascinado por Pilar desde el primer instante, había esperado una oportunidad de acercarse a ella desde hacía tanto tiempo… que sin dudarlo decidió conquistarla, la acoge en su mansión y le ofrece protección, abriendo la puerta a un nuevo futuro. Pero cuando Daniel descubre la verdad tras el embarazo y comprende su error, lucha desesperadamente por recuperar a la mujer que ama. Sin embargo, Ares está dispuesto a todo por mantenerla a su lado, aunque Pilar no cree poder soportar la nueva etiqueta que la sociedad le ha colocado, la de cazafortunas. ¿Podrá Pilar superar las barreras que la sociedad ha construido a su alrededor y encontrar el amor verdadero con Ares? ¿O se quedará atrapada en un ciclo de desconfianza y duda, incapaz de escapar de las sombras de su pasado?
Leer másLos pasos de Pilar eran cortos y temblorosos, todo giraba a su alrededor, o quizás solo era ella mareada ante la situación, aun se preguntaba como todo había terminado de esa manera, no solo su matrimonio, era todo lo que su familia había tenido, más de lo que alguna vez pudo soñar, no se iba a mentir, en el fondo siempre supo que todo era demasiado bueno para ser verdad.
Ahora solo le quedaba afrontar su desgracia, pero ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo le diría a su padre que habían perdido toda su fortuna? ¿cómo enfrentaría un embarazo cuando ni siquiera tenía un techo sobre su cabeza? ¿Qué le diría en un futuro a su hijo? ¿la culparía como su ahora exesposo lo hacía? ¿alguien creería en ella?
Respiro con dificultad, mientras el agua helada de la lluvia empapaba su ropa, ese abrigo que era tan costoso y sin embargo, no alcanzaba a cubrir su enorme barriga, porque lo había comprado la temporada anterior, cuando su cuerpo era esbelto, se podria decir que era lo único que le quedaba, lo que cargaba con ella, y de pronto esa mínima carga era demasiada, tanto como para hacerla tropezar con sus propios pies, por lo que dejo caer su bolso, ese de diseñador que Daniel le había regalado en su último aniversario, ese mismo que tenía la información de su embarazo y ahora los papeles que dejaban en claro que se había divorciado.
— Yo no hice nada malo.
Murmuro al aire frio de la noche, acariciando su vientre de casi nueve meses de embarazo, dejando caer tanto la cartera como el abrigo que ya no cumplía con su función, tratando de saber que era o que debía hacer, si le quedaba algo por intentar, pero la verdad era que no, ya no tenía nada, todo lo había perdido, y mientras sus lágrimas caían, solo le quedo mirar al cielo, noches fúnebres si las hay y esa sin duda era una de ellas.
Detuvo sus pasos al reconocer el camino que estaba transitando, ¿en verdad pensaba regresar a la villa loma negra? ¿acaso su cerebro no se enteraba que lo había perdido todo ya? Que nadie abriría la reja del lujoso vecindario, donde solo había cinco mansiones, donde una vez estuvo su hogar.
— Eres una pobre rica, que ahora ni rica es.
Se dijo mientras giraba, recordando como sus exsuegros la llamaban, la nueva rica, la pobre rica, la que desentonaba con el lugar y su alta alcurnia, la hija de quien había ganado la lotería, una mujer vulgar, dijo una vez Marta, oh, si, ahora la podía imaginar descorchando algún champagne, brindando ante la felicidad de que su amado hijo ahora era un hombre divorciado, ahora podía continuar con su plan de desposarlo con Clara, mientras ella…
— Ya no tengo nada. — aseguro frotando su vientre. — Lo siento, mamá está muy cansada.
Y claro que lo estaba, no era solo el hecho de que llevaba dos días sin poder dormir, sino porque fueron seis meses de alegaciones y suplicas, de llorar e implorar, mientras que Daniel no demostró ni un mínimo de duda, no le creía, jamás lo haría, su corazón que tanto le aseguro pertenecerle, la había sacado de él sin duda alguna, más que dispuesto a meter a otra allí.
Sus pies la llevaron al puente cercano, y se le hizo imposible no recordar lo hermoso que se le hizo aquel camino la primera vez que lo tránsito, como un cuento, la pobre que se hace rica y desposa a un gran CEO de la industria de la arquitectura… el sueño que se convirtió en pesadilla, todo se había arruinado, y su familia con ella, no tenía las fuerzas para continuar, mucho menos para ver a la cara a sus padres, sabía que no le reprocharían nada, solo era ella, y su error, no podía vivir con ello, ya no.
— Si existe un Dios, solo espero que me perdone.
