Mundo ficciónIniciar sesiónMarcada por un vampiro y condenada al rechazo, Gema vaga sin rumbo, convertida en la amenaza que nadie quiere cerca. Su exilio parece eterno… hasta que llega al territorio de la manada Sangre Carmesí, una ciudad donde la oscuridad gobierna y nada es lo que parece. Allí, entre cazadores, cambiaformas y vampiros, Gema deberá luchar para quedarse… enfrentándose no solo a criaturas oscuras, sino también a un cazador que la odia tanto como la necesita.
Leer másBELEste hombre lobo va a volverme loca. Su cuerpo es espectacular…Es musculoso y fuerte. Sus hombros anchos caen en un triángulo perfecto hacia su cintura estrecha, y siento un calor que me sube por el pecho, atravesando cada fibra de mi cuerpo. Dios… quiero tocarlo, recorrer cada centímetro de su piel con la lengua, sentirlo dentro de mí…—Podemos hacerlo ahora… —susurra, con la voz ronca, clavando sus ojos en los mios mientras me presiona aún más con sus caderas.j*der, qué dura está…—Sí… —susurro, apenas un hilo de voz.Pero basta con eso. Kain se abalanza sobre mí y sus labios se estrellan contra los míos en un beso brutal, como un tren de mercancías descarrilado, arrollador, intenso, que me deja sin aire y me hace temblar hasta la médula.Su beso es tan intenso, tan demandante, que siento cómo me duelen las comisuras de los labios… y, aun así, me encanta. Gimo contra su boca, y eso solo lo enciende más: sus manos me aprietan el trasero con fuerza, dejándome sin aliento, antes de
Kain—¡Has despertado! —exclama, con la voz cargada de alivio.Mi madre y mi hermana la saludan con una sonrisa que lo dice todo… y, sin necesidad de palabras, se retiran casi de inmediato, dejándonos espacio. Antes de salir, eso sí, me lanzan un par de miradas cargadas de intención que no me pasan desapercibidas.Bel se lanza hacia mí con la misma energía con la que ellas antes lo hicieron, casi chocando contra mi cuerpo, y me clava sus ojos negros en los míos. Por un instante aparto la mirada, atrapado entre el vértigo y la tensión que provoca su cercanía. Pero no puedo mantenerme distante por mucho tiempo; vuelvo a mirarla, directo a esos ojos profundos, oscuros… pozos sin fondo que me atraen de una manera que no puedo ni quiero explicar.Ella suelta una risa burlona, juguetona, y poco a poco se endereza. Finalmente, se sienta a mi lado en la cama, con esa mezcla de desafío y complicidad que me hace latir el corazón con fuerza.—Hembra…—Hola, Kain…¿Cómo te encuentras?.—Bel me mira
KainEl aire entra en mis pulmones a golpes, áspero, como si aún llevara dentro el olor a sangre y tierra húmeda. Me cuesta abrir los ojos; pesan, arden… pero cuando lo consigo, todo es confuso, sombras y luz difusa que no logro reconocer. Un gruñido bajo escapa de mi garganta al intentar moverme, y el dolor estalla en cada músculo.Sigo vivo, contra todo pronóstico. —¡Kain!—gritan casi al unísono mi madre y mi hermana.Se abalanzan sobre mí sin contenerse, sus manos recorren mi rostro, mis brazos, mis hombros con urgencia, como si necesitaran comprobar, por sí mismas, que sigo entero… que sigo vivo.Me remuevo con dificultad y, tras reunir fuerzas, logro incorporarme un poco en la cama. Todo me duele. Aun así, les dedico una sonrisa débil, apenas un gesto… pero es suficiente.El suspiro que sueltan me golpea casi con la misma intensidad que el dolor; lo siento vibrar contra mi pecho desnudo. Y entonces empiezan a llorar. No es tristeza… es alivio puro, desbordado.—¿Qué ocurrió? —pr
GEMA—Traigo noticias… —dice Carlisle nada más cruzar la puerta, con el rostro serio.—¿Qué pasa, maestro? —pregunta Leonardo, girándose hacia él de inmediato, con la preocupación marcada en sus ojos.—Darius ha muerto… —la voz de Carlisle suena grave, pesada.—¿Cómo… quién? —digo, un nudo formándose en la garganta, la inquietud creciendo.—Parece que estaba peleando con alguien… o eso creen los cazadores —Carlisle hace una pausa, buscando las palabras correctas—. Y después… se inmola con su magia.—¿Se suicidó? —pregunto, incrédula.—Sí, eso creen… —asiente Carlisle lentamente, evitando mirarnos demasiado tiempo.—¿Y encontraron algún otro cuerpo? ¿La persona con la que estaba luchando? —pregunta Leonardo, con el ceño fruncido.—No —responde Carlisle—. Escapó de la explosión por los pelos. No se hallaron restos de nadie más que no sea Darius.—¿Quién era esa persona? —mi voz baja, cargada de tensión.—Los rastreadores hombre lobo solo dicen que era un vampiro… —su respuesta suena insu





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