Mundo ficciónIniciar sesión—El trato de novio falso expiró, Emma. Si voy a ser tu novio frente al mundo, el precio acaba de subir. Quiero un matrimonio legal con un contrato blindado... y también quiero un hijo. Emma Castellanos está acorralada. Traicionada por su prometido, humillada por su ambiciosa madrastra y con la vida de su madre pendiendo de un hilo por una deuda médica de un cuarto de millón de dólares, sus opciones se han agotado. Justo cuando cree que el mundo entero se le viene encima, el destino la arroja a los brazos del hombre más poderoso y temido de Nueva York. Nicolás Altamirano no es un caballero de brillante armadura; es el temido y gélido CEO del consorcio más grande de la ciudad. Acosado por los buitres de su propia junta directiva que buscan cualquier excusa para arrebatarle el control de su legado, Nicolás necesita proyectar estabilidad por lo que necesita una esposa y, sobre todo, necesita un hijo. Él le ofrece a Emma el escudo definitivo contra sus enemigos y el dinero para salvar a su madre. A cambio, ella deberá firmar un contrato que la ata a él y le otorga el control de su futuro. Para Emma, es un pacto desesperado por supervivencia. Para Nicolás, es una simple transacción corporativa. O eso creían ambos. Atrapados en una celda de lujo y lidiando con la envidia de la alta sociedad, la venganza de un ex despechado y los demonios del pasado, la delgada línea entre el engaño y la realidad comienza a borrarse. Emma está a punto de descubrir que firmar un pacto con el diablo es la parte fácil... Lo verdaderamente peligroso es enamorarse perdidamente de él.
Leer másEmma salió de la Corporación Altamirano sintiendo que, por fin, podía respirar de verdad. La vida le sonreía; llevaba en su vientre el hijo del hombre que ahora amaba.Con paso seguro, bajó por el ascensor privado hacia el estacionamiento. El lugar estaba envuelto en un silencio denso, apenas interrumpido por el eco de sus tacones.Caminó hacia el lujoso auto que Nicolás le había asignado, sumergida en sus pensamientos.Estaba a punto de abrir el vehículo cuando escuchó unos pasos rápidos a su espalda. No tuvo tiempo ni de girarse.Una mano áspera y violenta la agarró bruscamente por el brazo, apretando con tanta fuerza que le lastimó la piel al instante.—¡Emma! —gritó una voz ronca y desesperada, cargada de ansiedad.Emma ahogó un grito y dejó caer las llaves por el susto. Al levantar la vista, el miedo se transformó en un desprecio profundo: era Rodrigo.Pero no el hombre impecable y arrogante de antes.El tipo que la agarraba estaba demacrado, con ropa desliñada, ojeras oscuras y
Corporación Altamirano.—¡Qué feliz estoy por ti, Emma! —dijo Samantha, abrazando a su amiga—. Y también tenía mis dudas sobre ti, Nicolás, lo siento. Fui la primera en decirle a Emma que tuviera cuidado contigo.Nicolás soltó una carcajada corta, algo raro en él, y se encogió de hombros.—Tranquila, Samantha. Todos tienen dudas de mí, ya estoy acostumbrado a ser el malo del cuento. Pero lo importante es que Emma ya sabe quién soy en realidad.Emma sonrió, recostando la cabeza en el pecho de él. Se sentía en las nubes.—Bueno —suspiró Samantha, jugando un poco con la correa de su bolso—. La verdad es que también vine por aquí para ver si me ayudaban a conseguir un empleo. Es que me despidieron, mi antiguo jefe era un idiota, lo mandé al demonio y ahora estoy desesperada por pagar el alquiler.—¡Ay, amiga, no puede ser! —brincó Emma, agarrándole las manos—. Tranquila, ahorita mismo bajamos a recursos humanos y te conseguimos un buen puesto aquí en la corporación. Eres buenísima, te nec
A cientos de kilómetros, la noche caía sobre Nueva York. El ambiente era impenetrable en The Campbell, uno de los bares más exclusivos de la ciudad, decorado con maderas finas y alfombras persas.En una de las mesas del rincón, Gerardo ahogaba sus penas en un vaso de whisky doble.Su vida se desmoronaba; Nicolás lo había humillado en la corporación, y su esposa Sandra le estaba haciendo la vida imposible en casa. Estaba furioso, arrinconado y sediento de venganza.De pronto, las puertas del bar se abrieron, y el murmullo de la gente se apagó por unos segundos.Leah cruzó la puerta acompañada de su amiga Tatiana. Leah llevaba un vestido rojo fuego que no dejaba nada a la imaginación, tacones de aguja y una actitud provocativa.Estaba en la ruina y necesitaba desesperadamente cazar a un millonario esa misma noche para no terminar en la calle con su madre.Las miradas de Gerardo y Leah chocaron a través de la penumbra del salón.Aunque Gerardo era un hombre maduro, con canas y arrugas, L
Emma se despertó poco a poco, sintiendo una paz profunda. Al abrir los ojos, lo primero que sintió fue la mano de Nicolás sobre su estómago.El mismo hombre que aterraba a los empleados estaba ahí, recostado a su lado, haciéndole mimos a su vientre. Ver a ese hombre tan duro convertido en un manojo de ternura era algo que le encantaba.—Y pensar que creí que me quitarías a mi hijo en cuanto saliera embarazada —susurró ella, enredando sus dedos en el cabello oscuro de él.Nicolás levantó la mirada, y sus ojos grises, ahora brillaban con una intensidad protectora.—Eso no va a pasar nunca, Emma —respondió, besando la piel desnuda de su vientre—. Nuestro hijo va a tener a sus padres juntos. Los voy a proteger a ambos.—Me parece mentira todo esto, Nicolás —confesó ella, con los ojos cristalizados—. Despertar así, sin el peso de ese contrato...Él subió por la cama hasta acunar su rostro entre sus manos.—Créelo, Emma. Créelo, porque es nuestra nueva realidad. Y ahora mismo, lo primero qu
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