LEONARDO
Darius suspira, exageradamente, como si todo aquello fuera una molestia menor.
—He de admitir que mis planes iniciales eran mucho mejores —dice al fin—. Pero esa lobita metió las narices donde no debía, y todo se cumplicó...—Sonríe de lado—. Necesito estar preparado, necesito poder.
No entiendo del todo lo que acaba de decir, pero noto cómo Carlisle se queda pensativo, como si una pieza encajara de repente en su mente.
—¿Por qué te aliaste con los vampiros? —pregunta—. Creía que los o