Ares sentía que merecía la tortura de escuchar el relato de Pilar, pero la castaña no merecía el haber padecido todo aquello.
Y es que Ares se sentía como un cobarde, por haber huido aquel día, sentía que la había abandonado, aunque era consciente que los saludos de Pilar eran más que nada de cortesía, quizás en verdad su mente estaba trastornada, pero no le importaba, él debía de haberse quedado, sentía que había perdido una gran oportunidad de estar a su lado, de consolarla, de hacerle ver la realidad y esa no era más que el hecho de que Daniel Duarte era un perdedor, y que ella no merecía sufrir por él.
—Yo en verdad lamento mucho haberme marchado ese día…
—No deberías de sentirte así Ares, muy en el fondo lo agradecí.
—¿Por qué?
La pregunta abandonó sus labios, aún antes de que su mente pudiera procesarla, solo ahora sentía el miedo recorrerlo, porque si Pilar le decía que no lo quería a su lado, incluso ahora que parecía ser la única salvación que la joven tenía, él en verdad sen