Alán condujo con una mano en el volante y la otra apoyada en el apoyabrazos central. De reojo, miró a Lena. Ella iba con la vista fija en la carretera, los dedos entrelazados sobre el regazo.
—Oye —dijo él, con una sonrisa pícara—. Al fin se cumplió el día. Me bañé en agua fría para no eyacular.
Lena no se rió. Solo giró la cabeza hacia la ventanilla y apretó los labios. Un pequeño gesto de disgusto le arrugó la nariz.
—Alán —dijo ella, con un suspiro cansado—. Si dices otra vez la palabra "eya