Mundo ficciónIniciar sesión3ra Entrega de Corazones Malheridos ❤️ Viena Myers siempre supo que amar a Milo Prince era desafiar al destino. Él, el heredero perfecto de una familia poderosa. Ella, la hija del abogado más temido de Washington, un hombre capaz de destruir a cualquiera que se cruce en su camino… incluso a su propia hija. Lo que comenzó como una historia secreta entre los dos, terminó la noche en que Viena acudió a una cena con su padre. Horas después, despertó desnuda en una habitación de hotel junto al hombre con el que la habían comprometido a la fuerza. Sin recuerdos. Sin respuestas.Y frente a la puerta, el amor de su vida mirándola como si fuera una desconocida. Años después, el destino vuelve a cruzarlos. Milo ya no es el chico que la amaba; es un hombre endurecido por el rencor. Viena ya no es la niña que temía desobedecer; es una mujer dispuesta a enfrentarse a su pasado. Pero cuando el amor y la venganza vuelven a mezclarse, ambos descubrirán que lo que los unió nunca desapareció… solo se volvió más peligroso. **Historias relacionadas** Libro I: El regreso de la Exesposa Libro II: La venganza de la Exprometida
Leer másViena Myers
—¿Vas a pensar en mí mientras cenas con tu padre? La voz de Milo se escucha divertida, y yo, del otro lado de la pantalla, suspiro. —Sabes que sí. Espero cada sábado nuestra cita por videollamada, pero ahora por su culpa no podré verte... te voy a extrañar más de lo que ya lo hago. Hago un puchero antes de poder detenerme. —Yo también te voy a extrañar, Vi. Pero aprovechemos este tiempo, mejor. ¿Qué crees que quiera? Se me escapa un resoplido. —No sé, no estoy segura. Lo único que tengo claro es que no lo soporto y que últimamente ha estado incordiando más de la cuenta. Los ojos grises de mi novio me observan con compresión. Él sabe lo que Albert Myers significa para mí. Es mi padre, pero no uno de los buenos. —No vayas —dice Milo, directo, sin pensarlo dos veces—. Si lleva semanas buscándote para una cena, no es precisamente para decirte lo mucho que te quiere. —¿Y qué hago? —respondo, dejándome caer contra el respaldo del sofá—. Si no voy, me manda a buscar. Ya sabes cómo es. Milo suspira, se pasa la mano por el cabello y se queda un segundo en silencio. —Viena, no me gusta. Albert no te llama para “cenar”, te llama para controlarte. Quisiera decirle que no es así. También quisiera decirle que no sé qué parte de mi vida quiere controlar. Pero lo sé perfectamente. Conseguí dos años de libertad, avanzando con el tercero, por supuesto que no se iba a quedar de brazos cruzados. El compromiso que tiene planeado para mí cada vez está más cerca y no sé cómo decirle a Milo, además de no tener idea de cómo evitar la decisión, y orden, de mi padre. —Ya lo sé —murmuro, bajando la mirada—, pero no puedo desaparecer de su radar por completo. Mientras me mantenga estudiando, tengo margen. Si empiezo a desafiarlo demasiado, me va a obligar a volver a casa. «Y otro par de cosas que no me atrevo a decir». Él entrecierra los ojos, con un gesto que mezcla rabia y preocupación. —Podrías quedarte conmigo. Mi corazón se acelera de solo escucharlo. Siento mis mejillas arder, porque no hay nada que quisiera más que eso, pero debo contenerme. Debo ser realista y entender que mi historia con Milo tiene fecha de caducidad si de mi donador de espera depende. —Milo… —susurro, sin saber del todo qué decir a eso. —No pongas esa cara —replica enseguida, con una media sonrisa que apenas suaviza su tono—. No lo digo solo por lo obvio, aunque también me encantaría. Digo que conmigo estarías a salvo. Tu padre no puede hacerte nada si dejas de depender de él, podemos vivir en mi casa de New York... Me muerdo el labio. No es la primera vez que lo dice, pero cada vez que lo hace, siento que mi pecho se aprieta un poco más. Pero Milo y yo llevamos saliendo poco más de seis meses, no podemos volvernos locos. Sobre todo porque él es el mejor amigo de mi hermano mayor, y Aston no tiene ni jodida idea de lo que ambos sentimos. «Tampoco creo que lo entienda». —Y si se entera de lo nuestro, va a destruirte —le recuerdo, bajito—. No le temblaría la mano para hacerlo. —Que lo intente. No soy un niño, Vi. Y tampoco soy un don nadie. Ver su expresión hace que mi estómago se retuerza con nervios. Milo es un Prince, una de las familias más ricas e influyentes en Washington D.C.. Sé que tendría respaldo de necesitarlo, que su solo apellido es suficiente para infundir respeto. Pero no pondré eso a prueba. Prefiero mantenerlo alejado de mi padre y sus manos