Mundo de ficçãoIniciar sessão—¿Siempre seduces a tus viejos amigos del colegio en bares de mala muerte? —Solo a las que se fueron sin despedirse —respondió, su voz un ronroneo grave—. Y este lugar está lejos de ser de mala muerte, krasavitsa. Es mi lugar favorito para… negociar. —¿Y qué estás negociando esta noche? —Tu atención. Y tal vez un poco de tu tiempo. Estás aquí, en mi pueblo, en mi bar, bebiendo mi gin tonic. La pregunta es, ¿qué quieres a cambio, Nadia? ~ Nadia Vega tenía la vida perfecta: libertad, sexo sin ataduras y una brillante carrera como veterinaria. Hasta que el asesinato de la prometida de su hermano la obliga a volver a un mundo que creía haber dejado atrás. El principal sospechoso: Kilian Volkov, el mafioso más peligroso e irresistible de la región. Empujada por la lealtad a su hermano mayor, Nadia acepta un pacto suicida: infiltrarse en la cama de Kilian, arrancarle sus secretos y, finalmente, arrebatarle la vida... Pero nunca imaginó que el enemigo sería un depredador capaz de reconocerla como el único desafío que vale la pena dominar. En un juego erótico donde las mentiras se confunden con el deseo, la verdad sobre el crimen de Elena es más oscura de lo que Nadia imagina. Ahora, ella deberá elegir entre la venganza que le debe a su propia sangre o la obsesión placentera por el hombre que podría destruirla con un solo chasquido. Porque cuando el peligro es el afrodisíaco más potente, enamorarse del hombre equivocado es la única opción viable.
Ler maisNueva York... ¡Dios, cómo amo esta maldita y ruidosa ciudad!
Cada día era una nueva aventura en mi vida como veterinaria, fiestera y amante del sexo... Y, hablando de eso, esta noche no sería la excepción. Mi habitación entera olía a sexo, un aroma que me encendía todos los sentidos. Tenía a Mark, un tipo musculoso que conocí la semana pasada en una fiesta, debajo de mí, completamente a mi merced. Regalándome lo que más me gustaba; poder en la cama. —Dime quién es la que manda —le exigí, clavando mis uñas en sus pectorales mientras mis caderas chocaban contra las suyas con un ritmo salvaje. —Tú... Tú mandas, Nadia... ¡Siempre! —jadeó él, con los ojos oscurecidos por el placer. Una sonrisa llena de satisfacción se formó en mis labios. Amaba este juego. Sentir el poder correr por mis venas, correrme sabiendo que él hacía exactamente lo que quería. Me incliné hacia adelante y acerqué mis labios a su oído. —Eso es, cariño... —detuve mis movimientos y me bajé de encima—. Y ahora voy a venirme en esa boca que sabes usar tan bien. Él simplemente asintió, hipnotizado con mis palabras. Lo tomé del cabello y lo llevé hacia el medio de mis piernas. Él no puso resistencia. Sus manos se aferraron a mis muslos mientras su boca encontraba mi clítoris. Dios... ¡Sí! Un gemido se escapó de mi garganta sin ningún tipo de pudor cuando su lengua comenzó a trazar círculos perfectos sobre mi sexo húmedo y necesitado. Mis dedos jamás abandonaron su cabello y lo jalaron con fuerza, empujando su cara contra mí para sentir más fricción. —Así, no pares... Mmm... —gemí, arqueando la espalda. Cerré los ojos y disfruté de las maravillas que hacía su lengua. El sonido del teléfono resonó por toda la habitación. Su ruido molesto sonó una vez, luego dos y después tres... ¿Quién m****a es? Nada iba a interrumpir mi orgasmo... Primero mi placer y luego el mundo exterior. —Ignóralo —le ordené a Mark cuando vi que tuvo la intención de apartarse, pero yo lo mantuve en su lugar, presionando su cara contra mí un poco más. Sentí cómo mi cuerpo se tensó cuando él se esforzó más en su tarea. El calor comenzó a acumularse en mi vientre. —Estoy cerca... No te detengas. Mark entendió a la perfección lo que necesitaba, alternando entre succiones suaves y lengüetazos rápidos. Después de un rato, no pude aguantar más. Exploté en un orgasmo que me hizo gritar y temblar sin control en su boca. Era de los mejores en sexo oral. Pero la noche estaba lejos de terminarse, al menos no para mí. Me incorporé nuevamente y me subí encima, posicionándome sobre su miembro erecto, necesitado y perfectamente protegido con un condón. Sin esperar, me dejé caer sobre él, llenándome lentamente hasta