El rostro de Pilar reflejaba una profunda derrota, sus facciones marcadas por el dolor, y sus ojos apagados por una fatiga que iba más allá del agotamiento físico; era el desgaste emocional lo que la consumía.
Parecía que cada pensamiento le pesaba, como si llevara una carga imposible de soportar, mientras Ares, por su parte, la contemplaba en silencio, incapaz de procesar cómo una mujer tan extraordinaria, tan llena de luz y fuerza, podía haber llegado a ese estado por culpa de alguien tan ins