Mundo ficciónIniciar sesión—Déjame ser tu esposa de verdad solo un mes. Era una petición sencilla; sonaba al último ruego de una mujer desolada. Pero para Althea Grayson, era una cuestión de orgullo. Era el precio que cobraba por el amor que entregó y que nunca recibió de vuelta. Lo supo desde el principio: su matrimonio nunca fue por amor. Daven Callister se casó con ella por obligación, presionado por su abuela. No hubo abrazos cariñosos ni miradas dulces; solo silencio y una casa vacía que nunca sintió como un hogar. A pesar de todo, ella insistió. Intentó ser una buena esposa, aferrándose a la esperanza de que, algún día, el corazón de Daven se ablandara. Pero la traición acabó con esa ilusión: él quería casarse con otra. Con la mujer a la que amaba. Con o sin el permiso de Althea. Y toda su familia apoyaba esa decisión. Con el corazón roto y decepcionada, hizo una última petición: un mes en el que él la amara como a una esposa. Un mes... antes de irse para siempre. Daven pensó que solo era una jugada desesperada, incluso patética. Pero ese mes lo cambió todo. La forma en que Althea sonreía, la manera en que amaba con tanta entrega. Incluso su partida dejó huella en el corazón de Daven. Y ahora, estaba perdido. Cuando el amor que nunca quiso reconocer por fin se hizo obvio... ¿ya era demasiado tarde? ¿O debería luchar contra todo con tal de tener una oportunidad más?
Leer más—¡No! —Vanessa se zafó—. No hasta que decidas, aquí y ahora, a quién vas a elegir. A ella —señaló a Althea con un dedo acusador— o a mí.—Daven... —dijo Althea.Todos voltearon. Incluso Daven la miró con sorpresa.¿Por qué decidía hablar ahora, cuando todos parecían estar en su contra? Él estaba a punto de terminar con este lío, de mandarla de regreso a su cuarto donde estaría a salvo de esta locura. Pero... de alguna forma, dio un paso al frente. Decidió enfrentar la situación cara a cara.Y él no entendía por qué.—Primero, solo quiero aclarar —empezó Althea, con voz tranquila a pesar del caos que la rodeaba—. Si no me hubiera quedado dormida por accidente, nunca habría terminado en el cuarto de Daven. Ni siquiera me atrevería a soñarlo —mostró una sonrisa débil—. Lo juro por lo que sea; juro que no pasó nada entre nosotros, si es que eso es lo que tanto les intriga.Apretó los dedos con fuerza mientras luchaba contra los nervios.—Si estaba en ese cuarto, ¿no es obvio que fue porque
—Soy una persona horrible —susurró Althea. Su voz era tan baja que casi se perdía. Ni siquiera se atrevía a levantar la mirada para ver a Lydia.Lydia le puso la mano en el hombro con suavidad. Ambas estaban sentadas en un rincón tranquilo de un café en el centro. Normalmente, Althea nunca llamaría a Lydia de la nada; siempre planeaba las cosas y le avisaba con tiempo. Pero ese mismo día, cuando Lydia contestó el celular, solo escuchó a Althea llorar y se asustó.Desde que se vieron, ella no había dicho ni una palabra. Su cara estaba pálida, tenía las mejillas coloradas y sus ojos hinchados eran prueba suficiente de las horas que debió pasar llorando.—¿Qué pasó? —preguntó Lydia, cuidando que su tono fuera amable. No quería presionarla, pero era obvio que algo estaba mal. Algo grave. En el fondo, a Lydia siempre le había dado mala espina que Althea se involucrara con esa familia. No sabía cómo explicarlo, era solo un instinto. Y ahora, al ver a su amiga así, temía que no se hubiera e
