El silencio de la recámara era denso, espeso, y los había acompañado de regreso a la mansión, solo interrumpido por una corta charla en la cena, aunque esta estuvo más que nada dirigida a los padres de Pilar, quienes con agrado le contaron que Mateo y Elizabeth habían estado en la tarde, visitando a Caleb, si bien Ares no se veía molesto, había algo en el interior de Pilar que le decía que el magnate estaba más que molesto, incluso una vez que se cubrieron con las finas sábanas, y las manos de