Berlín se sentía vivo ese dia: bicicletas circulando por las calles adoquinadas, y peatones en ambas direcciones. A pocos dias de su apertura, Eleni salió de su apartamento en pijama, ubicado justo encima de su cafetería, con su cabello castaño recogido en un moño alto y su rostro fresco sin maquillaje.
Se agachó y comenzó a colocar en fila los maceteros de lavanda y romero que había comprado para la terraza. Su cafetería, aún en remodelación, se llamaría “Papadopoulos Kafetería”, como homenaje