llegar al tope. Un jadeo escapó de la boca de ambos. —Ahora juguemos con este amiguito... —sonreí, dichosa, y comencé a cabalgarlo con un ritmo frenético, pero completamente delicioso. Mis senos saltaban sin control con cada embestida. Las manos de Mark recorrían todo mi cuerpo, pellizcando mis pezones endurecidos y amasando a su antojo. Varios sonidos guturales se le escaparon de la garganta; sus manos terminaron agarrando mis caderas después de un rato, tratando de imponer su propio ritmo. Pero yo no se lo permití. Hoy se trataba de mí, no de él. —Te dije que yo mando, Mark... No hagas que esta sea la última vez —respiré con dificultad, sudando como nunca y moviéndome sobre él cada vez más rápido. Sentí cómo se tensó. Al igual que yo, estaba a punto de llegar, así que me esmeré con mis cabalgadas y me incliné para poder besarlo. Y, finalmente, después de un par de embestidas de su parte, ambos nos corrimos. Primero yo y luego él, convulsionando juntos por la explosión sexual que acabábamos de tener. Salió de mí poco después, con esa sonrisa cansada y satisfecha que tantos hombres me habían dedicado. Se quitó el condón y yo me quedé en la cama, disfrutando del último gramo de placer que recorría mi cuerpo. Fue genial, pero ya es hora de volver a la realidad. —Tienes que irte, Mark. —¿Tan pronto? Pensé que esta vez... —Conoces las reglas, bonito —sonreí y lo empujé fuera de la cama con un pie—. Solo es sexo casual... No te encariñes o esto terminará. El hombre suspiró, pero comenzó a vestirse. —Eres cruel, Vega... Pero jodidamente caliente. Esperaré tu mensaje. Adiós. —Adiós. Justo después de que Mark se fue, el teléfono volvió a sonar y, esta vez, algo en mi instinto me dijo que lo atendiera. Más vale que sea algo importante. Fruncí el ceño al ver el nombre de Dani en la pantalla. Él nunca llamaba tan tarde. Respondí de golpe y lo primero que escuché al otro lado fue un largo sollozo. De inmediato pensé lo peor. —Nadia... —tragó saliva y luego se le cortó la voz—. Mataron a Elena. ¿Qué? Sentí que el tiempo comenzó a correr más lento. La relajación que me había dejado mi sesión de sexo había abandonado mi cuerpo por completo. —¿Qué dices? Dani, ¿de qué estás hablando? —Mataron a Elena... Y fue él —su voz se quebró una vez más—. Kilian Volkov la mató. La encontraron en la iglesia... colgada. ¡Colgada, Nadia! Dios... Sentí cómo mi estómago se revolvió al escuchar todo lo que había pasado. Kilian Volkov. Ese nombre me era vagamente familiar, más que todo por las conversaciones con Daniel, las cuales siempre mencionaba en voz baja. Lleno de miedo. —Dani, yo... No sé qué decir. —Tienes que venir, hermana —me suplicó Daniel, y aunque yo no quería, el tono de su voz me partió el alma—. No puedo hacer esto solo... Despedirme de ella... No podía negarme aunque quisiera. —Vale, hermano... Mañana estaré en el pueblo apenas consiga un vuelo. No te abandonaré. Cuando finalicé la llamada, me acosté de golpe en la cama y respiré profundo. Volver a Haven Falls... Dios, Dani... ¿Por qué me haces ir a ese maldito infierno? Me fui de allí para comenzar de cero y olvidarme de toda mi vida en ese maldito pueblo, y ahora me haces volver. Ahora, mi libertad, mi vida en Nueva York y mi vida en general parecían desvanecerse frente a la cruda realidad de volver al pueblo donde nací y fui criada por mis padres. Mis malditos, religiosos y abusivos padres.La habitación del hotel donde me había hospedado estaba lejos de ser la mejor, pero tampoco era el peor de los lugares.Había lidiado con sitios mucho peores.Estaba de pie frente al espejo del baño, observando mi reflejo.¿Qué mierda estoy haciendo?El vestido rojo escotado que había escogido meticulosamente, mi maquillaje impecable y atrevido. Tenía mi cabello negro ondeando sobre mis hombros, y ese maldito mechón blanco parecía resaltar más que cualquier cosa.Me veía segura, dueña de cada centímetro de mi cuerpo y de mi vida, pero por dentro..., por primera vez en años, un torbellino de dudas me estaba devorando lentamente.¿Por qué acepté hacer esto?¿Por qué dejé que el agradecimiento que sentía por mi hermano me dominara?Estaba cambiando mi vida segura en Nueva York y mi libertad por una misión suicida en nombre de un amor que ni siquiera entendía bien.Daniel estaba destrozado, sí. Pero esto era una locura.Aunque lograra obtener la verdad de su muerte, eso no traería a Elena
