Sofia.
Suspiro varias veces, largas, profundas, tratando de controlar la molestia que me quema por dentro. Siento el pecho apretado, la garganta cerrada. Necesito calmarme antes de que alguien lo note, antes de que haga o diga algo de lo que no pueda arrepentirme.
—Querida, ¿qué pasa? Te veo pálida. ¿Estás bien? —pregunta Ana, observándome con atención.
La miro y fuerzo una sonrisa que no llega a mis ojos. Asiento despacio.
—Tengo que ir al baño. Permiso.
No espero respuesta. Camino rápido haci