Mundo ficciónIniciar sesiónSamantha Smith juró no volver jamás al pueblo. Hace ocho años huyó con el corazón hecho pedazos, después de ver al amor de su vida en brazos de otra. Ese hombre que le prometió amor eterno la traicionó y destrozó sus deseos de amar de nuevo. Decide tomarse unas vacaciones. Pero el destino la lleva de regreso a ese mismo lugar que la vio crecer... y romperse. Acompañada por sus mejores amigas, regresa al pueblo solo para toparse con el innombrable: Cristian Johnson. Todo lo que creía enterrado, cada sentimiento que pensó haber superado, resurge en su corazón. Ella está decidida a no caer otra vez en sus encantos, pero Cristian no piensa rendirse. Quiere reconquistarla, dejar atrás el vacío que su partida le dejó, un vacío tan profundo que casi lo consume por completo. Lo que ninguno de los dos sabe es que su separación no fue un simple engaño. Fue un plan, un engaño realizado por alguien muy cercano a ellos, un ser perverso, despiadado, capaz de hacer cualquier cosa con tal de mantenerlos separados. Alguien que desea a Samantha solo para él y no está dispuesto a verla en brazos de otro, aunque eso implique perder a su propia familia. ¿Lograrán descubrir la verdad antes de que sea demasiado tarde? ¿Podrán enfrentar juntos esta amenaza, o el pasado volverá a destruir lo que sienten?
Leer másCristian. Un mes después……—Cariño, entonces ¿cómo vas a querer que sea nuestra casa de verano? —me pregunta mientras termina de vestirse frente al espejo, concentrada, pero con esa sonrisa que me encanta.—Como tú quieras, mi vida. Amplia, luminosa, con vista hacia el mar, y preferiblemente con una habitación donde no me dejes dormir nunca. No me molesta nada mientras seas feliz —le respondo acercándome por detrás, rodeándola con mis brazos y apoyando el mentón en su hombro.Ella suelta una risa burlona.—Qué romántico. Pero no vale —dice girándose para mirarme—. Hoy iremos a la constructora y no pienso decidirlo todo sola. Quiero que sea perfecta para toda la familia.—Todo es perfecto mientras ustedes estén conmigo —le digo sin pensarlo, besándola suavemente—. Tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida, y nuestros hijos también.Sus ojos se suavizan, pero aun así frunce un poco los labios.—Eso es muy lindo, pero no te salvas —me dice señalándome con el dedo—. Tú también tienes
Cristian Un año después…...—Madre, por favor, ¿podrías calmarte un poco? —le digo mientras la observo caminar de un lado a otro por la sala como si el suelo fuera a explotar—. Me estás poniendo nervioso… y eso que el que debería estar así soy yo.—¿Calmarme? —se detiene en seco y me mira como si acabara de decir la estupidez más grande del mundo—. ¿Tú sabes lo que es esto, Cristian? Falta poco, muy poco, y eso me tiene con los nervios de punta. No pensé que después de tanto tiempo mi vida daría un giro así. Así que no, hijo, no puedo calmarme.Se deja caer en el sofá y se tapa la cara con las manos. Yo no puedo evitar soltar una risa.—Definitivamente te desconozco —digo sentándome a su lado—. Jamás te había visto así. ¿Desde cuándo te pones nerviosa por algo? Tú siempre has sido la mujer más fuerte que conozco.—No confundas fortaleza con falta de emociones —responde sin mirarme—. Porque ahora mismo tengo demasiadas.La rodeo con un brazo y la acerco a mí.—Pero son emociones buen
