Alfonso, al no encontrar tiempo y, según sus propias palabras, no tener buen gusto para organizar fiestas de compromiso, le pidió a su novia Patricia que le ayudara con la organización.
La mujer siguió las indicaciones al pie de la letra: nada demasiado extravagante, ni muy costoso; que se viera elegante, pero sin que pareciera que tiraban el dinero.
Mientras terminó de leer la lista de invitados y confirmó el menú con el servicio de catering, volteó a ver a su novio. Tenía una pregunta en la p