Mundo ficciónIniciar sesiónEn Berlín, donde el aroma a café y el pecado se mezclan en cada callejón, Otto Zeller reina. Dueño de la cafetería más famosa de la ciudad, barista profesional, millonario y adicto al sexo sin límites ni preferencias. Hombre o mujer, joven o maduro, sumiso o dominante… si puede calmar su sed incontrolable, es bienvenido en su cama. Para Otto, el placer no tiene moral. Es su forma de olvidar el vacío podrido que lo consume desde su infancia. Pero su mundo perfecto de cuerpos y jadeos se derrumba el día que conoce a Eleni Papadopoulos, una barista griega de espíritu fiero y sonrisa de diosa. Una noche de locura, pasión y lujuria termina en humillación cuando Otto la confunde con una prostituta y le deja quinientos dólares sobre la almohada antes de desaparecer. Lo que Otto no sabe… es que esa mujer que usó como un juguete es ahora su mayor rival. Su nueva cafetería abrirá frente a la suya, y su objetivo es uno solo: destruirlo profesionalmente y devolverle cada lágrima que ella derramó aquella mañana. Sin embargo, Otto no es un hombre que pierda. Para él, la competencia es un juego y las mujeres, trofeos rotos a sus pies. Lo que empieza como venganza se convierte en obsesión. Él la desea con un hambre oscura, y Eleni jura jamás volver a ser suya. Pero cuando un hombre como Otto Zeller decide poseerte, ni tu orgullo, ni tu cuerpo… ni tu alma estarán a salvo. ¿Podrá Eleni ganarle a un hombre que no distingue el amor del deseo ni el poder del placer? ¿O terminará rendida a los pecados de su enemigo?
Leer másMis amigas siempre hablan mucho. Pero ese día… hablaban más que nunca. —¡Eleni, te juro que ese vestido te quedaría brutal! —gritó Karla mientras señalaba una vitrina como si hubiera descubierto un tesoro prohibido. Yo reí. —Acabamos de probarte seis vestidos, ¿cuántos más quieres? —dijo Sofía, rodando los ojos pero con una sonrisa. —Los necesarios para que esta mujer sepa que está buenísima ahora que tiene novio —respondió Karla con descaro. Me sonrojé. —No es mi novio oficial... aún no me da el anillo.. solo estamos conociendonos—murmuré. —¡Ay, por favor! —soltó Sofía—. El tipo te mira como si fueras el sol. Y tú lo ves como si hubieras encontrado agua en el desierto. —¡Sí, confirmo! —añadió Karla—. Tienen química sexual hasta cuando discuten sobre qué café pedir. Yo me reí para no admitir nada. Porque si decía la verdad… terminaría confesando que lo quería más de lo que quiero admitir. Caminamos entre tiendas, probamos zapatos, tomamos helado. Era un día tranquilo… o a
Desperté como no recordaba haber despertado en años. No me dolía el pecho. No tenía la garganta cerrada. No estaba empapado en sudor. Dormí. Dormí como un tronco. Sin pesadillas. Sin sobresaltos. Y lo primero que vi, cuando abrí los ojos, fue a Eleni dormida a mi lado. Seguía ahí. Con mis brazos alrededor de ella. Con su respiración suave contra mi clavícula. Protegiéndome. Nadie había hecho eso por mí jamás. Esa simple imagen hizo que algo se encendiera en mi interior… no solo deseo, sino un anhelo profundo, primitivo, de pertenencia. La observé detenidamente. Su boca relajada, su cabello despeinado contra mi pecho… Era tan hermosa que me dolía. Me moví despacio, deslizándome entre las sábanas para acercarme más. Quería verla despertar conmigo. Quería sentirla primero, antes que el mundo. Apoyé mis labios en su cuello, apenas un roce. Ella suspiró, aún dormida, y su cuerpo se arqueó hacia el mío, buscando el contacto. Mi mano recorrió su cintura, subie
Mi cuerpo se encendió.Mis manos se cerraron en puños.Eleni apretó mi brazo, como si sintiera la explosión interna.Mi padrastro tomó su abrigo del respaldo del sillón.—Volveré —advirtió—. Me gustaría hablar contigo sin interrupciones y a solas.Pasó a mi lado.El olor de su colonia —la misma de hace años— golpeó mi pecho como un arma.Cuando la puerta se cerró tras él, el silencio fue tan abrupto que mareaba.Eleni me giró hacia ella, con cuidado.—Otto… ¿qué fue eso? —preguntó, pero su tono no pedía detalles. Pedía saber cómo podía ayudar.Yo quería respirar, pero el aire no entraba.Quería decir algo, pero la voz no salía.—Es él… —fue lo único que pude soltar.Eleni entendió más de lo que dije.Sus ojos se llenaron de una furia protectora que jamás imaginé ver dirigida a mi favor.—Voy a cerrar la puerta —susurró.Asentí.Con la cabeza hecha un nido de aves.Ella caminó hacia la entrada y puso doble seguro.Se quedó unos segundos ahí, respirando hondo, como si buscara fuerzas pa
Desayunamos juntos.Entre bromas y silencios cómodos.No recordaba la última vez que había reído tanto antes de las ocho de la mañana.Cuando terminó, se ofreció a lavar los platos. Yo protesté, pero no insistí demasiado. Me quedé viéndola moverse por mi cocina, con naturalidad, como si siempre hubiera pertenecido allí.Y fue raro.Bonito, pero raro.Me apoyé contra la pared, cruzándome de brazos.—Deberías quedarte un tiempo más aquí. Aunque puedas conseguir departamento, no seras más feliz que con mi compañia.Ella me miró por encima del hombro.—¿Por compasión?—Por egoísmo —le dije sin dudar—. Me gusta tenerte cerca.No dijo nada. Solo siguió lavando. Pero noté el pequeño temblor en sus dedos.No sé si era por mis palabras o por el agua fría.Más tarde ya habia arreglado la lavadora y cuando se fue a cambiar, me quedé solo en la sala, mirando el techo.Pensando en la noche anterior.En cómo temblé, en cómo ella me abrazó. Nadie me había calmado así.Nadie.Y ahora, verla ahí, cam
Último capítulo