Mundo ficciónIniciar sesiónLena Falcón lo tenía todo: dinero, poder y un esposo que la adoraba. Pero una noche encuentra un cabello rojizo en el saco de su marido. Dimitri, su esposo ruso, no solo la engañó con su empleada: la embarazó. Ahora Lena enfrenta un divorcio sucio. Él quiere quitarle la mitad de todo, incluso adueñarse de otros negocios. Sumado a eso está frustrada porque no puede quedar embarazada. Lena toma una decisión desesperada. Le pide ayuda a su mejor amigo de la infancia, el hombre al que Dimitri más odía: Alán Montoya. Alán es mujeriego, no cree en el amor ni en los compromisos. Pero cuando Lena le pide lo imposible, se rehusa pero al final no puedo decirle que no. ¿Qué puede salir mal cuando un pacto se convierte en una obsesión?
Leer más—No llames a una ambulancia —dijo Alán, con la voz aún agitada. Sacó el teléfono y marcó un número. —Voy a llamar a un médico de confianza. Llegará en media hora.Lena asintió. No quería explicaciones. No quería responder preguntas de la policía.El doctor llegó cuarenta minutos después. Revisó a Dimitri, sentado en el sofá, con secuelas de aturdimiento pero consciente. Le vendó la cabeza, le tomó la presión y dijo que no había fractura, solo una conmoción leve.—Necesita reposo —sentenció—. Si vuelven los mareos o el dolor persiste, llévenlo a un hospital.Alán pagó en efectivo. El doctor se fue sin hacer más preguntas.Alán y Lena se quedaron solos en la sala. Dimitri respiraba con dificultad desde el sillón.—¡Entréguenme mi teléfono! —exigió de mala gana.—¿Estás ciego? Está justo a tu lado —Alán le indicó con el dedo índice el móvil encima de la mesa de vidrio.Después miró a Lena. Una de esas miradas que transmiten: estamos en problemas.Veinte minutos después tocaron a la resid
—Alán no importa —Lena le tomó el brazo. No quería crear problemas, solo necesitaba un apoyo en medio de tanta impotencia y dolor.Dimitri frunció el ceño. Ver la cercanía, el modo en el que Lena lo “detenía” con tanta delicadeza le hacía hervir la sangre.—Lárgate de mi casa —alzó la vista en dirección al amiguito de su esposa.Él ni siquiera se inmutó.—Aquí el único que se va a ir eres tú. Esta es mi casa y no quiero que vuelvas.—Esto también me pertenece a mí, Lena.—Me enferma tenerte cerca.—Entonces lárgate tú. Porque yo no me iré de esta casa. Y pondré al tanto a la policía de tus agresiones.—Tú…—Me defendí de una loca psicótica. Y no importa lo que hagas, no firmaré ese acuerdo. Si quieres seguir con el divorcio, me darás lo que es mío.—¡Nada es tuyo! ¿Se te olvidó con el dinero de quién invertiste? ¿Se borró de tu cabeza todas las pérdidas que me hiciste tener? Y ahora quieres llevarte tu supuesto éxito y disfrutarlo con tu secretaria. —Se le cerró la garganta. Nunca hab
—Quiero que firmes el acuerdo de divorcio. No, no, no… te lo exijo —Lena le aventó el lapicero en la cara—. Estoy harta de tus evasivas. De que me ignores.—Te he dicho que te calmes. En este matrimonio hay muchas cosas en juego. La empresa, propiedades… yo no voy a firmar ese documento que solo te beneficia a ti.—¿Pero si preferiste verme la cara de idiota y meterte con tu empleada? —Lena tomó la almohada del sofá y se la arrojó con fuerza en el rostro—. ¿Esa mujer lleva un año en el trabajo o menos?Dimitri la atrapó en el aire. Hundió sus dedos en la tela y después la tiró al suelo.—¡Me tienes harta, maldita sea! —alzó la voz. La vena de su frente se marcó.Lena vio la máscara de autocontrol resquebrajarse. Ese era el Dimitri enojado.—¿Y tú a mí no? Te crees el muy hombre y no tienes los huevos para decirme que estás con otra.—¡Te he dicho que te calles!—No me voy a callar. Tú no me mandas. ¡Maldito infeliz!Las fosas nasales de Dimitri se ensancharon, posó ambas manos en los
Lena apretó los puños dentro de la patrulla. Dimitri era un desvergonzado hijo de puta.La había interceptado antes de que se la llevaran.—Quitaré cualquier cargo, evitaré que te lleven siempre y cuando te tranquilices.—Vete a la mierda —le gritó dispuesta a ahora sí sacarle el ojo.—Suerte con la prensa —le susurró Dimitri.El protocolo dictaba que tenían que esposarla. Ella usó su última carta, ofrecerle dinero al oficial con tal de salir bien librada.—¿Sabe que eso amerita otra acusación?Lena Falcón bufó. Su dignidad fue usada para fregar el suelo.Ya en la patrulla le pidió a la agente hacer otra llamada, mínimo mandar un mensaje de texto.—Soy una persona… un tanto pública y esto puede afectar más de lo que imagina. ¿Puede dejarme hacer otra llamada?Ahora intentaría llamar a Alfonso.Un timbrazo, dos. Directo al buzón.Lena no le quedó de otra que mandarle un mensaje, le dijo sin mucho detalle que iba a la estación de policía por un problema de agresión.Le dio la dirección





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