negras. —No, pero él sí es un monstruo —le corto con un suspiro, más cansada que molesta—. No quiero que te metas en su línea de fuego. Milo se inclina hacia la cámara, como si eso acortara la distancia. —Entonces prométeme que no vas a dejar que te arruine la noche —dice Milo, bajando la voz. Su tono cambia, se vuelve más suave, casi cómplice—. No importa lo que diga, ni lo que quiera imponerte, esta vez no vas a dejar que te robe la calma. Lo miro en silencio, sin saber si habla solo de la cena o de algo más. —Intentaré no dejar que lo haga. Porque por desgracia, mi padre tiene demasiada influencia sobre mí. Me convenzo de que no, de que sí soy capaz de negarme a sus caprichos, pero en la realidad no es tan así. Siempre encuentra la manera de manipularme. Mi mayor miedo siempre ha sido mi propio padre. ¿Qué tan traumático es eso? —No “intentes” —replica, con una sonrisa ladina—. Hazlo. Y no te preocupes tanto, ¿sí? Falta poco para que nos… —se detiene un instante, como si pensara en algo—. Esta semana va a mejorar. Te lo prometo. Frunzo el ceño. —¿Qué quieres decir con eso? —Nada, solo… que tengo una corazonada. —Se encoge de hombros, pero hay algo en su mirada que me hace sospechar que guarda un secreto—. Ya verás. —¿Por qué me suena a que planeas algo? —Me sale una risita nerviosa. —¿Yo? Jamás. —Su tono fingidamente inocente me hace rodar los ojos—. Soy un chico tranquilo, estudiante responsable, sin ninguna intención de secuestrar a su novia y llevársela a otro país. Me río, porque sé que lo dice medio en broma y medio en serio. —Eres un idiota. —Y tú estás sonriendo —dice con más seriedad, como si se sintiera orgulloso de sí mismo—. Misión cumplida. La sonrisa se me escapa del todo, es inevitable. —No sé cómo lo haces. Sigo sorprendiéndome de todo lo que Milo y yo tenemos. De lo bien que nos complementamos, lo satisfactorio que se siente vivir esto con él. —Es fácil, porque me importas más de lo que admito. La frase cae tan natural que se me corta la respiración. Hasta el momento no hemos confesado nuestros sentimientos, por más que sea obvia la manera en que nos sentimos. Decirle que lo amo es lo que quiero, y si no lo he hecho, es porque dentro de todo, temo que no funcione. Por las rencillas de mi papá. Por la posición de Aston entre Milo y yo. Él también lo nota y desvía la mirada, rascándose la nuca. —Bueno… lo que quiero decir es que quiero verte bien, nada más. Trago saliva, con el corazón latiendo más rápido de lo que debería y con unas ganas inmensas de decirle que a mí también me importa mucho. —Gracias por eso —susurro, con la voz apretada. —Siempre. —Sus ojos se suavizan—. Llámame cuando llegues a casa, ¿sí? Quiero saber que estás bien. —Está bien. Por un momento, ninguno dice nada, solo nos quedamos mirándonos a través de la pantalla, como si bastara con eso. —Buenas noches, Vi. —Buenas noches, Milo. Antes de cortar la llamada, me dedica una sonrisa tan genuina que me deja sin respiración. Me quedo con las ganas de continuar con nuestros planes. Siempre elegiré su compañía, así sea virtual, por encima de cualquier cosa.Milo PrinceUn mes después…Estoy de trabajo hasta la coronilla, el último mes ha sido demasiado demandante, pero la verdad es que lo prefiero. Con la excusa del proyecto y todo lo que se está haciendo, he podido mantener mi mente ocupada y además, olvidar los problemas que siguen llegando por culpa de los miembros de la junta de la corporación. Las justificaciones que les he dado con respecto al matrimonio no han sido una mentira, no he parado ni un segundo las últimas semanas, pero no parece que sean suficientes para quienes ahora mismo me ven como un medio para un fin.Apenas he hablado con mis padres y mi hermano solo llama para saber si sigo vivo, lo que agradezco de vez en cuando. No obstante, me siento solo. Nunca he sentido este desapego antes, jamás en mi familia ha existido este trecho que nos mantiene a cada uno por su lado, y tampoco ese juicio constante que se sigue poniendo sobre mí.No acaban de entender que quiero lograr lo que me propuse. Que me importa una mierda es
