Sofia.
Durante unos segundos eternos nadie dice nada. El silencio vuelve a apretar, hasta que de pronto Ana es la primera en reaccionar.
—¡¿Qué?! —exclama llevándose ambas manos al pecho—. ¡Pero esto es maravilloso!
El murmullo estalla de golpe. Las sonrisas se multiplican, los comentarios se cruzan por todos lados. Rebeca se acerca casi corriendo y me abraza con fuerza.
—¡Por fin! Ya era hora, Sofía. Se les notaba desde lejos. Sabia que era el ese hombre con quien estabas saliendo. —dice entre