El local donde celebraban era uno de los antros más concurridos de la calle El Conde. Eleni llevaba un vestido rojo que moldeaba su figura como una segunda piel. Sus labios, pintados de carmesí profundo, eran una declaración de guerra. No lo dijo, pero sus amigas lo sabían: no era solo una salida, era un grito de victoria.
Eleni y sus amigas se habían puesto sus mejores vestidos, altos tacones y ese brillo rebelde en los labios que decía “esta noche soy libre”. Habían ido a celebrar el éxito ap