Vanessa volvió a levantar la mano, esta vez cegada por la furia. Quería dejarle la marca; con suerte, hasta le reventaría el labio a Althea.—¡Ya basta, Vanessa!Daven la alcanzó a sujetar de la muñeca en el aire, impidiendo que el segundo golpe diera en el blanco.Vanessa lo miró incrédula.—¿Qué estás haciendo, Daven?—Detente. —Él le apretó la muñeca con un poco más de fuerza, no por enojo, sino para dejarle claro que no permitiría otro arrebato.Pero la paz ya era imposible. Vanessa temblaba y tenía los ojos empañados por las lágrimas.—¿Ahora... la defiendes a ella? —susurró con el corazón roto.—No la estoy defendiendo —respondió él en voz baja.—¿Entonces qué es esto? —preguntó ella con brusquedad, soltándose de su agarre—. ¡¿Por qué está en tu cama?! ¡¿Qué estaban haciendo?!—No hicimos nada —intervino Althea con un susurro—. Perdona si todo esto parece...—¡A ti no te estoy hablando, estúpida! —chilló Vanessa, dándose la vuelta con una mirada de odio.—Escúchame —dijo Daven co
—Mm... ¿por qué está tan suave? —balbuceó Althea, con una voz que apenas era un susurro. Sus párpados se abrieron poco a poco mientras la suave luz de la mañana entraba a la habitación, ayudándola a enfocar la mirada.Por instinto, estiró el brazo buscando sus cosas de siempre: su conejo de peluche y el celular que siempre dejaba a la mano para revisar la hora en cuanto despertaba.Pero algo estaba mal.“Espera...”—Este no es... ¿mi cuarto? —preguntó, parpadeando con rapidez, confundida. ¿Estaba soñando? Sus sentidos trataban de entender qué pasaba: la textura del edredón, lo acolchonado del colchón y luego... esa fragancia masculina, sutil pero inconfundible.Familiar. Cálida. Limpia.Daven.Sintió ansiedad. ¿Qué hacía ahí? Y lo más importante: ¿dónde estaba él?—¿Ya despertaste?Escuchar su voz le provocó un escalofrío por la espalda.Althea giró la cabeza hacia donde venía el sonido. Ahí estaba él, sentado relajado en un sofá a unos metros de la cama. Daven se quitó los lentes, dej
—Está bien. Prepárame una cena especial —dijo él con calma—. No llegaré tarde esta vez.¿Qué?Definitivamente algo no estaba bien con él ese día. Pero en lugar de asustarla, ese comportamiento tan extraño solo hizo que Althea sintiera que el pulso se le aceleraba. Sintió un nudo en la garganta, le empezaron a arder las mejillas y no pudo evitar bajar la mirada, como si él estuviera ahí mismo frente a ella, viendo cada una de sus reacciones.—Es... está bien. Prepararé algo especial.—Bien. Regreso pronto.La llamada terminó.Althea se quedó viendo el celular un buen rato antes de dejarse caer de espaldas en la cama. Se tapó la cara con las dos manos mientras sentía que el calor le subía por la piel. Estaba apenada y emocionada al mismo tiempo.“¿En serio está pasando esto? Daven me llamó mientras estaba ocupado en el trabajo solo para hablar. Me preguntó algo tan sencillo, tan de la casa. Y ahora quiere que le haga la cena. Hasta me prometió no llegar tarde. Ay, Dios... eso fue muy lin
—Mmm... creo que con esto es suficiente. —Althea les echó un último vistazo a las bolsas de las compras, repasando mentalmente cada artículo. Incluso había logrado conseguir la marca exacta de café que le gustaba a Daven. Eso significaba que la salida al súper de hoy había sido un éxito.Estacionó el auto en la entrada y el cálido sol de la tarde le acarició la cara mientras abría la puerta y tomaba las bolsas. Caminó por el sendero de piedra hacia la entrada de servicio de la cocina, donde Lena salió de prisa a recibirla para ayudarle.—Señora, déjeme llevarle eso —se ofreció Lena, estirando las manos hacia las bolsas.—No pesan, Lena —respondió Althea con amabilidad, sonriendo mientras las sujetaba con firmeza.Lena puso mala cara, en desacuerdo. —Usted siempre hace todo sola, señora. ¿Para qué estamos nosotros si no es para ayudarla?Althea se rio. —Ya haces demasiado por aquí. Solo son unas cuantas cosas y no me molesta acomodarlas.Sabía que tal vez al personal no se le permitía





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