Sofia.Durante unos segundos eternos nadie dice nada. El silencio vuelve a apretar, hasta que de pronto Ana es la primera en reaccionar.—¡¿Qué?! —exclama llevándose ambas manos al pecho—. ¡Pero esto es maravilloso!El murmullo estalla de golpe. Las sonrisas se multiplican, los comentarios se cruzan por todos lados. Rebeca se acerca casi corriendo y me abraza con fuerza.—¡Por fin! Ya era hora, Sofía. Se les notaba desde lejos. Sabia que era el ese hombre con quien estabas saliendo. —dice entre risas.Sam aplaude emocionada, incluso lanza un pequeño grito ahogado. Y eso me alivia, saber que ella acepta la relación con su padre.—Yo lo sabía —dice con una sonrisa enorme—. ¡Se ven tan felices juntos!Uno a uno comienza a felicitarnos. Abrazos, palmadas en la espalda, bromas sobre bodas, vestidos, fechas. Gregorio recibe todo con una sonrisa orgullosa, sin soltarme ni un segundo, como si temiera que aún pudiera salir corriendo.Y yo empiezo a relajarme… un poco. Hasta que los veo de nuev
Sofia.Suspiro varias veces, largas, profundas, tratando de controlar la molestia que me quema por dentro. Siento el pecho apretado, la garganta cerrada. Necesito calmarme antes de que alguien lo note, antes de que haga o diga algo de lo que no pueda arrepentirme.—Querida, ¿qué pasa? Te veo pálida. ¿Estás bien? —pregunta Ana, observándome con atención.La miro y fuerzo una sonrisa que no llega a mis ojos. Asiento despacio.—Tengo que ir al baño. Permiso.No espero respuesta. Camino rápido hacia la casa, como si el aire del jardín me estuviera asfixiando. Apenas entro, suelto otro suspiro, aún más pesado. Me apoyo un segundo en la pared, cierro los ojos y me obligo a recomponerme.No hagas una escena, Sofía. No aquí. No ahora.Subo las escaleras con pasos lentos pero firmes. Por dentro soy un desastre: orgullo herido, celos absurdos, miedo… y rabia. Mucha rabia. Cada escalón es una lucha entre mi dignidad y esas ganas terribles de reclamarle todo… o besarlo hasta olvidar por qué estoy
Sofia.—Estoy nerviosa —susurro cerca de sus labios, mientras él me acaricia la espalda con lentitud, como si quisiera borrar cada una de mis inseguridades con el simple roce de su mano.—No tienes que estarlo —dice con seguridad—. Todo va a salir bien. Y, en caso de que no acepten lo nuestro, no nos afectará en nada. Somos adultos y ellos tienen que entenderlo.Empieza a besarme el cuello y un jadeo se me escapa sin permiso. Mi cuerpo siempre lo traiciona todo.—Tienes razón… —murmuro—. Siempre la tienes. Aunque me dolerá mucho si mi hijo no acepta lo nuestro —añado con tristeza, sintiendo cómo ese miedo se instala en mi pecho.—Mírame —ordena con voz firme.Lo hago de inmediato. Él me observa con ternura, como si pudiera ver exactamente todo lo que estoy pensando, y me acaricia las mejillas.—Relájate. Todo saldrá bien —dice con calma—. Pero tenemos que irnos ya, porque de lo contrario te desnudaré en este mismo momento y no te dejaré salir en toda la noche.Me besa con pasión, dejá
Sofia¡Oh, por Dios!Dejé que me besara… y en la casa de mi hijo.Miro a mi alrededor con nerviosismo, como si de pronto las paredes pudieran hablar o alguien fuera a aparecer de la nada. Mi corazón late con fuerza mientras mis ojos recorren cada rincón del patio. No hay nadie. Nadie nos vio. Suelto el aire que estaba conteniendo y suspiro aliviada.Sería vergonzoso que Sam presenciara una escena así. Peor aún, que mi hijo lo viera. Solo de imaginarlo me dan escalofríos. Me siento mal por ocultar algo como esto, por guardar un secreto tan grande dentro de mí, pero… no sé si sea prudente lo que hacemos. No sé si ellos lo aceptarían. Y esa duda me pesa más de lo que quiero admitir.Él cree que porque tuvimos intimidad en varias ocasiones ya me tendrá siempre. Y tal vez no esté tan equivocado, porque ahora mismo me muero porque me toque como lo hace cada vez que estamos juntos. Nunca podré negar que han sido encuentros maravillosos, intensos, llenos de algo que creí perdido.Y esas citas
Último capítulo