Sofia
¡Oh, por Dios!
Dejé que me besara… y en la casa de mi hijo.
Miro a mi alrededor con nerviosismo, como si de pronto las paredes pudieran hablar o alguien fuera a aparecer de la nada. Mi corazón late con fuerza mientras mis ojos recorren cada rincón del patio. No hay nadie. Nadie nos vio. Suelto el aire que estaba conteniendo y suspiro aliviada.
Sería vergonzoso que Sam presenciara una escena así. Peor aún, que mi hijo lo viera. Solo de imaginarlo me dan escalofríos. Me siento mal por ocult