No fuimos a la casa de nuestros padres después del entierro.Ni loca volvería a pisar ese lugar de recuerdos amargos que constantemente amenazaban con arruinar mi felicidad actual.En cambio, fuimos a la única cafetería decente del pueblo, un lugar con luces fluorescentes y olor a café tostado que al menos era lo que prometía ser.Aceptable.Daniel se sentó frente a mí, toqueteando un pedazo de pastel de manzana.Parecía un fantasma con ojos vacíos y llenos de una oscuridad que lo estaba consumiendo.—Intenta comer un poco, Dani.—No tengo hambre —murmuró, sin siquiera mirarme.Me destrozaba verlo así.Nos mantuvimos en silencio un rato y luego no lo soporté. Tomé su mano y me atreví a hacerle la pregunta.—Dani... ¿cómo la encontraron?No lo hacía solo por curiosidad, sino porque él también tenía que dejar salir todo lo que tenía dentro.Él cerró los ojos con fuerza, como si intentara bloquear las imágenes tan atroces que le había tocado ver.O al menos eso pensaba.—En la iglesia —m
El ambiente en Haven Falls seguía siendo el mismo de siempre.Solitario y aburrido.Cinco años habían pasado desde la última vez que vine de visita, pero todo el maldito pueblo seguía estando igual.Quizás algunas tiendas nuevas, pero no más.Respiré profundo, ajustándome la solapa del vestido negro de cuello alto que me había puesto.Era el más recatado que poseía, de manga larga y falda hasta mis tobillos, pero la tela se ceñía a mi cintura de una manera que hacía que varios pares de ojos, supuestamente afligidos, se desviaran hacia mí. Mis tetas tampoco ayudaban a pasar desapercibida.¿O es que el vestido me queda pequeño?El mechón blanco en mi frente parecía ser una novedad entre las mujeres, una marca de rebeldía que ni la muerte podía opacar.Amaba mantener ese detalle en mi cabello.La iglesia, ese edificio que tanto recordaba de mi infancia como una prisión de buenas costumbres, me saludaba con imponencia.Dentro, estaba Elena. Descansando en una urna.Mientras caminaba, bajo
Mientras empacaba, sentía que estaba a punto de pasar una terrible temporada en prisión.Odiaba tener que regresar a Haven Falls, pero por Dani era capaz de hacer cualquier cosa.Él siempre había sido mi gran apoyo.Me aseguré de meter todo lo necesario en la maleta; jeans ajustados, tops con hermosos pero reveladores escotes, mi mejor lencería y algunos tacones, todo lo que mis padres odiaban de mí.Por un segundo pensé en meter algún vestido recatado solo para ver a mis padres después de tantos años, pero se sentía como una traición a mis principios.Llevaba años siendo libre; por nada del mundo dejaría que me encerraran en su asqueroso mundo de fanaticada religiosa.No me malinterpreten, no es que odie a Dios; al contrario, siempre trato de mantenerlo presente, a pesar de todo lo que viví por los excesos de mi familia.No era sano vivir con ellos.Nunca lo fue.El timbre de la puerta me sacó de mis pensamientos y solté un largo suspiro.Me levanté a paso pesado y abrí la puerta, so
Nueva York... ¡Dios, cómo amo esta maldita y ruidosa ciudad!Cada día era una nueva aventura en mi vida como veterinaria, fiestera y amante del sexo... Y, hablando de eso, esta noche no sería la excepción.Mi habitación entera olía a sexo, un aroma que me encendía todos los sentidos.Tenía a Mark, un tipo musculoso que conocí la semana pasada en una fiesta, debajo de mí, completamente a mi merced.Regalándome lo que más me gustaba; poder en la cama.—Dime quién es la que manda —le exigí, clavando mis uñas en sus pectorales mientras mis caderas chocaban contra las suyas con un ritmo salvaje.—Tú... Tú mandas, Nadia... ¡Siempre! —jadeó él, con los ojos oscurecidos por el placer.Una sonrisa llena de satisfacción se formó en mis labios.Amaba este juego.Sentir el poder correr por mis venas, correrme sabiendo que él hacía exactamente lo que quería.Me incliné hacia adelante y acerqué mis labios a su oído.—Eso es, cariño... —detuve mis movimientos y me bajé de encima—. Y ahora voy a veni





Último capítulo