—Alán no importa —Lena le tomó el brazo. No quería crear problemas, solo necesitaba un apoyo en medio de tanta impotencia y dolor.
Dimitri frunció el ceño. Ver la cercanía, el modo en el que Lena lo “detenía” con tanta delicadeza le hacía hervir la sangre.
—Lárgate de mi casa —alzó la vista en dirección al amiguito de su esposa.
Él ni siquiera se inmutó.
—Aquí el único que se va a ir eres tú. Esta es mi casa y no quiero que vuelvas.
—Esto también me pertenece a mí, Lena.
—Me enferma tenerte cerca.
—Entonces lárgate tú. Porque yo no me iré de esta casa. Y pondré al tanto a la policía de tus agresiones.
—Tú…
—Me defendí de una loca psicótica. Y no importa lo que hagas, no firmaré ese acuerdo. Si quieres seguir con el divorcio, me darás lo que es mío.
—¡Nada es tuyo! ¿Se te olvidó con el dinero de quién invertiste? ¿Se borró de tu cabeza todas las pérdidas que me hiciste tener? Y ahora quieres llevarte tu supuesto éxito y disfrutarlo con tu secretaria. —Se le cerró la garganta. Nunca había estado tan furiosa en su vida.
—No es supuesto. Es mío y merezco diez veces más por haberte soportado tanto tiempo.
La respiración de Alán se tornó agitada, impaciente. Lo veía como si quisiera arrancarle la cabeza con los dientes.
—Llévate tus cosas. Si tienes el descaro de volver, encontrarás cenizas —sentenció Lena. Las náuseas la hicieron cubrirse la boca.
Alán posó la mano en la cintura de Lena, con la intención de que no perdiera el equilibrio.
—Respira, Lena.
Los ojos de Dimitri parecían un par de cráteres llenos de lava.
—¿Esto debe ser un maldito sueño hecho realidad para ti, no, Alán? —en cada sílaba apretaba más los dientes.
—Claro, calvo de m****a —Alán esbozó una sonrisa irónica—, porque siempre he deseado ver cómo un poco hombre le parte el corazón a mi amiga y le quiere robar su patrimonio.
—¿Amiga? Sí, claro, ¿crees que no sé tus intenciones con mi esposa?
—¿Tu esposa? —ahora su sonrisa fue amarga—. De verdad eres tan miserable para llamarla así después de todo.
—No es muy diferente a lo que tú le haces a las mujeres con las que sales —resopló de un modo burlón—. Jamás había tenido una actitud mala, nunca le faltó sexo, ni cariñosos empalagosos. Por cuatro años he sido el esposo perfecto.
El impacto sonó seco. Alán le atinó un golpe directo en la boca a Dimitri.
Lena cerró los ojos. Al abrirlos, dio un brinco en su lugar.
Dimitri le lanzó dos puñetazos a Alán. Atinó uno.
—¡Basta ya! —el sonido salió, no sin antes desgarrarle la garganta. Las manos le temblaron y el cerebro dejó de procesar pensamientos coherentes.
Dimitri era unos centímetros más alto, de complexión ancha, mientras que Alán era grande, sí, pero más atlético.
Sin embargo, contra todo pronóstico, Alán esquivó los siguientes golpes de Dimitri y, cuando menos se lo esperaba, le atinó un buen golpe en la sien.
Dimitri trastabilló. Sus ojos se nublaron por un instante. Intentó mantenerse en pie, pero las piernas le flaquearon. Cayó de rodillas, luego de costado. La cabeza le daba vueltas.
No estaba inconsciente. Parpadeaba, confundido, con la mirada perdida en el techo. Intentó hablar, pero solo salió un gemido ronco.
—Alán… tú lo —Lena se llevó una mano a la boca. No quería reconocerlo, pero sentía algo parecido al vértigo.
—Está vivo, solo aturdido —le aseguró Alán, agitado.
Lena soltó un pesado suspiro. La opresión en el pecho se aflojó.
Alán se limpió la sangre de la boca.
Enseguida, Lena le tocó la barbilla. El tacto fue suave.
—Esto está muy mal —ella contuvo el aliento.
—Ese idiota cruzó la línea. La próxima vez que quiera andar de hocicón… no me voy a contener —Alán arrugó la nariz entre cada palabra. Era un hecho que el maldito le hinchó la cara.
—Tenemos que llamar a una ambulancia —Lena caminó hacia Dimitri, que seguía en el suelo, parpadeando lento. Le puso atención a la manera en la que su pecho subía y bajaba.
—Te dije que está vivo —le repitió Alán. Tenía claro que él también necesitaría ir al hospital.
Lena vio las marcas rojizas en la cara de Dimitri. Él la miró sin enfocar bien, con los ojos vidriosos. Intentó decir algo, pero solo movió los labios sin emitir sonido.
Luego de unos largos minutos, Lena le dio una patada en la pierna izquierda.
Dimitri sufrió un espasmo. Un gemido ahogado escapó de su garganta.
Todo rastro de remordimiento se esfumó del rostro de Lena.