Ares sentía que merecía la tortura de escuchar el relato de Pilar, pero la castaña no merecía el haber padecido todo aquello.
Y es que Ares se sentía como un cobarde, por haber huido aquel día, sentía que la había abandonado, aunque era consciente que los saludos de Pilar eran más que nada de cortesía, quizás en verdad su mente estaba trastornada, pero no le importaba, él debía de haberse quedado, sentía que había perdido una gran oportunidad de estar a su lado, de consolarla, de hacerle ver la