Desperté como no recordaba haber despertado en años.
No me dolía el pecho.
No tenía la garganta cerrada.
No estaba empapado en sudor.
Dormí.
Dormí como un tronco. Sin pesadillas. Sin sobresaltos.
Y lo primero que vi, cuando abrí los ojos, fue a Eleni dormida a mi lado.
Seguía ahí.
Con mis brazos alrededor de ella.
Con su respiración suave contra mi clavícula.
Protegiéndome.
Nadie había hecho eso por mí jamás.
Esa simple imagen hizo que algo se encendiera en mi interior… no solo deseo, sino un anhelo profundo, primitivo, de pertenencia.
La observé detenidamente.
Su boca relajada, su cabello despeinado contra mi pecho…
Era tan hermosa que me dolía.
Me moví despacio, deslizándome entre las sábanas para acercarme más.
Quería verla despertar conmigo.
Quería sentirla primero, antes que el mundo.
Apoyé mis labios en su cuello, apenas un roce.
Ella suspiró, aún dormida, y su cuerpo se arqueó hacia el mío, buscando el contacto.
Mi mano recorrió su cintura, subiendo y bajando con lentitud, deja