Lena comenzó a moverse de un lado a otro. Balbuceaba palabras sin sentido de vez en cuando.
Alán se acercó a comprobar que todo estuviera bien. Que su respiración no fuera agitada. Que no se atragantara con su saliva.
Sabía que estaba siendo irracional, pero no podía evitarlo.
Los ronquidos bajos le indicaron que seguía dormida y que todo estaba bien.
Pasó una hora. Decidió comer un poco y ver qué tal estaba su comida.
Hora y media. Dos horas. Tres.
Alán bostezó. Se suponía que, después de tant