Sofia.
Durante unos segundos eternos nadie dice nada. El silencio vuelve a apretar, hasta que de pronto Ana es la primera en reaccionar.
—¡¿Qué?! —exclama llevándose ambas manos al pecho—. ¡Pero esto es maravilloso!
El murmullo estalla de golpe. Las sonrisas se multiplican, los comentarios se cruzan por todos lados. Rebeca se acerca casi corriendo y me abraza con fuerza.
—¡Por fin! Ya era hora, Sofía. Se les notaba desde lejos. Sabia que era el ese hombre con quien estabas saliendo. —dice entre risas.
Sam aplaude emocionada, incluso lanza un pequeño grito ahogado. Y eso me alivia, saber que ella acepta la relación con su padre.
—Yo lo sabía —dice con una sonrisa enorme—. ¡Se ven tan felices juntos!
Uno a uno comienza a felicitarnos. Abrazos, palmadas en la espalda, bromas sobre bodas, vestidos, fechas. Gregorio recibe todo con una sonrisa orgullosa, sin soltarme ni un segundo, como si temiera que aún pudiera salir corriendo.
Y yo empiezo a relajarme… un poco. Hasta que los veo de nuev