Capítulo Siete.
Ares no podía creer que luego de un momento, Pilar se durmiera entre sus brazos, jamás había soñado con tenerla tan cerca, y como pudo se las ingenió para recostarse a su lado, no lo sentía como algo incorrecto, claro que no, confiaba en que Pilar recordaría que ella misma le había pedido que no la dejara, que tenía miedo de estar sola, que tenía terror a lo que su mente le pudiese susurrar.
El corazón del magnate latía de una forma errática, auténtica, mientras una mezcla de angustia y ternura