Samantha
¿Mi vida?
Maldita sea, ahora no puedo sacarme esa palabra de la mente. ¿Cómo se atreve a llamarme así? ¡Qué idiota! ¿Y por qué demonios me gustó que lo hiciera? No debería.
Me detesto por eso.
Suelto un suspiro, paso una mano por mi cabello y niego, intentando sacudirme esas ideas estúpidas. Pero no hay caso. La palabra mi vida rebota en mi cabeza como una canción pegajosa.
Un ruido me saca de mis pensamientos. Me enderezo, recordando de golpe que estaba intentando averiguar qué pasaba