Viena MyersAbro la boca para decir algo, pero no me sale nada. El tema que concierne a mi madre no es uno en el que profundice muy a menudo, para no decir que nunca. Hace muchos años que entendí que dejamos de importarle y me prometí no dedicarle más pensamientos. Solo sé que vive en Los Ángeles porque eso me dijo Aston la última vez que me interesé por algo relacionado con ella.No sé nada de su vida.Al ver que no digo nada, Aston continúa. Veo la reticencia en su expresión. Él odia tener que contarme esto.—Me contactó para invitarme a su festejo de cumpleaños…La indignación me llena el pecho al escucharlo. Creo que maldigo en voz baja, no sé. Aston continúa como si yo no hubiera dicho nada.—Imagino que haya sido la excusa. No creo que haya pensado demasiado en las repercusiones de contactarme para algo tan banal y ridículo.—Le dijiste que se fuera a la mierda, ¿no?Me saben ácidas las palabras, no me siento cómoda maldiciendo u ofendiendo, pero hay casos en los que me dan gana
Viena MyersMe quedo aturdida mirando el móvil. Las manos me tiemblan y siento que la sangre me abandona todo el cuerpo. La poca calma que sentía acaba de desvanecerse sin poder hacer algo para evitarlo.—¿Vienes, Vi?La voz de Aston me saca del estupor y reacciono a tiempo de mostrarle una media sonrisa, acompañada de un asentimiento. Guardo el móvil en la cartera y respiro profundo antes de seguirlo. Cuando llego a su lado, mi hermano me está mirando con el ceño fruncido.—¿Pasa algo? ¿Recibiste una mala noticia?Niego con la cabeza demasiado rápido.—No, no, ¿por qué crees eso?La mirada de Aston se estrecha.—Te conozco más de lo que crees, Viena. ¿Qué sucede? Puedes mentirme y puedo fingir que no me doy cuenta, pero veo en tu cara que es algo serio y me lo estás ocultando.Intento ser fuerte. Intento contener esta sensación de derrota qué hace temblar mis rodillas. Sin embargo, no puedo más. En cuanto Aston abre los brazos, me cuelo entre ellos y dejo que el miedo se muestre.—Re
Viena Myers Poco más de un mes después... Limpio con disimulo la lágrima que se me escapa y corre rápido por mi mejilla. Tengo el pecho apretado y la respiración entrecortada. Siento como si me asfixiara, como si todo en mi interior quemara, pero aun así, tengo que sonreír. No es algo malo. Es perfecto. El manuscrito que tengo en mis manos lo es. No puedo decir nada más. Desde que empecé en la editorial no he parado de trabajar. Por mis manos han pasado ya alrededor de quince propuestas y ninguna me ha hecho sentir tanto como este que llevo conmigo mientras me traslado a New York. Quisiera decir que no me siento reflejada en todas esas letras, pero mentiría. Gran parte de esta emoción que me tiene jadeando nace de mis propias necesidades y traumas, sin embargo, leer esta historia me ha dado la oportunidad de llorar por alguien más, pero soltando todo lo que llevo dentro. ¿Tiene sentido? Quizás no para otros, pero cuando se trata de la lectura y mis sentimientos, soy muy visc
Viena MyersMarissa me mira con antipatía y disgusto.—¿Hermana menor? Hazlo mejor, Milo, no soy idiota.Milo resopla, sé que está a punto de perder el control. Yo debería evitar eso, pero la verdad es que no tengo ganas de hacerlo. Me apoyo en la puerta y le sonrío a ella. No me pasa por alto cómo Milo quiere sacarme a rastras de su auto y ponerme en mi lugar.—No te preocupes por mí, Mónica, yo soy solo la hermanita de su amigo, como te dijo.—No me llamo Mónica, idiota, ¿quién te crees que eres? —replica y hace el intento de venir hacia el auto.Que explote contra mí no me sorprende, me quedo en la misma posición para demostrar que no le tengo miedo. No obstante, la reacción de Milo es la que me deja confusa.Él la detiene, le agarra del brazo con mirada feroz.—Marissa, te hablé claro. Te dije que es la hermana de mi mejor amigo, y debo llevarla con él —proclama con rabia fastidiosa—. No es de tu incumbencia a quién subo a mi auto o no, tampoco te debo explicaciones. Vine aquí para
Viena MyersNo sé qué esperaba al entrar en su espacio personal, pero debí prepararme para el golpe que siento en todo mi cuerpo al sentarme en su auto.Todo huelo a Milo, a esa mezcla cítrica y amaderada que tanto me empeñé en buscar hace años para saber qué perfume usaba. Y si solo se tratara del olor, pudiera ser capaz de respirar con normalidad después de unos segundos, pero la verdad es que va más allá.Es él, todo de él.Años han pasado desde que estuvimos tan cerca. Años desde que me sonrió, me abrazó con cariño y amor, me miró como si el mundo girara a mi alrededor. Años que ahora se vuelven un instante a su lado, y que borran de un plumazo todo eso que todavía guardaba en mi mente con añoranza.El resentimiento en él es palpable. Por más que diga que no hay nada entre los dos, queda claro que sí queda mucho. Solo que ahora es un sentimiento diferente.Milo enciende el auto sin mirarme después de hacer un gesto de fastidio y se pone en movimiento con un acelerón que pega mi es
Último capítulo