Gema
Lo primero que se me ocurre, con toda la ironía que consigo reunir, es soltar:
—Oh, vaya… pero si es Brillitos. Qué gusto verte.
Él me observa con una mirada dura, casi cortante, mientras su mano se cierra alrededor de mi cuello y su imponente cuerpo me inmoviliza por completo. Mi parte loba se agita en mi interior ante su contacto. Puede sentir su calor.
—Uy, imagino que por tu comportamiento tan…’repentino’, no has venido a pasar la noche conmigo, Brillitos.
—No me llames así… —responde,