Pidió con más fervor del que alguna vez sintió, mientras sus pies se posaban en la cornisa del puente, el agua bajo ella viajaba rápida, seguramente estaba helada, y por un segundo se preguntó, si la mataría el impacto, o si moriría de hipotermia, o quizás ahogada, aunque en el fondo, solo esperaba que al menos eso fuera justo, una muerte rápida, y la menos dolorosa, al menos eso merecía ¿verdad?
Ares era el magnate más cotizado en la industria de la construcción, Zabet&CO, llamo a su imperio, uno que heredo e hizo crecer cuando apenas era un adolescente, claro que muchos dirán que le fue fácil, ya que Ares provenía de una familia adinerada, sin embargo, la verdad era que todo lo que poseía lo tenía por mérito propio.
Pero algo faltaba en su vida, algo que ni él sabía que era, hasta que la vio, Pilar, la sola mención de su nombre le erizaba la piel, su belleza, ante sus ojos era inigualable, con su cabello castaño, su tez oliva, sus ojos marrones, y sus labios rojos, una más del montón, le había dicho uno de sus hermanos, un día cuando le describió a la mujer ideal, claro que no se atrevió a decir que no la había imaginado, sino que la había visto, eso no estaría bien, pues el día que la vio, fue cuando llego a la villa loma negra, felizmente casada con un bueno para nada, niño de mami, en fin, su competencia, aun así, supo controlar sus emociones, jamás le había envidiado nada a nadie,
Él era el gran Ares Zabet, siempre logro lo que quiso, con esfuerzo, con paciencia, con… estaba enloqueciendo, esa era la verdad, en un principio pensó en mudarse de su mansión, la más grande de las cinco que había en aquel vecindario privado, mismo que le pertenecía, pero no pudo, no podía dejar de verla, de anhelarla, y si antes Daniel Duarte era su competencia, se había convertido en un oponente, aunque no sabía cómo competir con él, pues Pilar… no le regalaba ni una mirada, solo esporádicos saludos de cortesía cada vez que coincidían en algún lugar del lujoso vecindario, y eso lo estaba alterando, a tal punto que incluso había comenzado a ver a un psicólogo, quien le aseguro que lo que sentía por su vecina, más que amor, era obsesión, pero no lo podía evitar ¿o era que no queria hacerlo?
— Mi recomendación es que tome distancia de la persona en cuestión, usted está generando una obsesión, esto recién está comenzando, y es mejor hacer todo lo que este en nuestras manos ahora, antes que desencadene a un problema mayor.
Dijo con severidad el médico, hacia dos meses que lo trataba y hacia dos años que Ares solo seguía a Pilar por cada rincón de la villa loma negra.
— ¿Problemas mayores? ¿usted esta insinuando que podria hacerle algún daño a la mujer que amo?
Las alarmas del médico se encendieron y no era para menos, el amor no surgía con una mirada, definitivamente Ares tenía la mente un poco nublada, por las emociones que esa mujer le hacía sentir.
— Solo digo… que debería alejarse…
— ¡Nunca! No la dejare, ella será mi esposa, ella será mi reina, pondré el mundo a sus pies de ser preciso, ya lo verá.
Era el fin, se dijo el doctor, era el fin de la cordura de Ares, y de la calma de Pilar.
Daniel simplemente sacudió la manga de su saco, la cual se había arrugado ante el agarre de Ares, e incluso este hombre tuvo la osadía de verlo con advertencia antes de finalmente ingresar a la oficina, algo que provocó que los labios de Ares se extendieran en una tétrica sonrisa.—Pilar, ¿dónde has estado todo este tiempo?, hace meses que te estoy buscando.Fue lo primero que dijo Daniel al ingresar a la oficina del nuevo CEO, al tiempo que caminaba apresuradamente hacía Pilar.—Disculpa Daniel, pero este no es el momento, ni el lugar para hablar de cosas personales.Las palabras dichas sin titubeo alguno de la castaña detuvo los pies de Daniel, a la vez que veía con sorpresa a Pilar, reconociendo en sus ojos esa chispa que la mujer tenía hace unos años atrás, cuando cursaba la universidad, ese fuego que tanto lo atrajo y que él mismo se encargó de apagar.—Pero, escucha la mierda que dices.Murmuró entre dientes, y fue el momento en el que Ares se interpuso entre ellos, tapándole la
