Daniel clavó la mirada en el centro de la mesa, como si contemplara un recuerdo doloroso, aunque en realidad, estaba escuchándose a sí mismo, calibrando cada palabra.
Si supieran, pensó con frialdad, si supieran que mi madre arregló todo, y que Pilar no necesitó acostarse con nadie, que ese hijo vino por una aguja, un tubo y una enfermera comprada.
Pero no, no necesitan esa verdad. Esta versión me sirve mucho más.
—Mi madre… trato de abrirme los ojos —añadió, bajando la voz, como si revelara a