Mundo de ficçãoIniciar sessãoLena Falcón lo tenía todo: dinero, poder y un esposo que la adoraba. Pero una noche encuentra un cabello rojizo en el saco de su marido. Dimitri, su esposo ruso, no solo la engañó con su empleada: la embarazó. Ahora Lena enfrenta un divorcio sucio. Él quiere quitarle la mitad de todo, incluso adueñarse de otros negocios. Sumado a eso está frustrada porque no puede quedar embarazada. Lena toma una decisión desesperada. Le pide ayuda a su mejor amigo de la infancia, el hombre al que Dimitri más odía: Alán Montoya. Alán es mujeriego, no cree en el amor ni en los compromisos. Pero cuando Lena le pide lo imposible, se rehusa pero al final no puedo decirle que no. ¿Qué puede salir mal cuando un pacto se convierte en una obsesión?
Ler mais¡Hola a todos! Les doy mil gracias de corazón a todas las personas que han llegado hasta aquí! Alán y Lena han llegado a su final feliz (◕ᴗ◕✿) Ahora les tengo este esperado anuncio sobre el lanzamiento de mi nueva novela: "Divorciada del CEO mujeriego". Les dejo a continuación la sinopsis oficial. Las invito con mucho cariño a buscar la historia directamente en mi perfil para iniciar su lectura; eso sí, ¡les advierto que preparen una buena caja de pañuelos desechables antes de iniciar con su lectura! Sinopsis: Gael Briggs le rompió el corazón a Rebeca Urdiales cuando su hija tenía apenas un año. Rebeca lo descubrió en la cama con otra mujer. Aunque él suplicó perdón durante doce meses enteros, ella jamás perdonó su traición. Años después del divorcio, Gael sigue presente en la vida de su hija, pero bajo sus propias reglas. Es un CEO seductor y mujeriego que adora a la pequeña Regina, pero su estilo de vida siempre interfiere. Cumpleaños compartidos con sabor a discul
—¿Entonces el problema es que yo no te he dado nietos? —Alfonso alzó la voz, un gesto de arrebato que rara vez se permitía delante de su padre.—No, no es solo eso —contestó Humberto con tono pausado—. ¿De verdad te enfada que haya elegido a tu hermano?—No es eso —La vergüenza repentina logró que su atención se desviara directo hacia las puntas de sus zapatos—. Es una simple pregunta, nada más.—Ya lo dije, me gusta la imagen que transmite tu hermano. Al fin logró sentar cabeza, dejó de beber como un demente y tu madre ya no vive preocupada por si en una de esas salidas se contagia de una enfermedad venérea.—¿Me dices que para lograr pasar tus filtros solo me hacía falta casarme?—No lo entiendes, Alfonso —Humberto negó con la cabeza en un gesto de cansancio—. Esto no se trata únicamente de hijos o de matrimonio; esto se trata de madurar, de madurar de verdad.—¿Me dices que soy un inmaduro? Tengo casi treinta y cuatro años.—No quiero tener esta conversación, no estoy de humor. Ret
Dentro de la sala de juntas, el silencio se apoderó del espacio y todos pusieron atención al señor Humberto Montoya. A la hora de sugerirle que Paty saliera del lugar con el bebé para evitar distracciones, el hombre se negó de forma rotunda. —También es un Montoya —decretó mientras se aclaraba la garganta con fuerza y daba inicio a los temas importantes. Comenzó el discurso con tono pausado: agradeció a todos los que habían caminado a su lado a lo largo de esos años. Ver su sueño materializarse fue una de las experiencias más gratas que le pudo conceder la vida. Sin embargo, añadió que sus fuerzas, su paciencia y sobre todo su salud ya no eran las mismas de antes. Expuso que no podía seguir con el ritmo de estrés que exigía la compañía. Entonces anunció, no su renuncia definitiva, pero sí la decisión de tomarse un tiempo para priorizar su bienestar físico. Aclaró que ya no regresaría a ocupar su puesto actual, sino uno más modesto y con menor carga laboral. Alfonso se acomodó el
Después de la pequeña celebración, marcada por esa facilidad con la que el bebé cambiaba de brazos y sonreía a todos los presentes, la hora de volver a casa llegó.Al regresar a la habitación, Lena se encontró de nuevo con la prueba de embarazo acomodada sobre el tocador; lo recomendable era utilizar la primera orina del día.Exhaló con pesadez, abrumada por la duda.Alán la sujetó con firmeza por los hombros y le dijo con voz pausada que no había por qué angustiarse.—Incluso a él le va a gustar tener un hermanito —añadió en un murmullo; o tal vez no, pero no podía decirle eso en un momento de tanto nerviosismo.Lena sonrió con un poco de paz y ambos se acostaron en la cama, mientras el bebé dormía plácidamente en la cuna a pocos metros.A las cinco de la mañana, ella se levantó de golpe. Puso los pies sobre sus sandalias y avanzó a pasos silenciosos hacia el baño con la caja de la prueba en la mano.Las instrucciones del test de embarazo las tenía memorizadas tras tantos intentos en
Último capítulo