Cristian.
Estoy llegando a mi casa cuando noto un vehículo estacionado frente a la entrada. ¿Qué demonios hace aquí? No necesito pensarlo dos veces. Ya sé quién es. Lo que me faltaba para completar el día.
Antes de que pueda reaccionar, Cristal aparece caminando hacia mí con una sonrisa exagerada, esa que parece más una mueca que otra cosa. Se lanza a abrazarme como si tuviera algún derecho sobre mí, y lo único que siento es fastidio.
—Hola, mi osito precioso, tengo rato esperándote —dice con su