Capítulo 8

Volvió a tocar el timbre de la casa. Pasaron unos minutos y no hubo respuesta.

De nuevo, desbloqueó la pantalla del móvil. Ahora iba a llamar al teléfono particular de la casa.

Los quince minutos se volvieron treinta.

Estaba a punto de marcarle a la madre de Lena, a la policía, a quien sea que pudiera ayudar a dar con su paradero.

Entonces la puerta se abrió.

El ceño fruncido de Alán se alisó al ver ese cabello castaño y esos ojos claros, inconfundibles.

—Lena… —el peso de los hombros se le ali
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