Alfonso leía con cierta burla las invitaciones blancas de la fiesta de compromiso de su hermano.
—La caligrafía es elegante —apretó los labios en cuanto sus ojos se posaron en el nombre de Alán seguido por el de Lena. Unió ambas tarjetas como si fueran una sola pieza, las levantó a la altura de sus ojos y las examinó con detenimiento, como si el contraste de los apellidos fuera un jeroglífico que debía descifrar.
Alán no necesitó enfocar la vista en Alfonso. Le bastó con escuchar su estúpido to