Los dedos de Lena tecleaban rápido. Sus ojos fijos en la pantalla del ordenador.
Al parecer, los primeros documentos que le dio Alán eran una especie de prueba. Pasó sin mucho esfuerzo. Lo verdaderamente interesante estaba a punto de comenzar.
“Enzo De Santis”, leyó el nombre en el documento.
“De Santis”, se repitió. Un apellido bastante peculiar. ¿Era italiano?
«¿Cómo de mafia italiana?», pensó. Al instante negó con la cabeza. Que fuera un apellido italiano no lo convertía automáticamente