Sofia
¡Oh, por Dios!
Dejé que me besara… y en la casa de mi hijo.
Miro a mi alrededor con nerviosismo, como si de pronto las paredes pudieran hablar o alguien fuera a aparecer de la nada. Mi corazón late con fuerza mientras mis ojos recorren cada rincón del patio. No hay nadie. Nadie nos vio. Suelto el aire que estaba conteniendo y suspiro aliviada.
Sería vergonzoso que Sam presenciara una escena así. Peor aún, que mi hijo lo viera. Solo de imaginarlo me dan escalofríos. Me siento mal por ocultar algo como esto, por guardar un secreto tan grande dentro de mí, pero… no sé si sea prudente lo que hacemos. No sé si ellos lo aceptarían. Y esa duda me pesa más de lo que quiero admitir.
Él cree que porque tuvimos intimidad en varias ocasiones ya me tendrá siempre. Y tal vez no esté tan equivocado, porque ahora mismo me muero porque me toque como lo hace cada vez que estamos juntos. Nunca podré negar que han sido encuentros maravillosos, intensos, llenos de algo que creí perdido.
Y esas citas