Sofia.
—Estoy nerviosa —susurro cerca de sus labios, mientras él me acaricia la espalda con lentitud, como si quisiera borrar cada una de mis inseguridades con el simple roce de su mano.
—No tienes que estarlo —dice con seguridad—. Todo va a salir bien. Y, en caso de que no acepten lo nuestro, no nos afectará en nada. Somos adultos y ellos tienen que entenderlo.
Empieza a besarme el cuello y un jadeo se me escapa sin permiso. Mi cuerpo siempre lo traiciona todo.
—Tienes razón… —murmuro—. Siempr