Mundo ficciónIniciar sesión—Déjame ser tu esposa de verdad solo un mes. Era una petición sencilla; sonaba al último ruego de una mujer desolada. Pero para Althea Grayson, era una cuestión de orgullo. Era el precio que cobraba por el amor que entregó y que nunca recibió de vuelta. Lo supo desde el principio: su matrimonio nunca fue por amor. Daven Callister se casó con ella por obligación, presionado por su abuela. No hubo abrazos cariñosos ni miradas dulces; solo silencio y una casa vacía que nunca sintió como un hogar. A pesar de todo, ella insistió. