Mundo ficciónIniciar sesiónUn nuevo jefe fue trasladado al edificio de Dayana. El primer día, ella lo reconoció como alguien que conoció cuando era joven y para su mala suerte, él tenía rencor contra ella. La torturó en el trabajo hasta que ya no lo soportó y decidió irse sin dar marcha atrás. Tuvo muchos problemas después de quedarse sin trabajo; aún así se negó a aceptar su ayuda. En esta vida, no hay espacio en mi corazón para preocuparme por ti...
Leer másLlegar tarde al trabajo no era algo que acostumbraba a hacer; pero esa mañana, por alguna razón, el bus no pasó en la parada habitual. Ese día era un día importante, ya que el jefe se trasladaba para su oficina y sería presentado a todo el grupo.
Por lo general, no le gustaba tomar el ascensor; sin embargo, al no haber más personas por subir, hizo una dolorosa excepción y lo tomó. Cuando las puertas se abrieron en el quinto piso, su cuerpo se congeló por un momento.
Había un grupo de personas reunidas cerca. A la mayoría los conocía, a ellos no les prestó atención. Fue la cara nueva la que le provocó un escalofrío. El hombre era alto, de hombros anchos y brazos grandes. El pecho estaba inflado, siendo marcado por la camisa de tela formal y la corbata que colgaba. Su cabeza sobresalía un poco de todas las demás. Aunque no pudo verle la parte inferior, supuso que también estaba en forma igual que arriba.
Todos la miraron de regreso, con caras sorprendidas, solamente el nuevo jefe mantuvo su cara seria - ¡Dayana! - una compañera interrumpió el silencio - te estábamos esperando.
Forzó una sonrisa - lo siento, llegué tarde.
-¿Tarde? - Carolina se acercó y la tomó del brazo para unirla al grupo antes de soltarla - empezamos hace cinco minutos nada más - los otros abrieron paso; así, pudo obtener una visión completa del hombre - él es nuestro nuevo jefe, encargado de las relaciones públicas y exteriores. El gerente Jaziel.
A pesar de la suave sonrisa que ella mostró por cortesía, el hombre se mantuvo rígido - buenos días, bienvenido - extendió la mano con seguridad.
No obstante, Jaziel no respondió a su amabilidad - gracias - pronunció sin alzar la mano siquiera. Dayana suspiró, siendo ignorada. Bajó el brazo relajando el rostro para que no le doliera por la sonrisa.
-Muy bien - un viejo aplaudió - ya estamos todos. Empecemos a trabajar.
La caluroso bienvenida terminó, la gente se dispersó; pero a su lado se quedaron tres personas, sus compañeros más cercanos. Carolina se volvió a colgar de su brazo - es un poco serio, ¿verdad? - susurró - es muy extraño. No estaba así antes de que llegaras.
Su gesto era amable; aunque realmente no estaba de buen humor - ¿de verdad?
-Sí, todo cambió justo cuando saliste del ascensor - otro compañero habló. Su cabello era castaño, notándose a simple vista que estaba decolorado.
-¿Ustedes ya se conocían? - el último preguntó.
Dayana dudó; pero aún respondió - no que yo recuerde.
-Bien - Carolina interrumpió - volvamos al trabajo antes de que el nuevo gerente se ponga de mal humor - dio unos pasos - ah - se detuvo - tú estarás bajo su autoridad directa. Buena suerte - agregó.
-No te desesperes - dijo el castaño. Los tres la dejaron sola.
Ante sus ojos estaba el pasillo que dirigía a las oficinas. Del lado derecho había una pared que dividía el pasillo con las mesas de descanso; mientras que al lado izquierdo, estaba una puerta de vidrio borroso que daba lugar a la cafetería, la cual era una pequeña cocina con todo lo necesario.
Dayana caminó a su cubículo. El lugar estaba iluminado por las ventanas del lado derecho. Los asientos de trabajo solo estaban separados por las tablas de madera que tenían los escritorios. Únicamente los jefes tenían su escritorio aparte; aunque no muy lejos. Se sentó tranquilamente y encendió la computadora. Su trabajo era hacer reportes. Completar algunos documentos y realizar diversas actividades. Básicamente, su labor, era hacer lo que se le pedía.
Después de completar algunos formularios, Jaziel se acercó y dijo - presenta pronto lo que tengas pendiente. Lo revisaré de inmediato - y se marchó a su esquina.
Dayana no tardo en imprimir los documentos y llevarlos - son algunos pendientes de ayer y aún me faltan los de hoy…
-¿Hasta ahora los presentas? - interrumpió - entrégame hoy el resto.
-Sí - acostumbrada, un poco, a las alzadas de voz, no le dio importancia; no obstante, de algún modo, él no le agradaba.
El tiempo pasó y el trabajo se acumuló. Un papel tras otro le fue encomendado hasta formar una gran pila sobre su escritorio. “Ah”. Suspiró mentalmente. “Estoy cansada”. La luz dejó de entrar por la ventana y lo único que alumbró el salón fue un bombillo tenue. “Ah”. Soltó otro suspiro. “La empresa realmente es tacaña”. Se quejó en la oscuridad.