La secretaria de Daniel fue la primera en recibirlo con una mirada acusadora, sin embargo, la rubia no preguntó nada, simplemente lo vio sobre su hombre y continuó con la labor que estaba haciendo en ese momento.Duarte se sintió tan observado, que no le quedó más que acomodar su corbata, como si aquello pudiera eximirlo de culpa alguna, de sus mentiras dichas.A medida que comenzó con el recorrido las miradas de todos recaían sobre él, los cuchicheos se convirtieron casi en una brisa molestosa que acariciaba sus oídos, aun así ninguno de los empleados se atrevió a cuestionarlo directamente, pues todos ellos eran muy conscientes de lo que el señor Mateo Zabet había dicho solo unas horas antes, y eso era simplemente el hecho, de que la estadía de Ares como el CEO de la compañía era meramente pasajera, que todo apuntaba que el magnate estaba en aquel lugar, para enseñarle a Duarte cómo remontar la compañía que él mismo estaba echando a perder, entonces por supuesto que ninguno de los em
Ares veía la disculpa la mirada de Mateo, pero aun así, no pensaba aceptarlas, porque este magnate que a los ojos de Pilar era tan misericordioso y comprensivo, solo lo era con ella, en la mente de Ares, la idea de que su padre hubiese sabido aquello y hubiese guardado silencio, no tenía lugar, era sinónimo de traición, y exigía una explicación, una en la que su futura esposa estuviese presente, porque por supuesto que Ares pensaba desposarse con Pilar, la había declarado suya, Caleb era suyo, Pilar estaba dispuesta a darle una oportunidad a su relación, y Ares no pensaba desperdiciar nada de aquello.—Desde el día que fui a tu mansión.Soltó un poco aturdido Mateo y Pilar, se movió con sigilo hacia el pequeño bar que había en un lado de la oficina, hasta hacerse con un vaso de agua, mismo que ofreció al mayor, quien le agradeció con la mirada.—¿Cómo que desde el día que fuiste a mi mansión?, Pilar acababa de parir, ¿cómo es que…?Pilar estaba acostumbrada a ver la tranquilidad en el
Daniel Duarte se quedó paralizado en el hall de la empresa, su mirada fija en la figura de Pilar quien lucía una sonrisa que él jamás le había observado en los años que estuvieron juntos, y todo se debía a que Ares le estaba haciendo entrega de ese niño, ese pequeño ya había sido parido por Pilar, ese que para Daniel era el responsable de su divorcio, aunque en verdad sabía que la culpable de todo era su madre y Clara, y aun así para Daniel el único culpable era ese niño que ahora Pilar cargaba entre sus brazos.— Les presento a mi hijo, Caleb.La habitación se quedó en silencio, y Daniel sintió como si el suelo se hubiera abierto bajo sus pies, tanto así que su mente se llenó de pánico, su corazón latiendo a mil por hora. ¿Cómo era posible? ¿Cómo había terminado Pilar siendo la secretaria y ayudante de Ares? Mejor aún, cómo era posible que se viera tan bien, cuando él se había encargado de dejarla absolutamente sin nada, sola y sin un centavo, ¿en qué momento Pilar había llegado a Ar
Pilar:Durante todo este tiempo por mi mente jamás pasó la idea, de qué Ares podría estar alterando la realidad, o mejor dicho la verdad, jamás tuve así sea un mínimo de duda de pensar que este, multimillonario magnate, se estuviese aprovechando de mi mente aturdida para meter en mí falsos contra Daniel, solo ahora me percato de este hecho, de saber que del momento que Ares me aseguró que Daniel se había encargado de decirles a todos en la empresa, de que nuestro hijo había muerto, yo simplemente lo tomé como una realidad, y traté de recorrer ese pequeño duelo, del darme cuenta que, realmente había perdido a la persona que durante tantos años creí amar, aunque no mentiré diciendo que simplemente lo superé, que hice borrón y cuenta nueva, porque no es así y prueba de ello es el sentir cómo mi respiración tiembla con el solo hecho de saber que pronto lo tendré frente a mí.Y aún así, hay una realidad que me golpee aún peor, y esa es darme cuenta de que, aunque Ares me lo había advertido
Ares le preguntó si estaba lista y Pilar simplemente dijo que sí, quizás era la euforia de todo lo que estaba sucediendo, de que tal parecía que su vida estaba cambiando para bien, pero la verdad que, al abrir los ojos a la mañana siguiente, el miedo la abrumó, simplemente no podía visualizarse frente a Daniel, su temor a ser juzgada aún por quien no tenía derecho a hacerlo, la hizo temblar.—¿Te encuentras bien cariño?Los brazos de Ares a su alrededor la hicieron sentir como si se estuviese colocando una armadura.—Ahora creo que lo estoy.Dijo a la vez que liberó un suspiro, Ares, sin embargo, estaba ajeno al sentimiento de terror que Pilar había sentido, pues este hombre la había anhelado tanto, sentía que todo lo que había sucedido la noche anterior era simplemente un milagro, y no era solo el hecho de ser el padre de Caleb, era saber que Pilar estaba dispuesta a intentar un futuro con él.—Aun creo que estoy soñando.Reconoció el mayor sin pena alguna, al tiempo que dejaba un be
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