Ya el sol estaba afuera cuando me senté al borde de la cama, todavía procesando lo que habia sucedido la noche anterior y a Eleni Papadopoulos dormida a mi lado.
No encima. No abrazada. Solo a mi lado. Pero para mí, eso ya era una maldita revolución. Dormi como un bebé.
La observé en silencio unos segundos, con la respiración calmada, el cabello revuelto sobre la almohada y una pierna descubierta que asomaba por debajo de la bata. Esa bata que no cubria mucho y que dejaba entrever su figura. M