-¿Por qué suspiras tanto? - una voz gruesa la asustó.
De inmediato giró - ¿ah? - la única persona que quedaba, aparte de ella, era Jaziel.
La poca luz ensombrecía su rostro, ocultando sus ojos para darles un color oscuro intenso - ¿cuánto te falta? - preguntó amablemente; mientras se apoyaba en el respaldo de la silla, inclinado hacia ella.
Dayana sintió su presencia demasiado cerca; así que se reclinó un poco - Solo uno. Enseguida lo entrego - urgió, preocupada.
-Déjalo - declaró sin rodeos, enderezándose.
-¿Cómo? - su corazón palpitó, temiendo ser despedida en el primer día de trabajo del nuevo gerente.
-Termina mañana. Ya no te molestes hoy.
Dayana dio un suspiro de alivio - disculpe por atrasarlo hasta esta hora. Mañana lo haré más rápido - ya que él estaba siendo amable, no le costaba responderle de la misma manera.
El gerente caminó hacia el pasillo. Se detuvo y formó una sonrisa genuina - Descuida. Entra más temprano mañana y no te atrases - aunque lo dijo con brillo en la cara, pronunció una orden innegable. Luego, se giró y se marchó al ascensor.
Dayana apretó la mano, “¡Descarado!”. Era un jefe terrible desde su primer día de traslado. Ella no tenía ningún rencor contra él; pero al contrario, él sí parecía querer tomar represalias contra ella. “Tendré compasión por ti porque soy buena. Además, porque me costó mucho conseguir este trabajo”. Se levantó y apagó la luz, para luego, ir a la puerta de las escaleras; la cual estaba al otro lado de la oficina.
Mientras bajaba, iba pensando. “Tanto que pase para conseguir un trabajo donde pagaran bien. Aunque no soy millonaria, me ha permitido tener muchas cosas. Como la habitación de mis instrumentos, la cual, no puedo perder y no puedo mostrar a nadie, para que nadie me los quite”.
Dayana negó, bajando la cabeza - no sé - estaba totalmente perdida. Por supuesto que no podía echarle la culpa a nadie.-¿Te sientes mal desde aquel día? - Ben. se inclinó para susurrarle más cerca.-No - ciertamente, sí se sentía mal desde ese día; pero aquello era sentimental. En cambio, de lo que hablaba era físico. Eran un cúmulo de malestares que no podía elegir uno para describirlo - es desde hace unos días.Ben. se recompuso - ¿le has dicho a alguien más?Dayana levantó la cara, inexpresiva - no - respondió, esperando que él entendiera su significado.-Entonces - pero él act
Después de escucharlo, Dayana se enojó aún más. Le soltó el brazo para luego empujarle la cara desde la mejilla - ¡Aléjate de mi, idiota! - luego, le colocó la mano en el cuello - yo no soy como ese chico al que te gusta intimidar. ¡Un cobarde como tú no me da miedo! - le gritó en la cara.-¡Yo no soy ningún cobarde! - rugió, sujetándole la muñeca y lanzando la mano lejos de su cuello - ¡yo no soy cobarde! - repitió. Los ojos rojos, abiertos grandemente. Movió las manos, trasladándolas hacia el cuello.Los pulgares tocaron la quijada de Dayana; mientes apretaban hasta el punto en que el aire se escapó. Intentó alejarlo; pero los brazos eran muy fuertes y su pecho estaba muy lejos para empujarlo. Se retorció - Ben&h
Un corto periodo de tiempo después, se reunieron en un restaurante cerca de la casa de Jacobo. Desde el cual, Dayana podía observar la calle y ver si ellos pasaban por ahí - ¿en qué estarás ocupada? - sentado frente a ella, Jaziel preguntó.Estiró el cuello para ver por los cristales - nada en específico.-¿Insististe en este lugar porque está cerca de la casa de ese niño?Dayana lo miró seria - yo no te insistí. Solo te dije que venía para acá y tu me seguiste.-No te estoy siguiendo, te dije que te acompañaría. Además, yo invito hoy.Los labios de Dayana se apretaron. Ciertamente, iba a
La mesa crujía. Rechinando más que la misma cama. Para Dayana era como si el mundo completo se estuviera moviendo. Jaziel aumentó la velocidad, junto con él se agitaba la madera vieja. Saliendo de su mente aturdida, Dayana fue consciente de que la mesa se aflojaba más cada vez - regresemos a la cama - habló con dificultad, cerca de su boca; pero él no le hizo caso. Yendo, a cambio, más rápido - aquí no… - insistió; mientras sus embestidas los llevaban a la perdición.La sensación se hizo mayor, haciendo que olvidara por un momento en dónde estaba. Hasta que, de repente, la mesa crujió con un movimiento violento. El alma de Dayana salió de su pecho. Por un momento creyó que caería. Asustada, dio un empujón. Haciendo que Jaziel retrocediera - ¡aquí no! - repitió,
Último capítulo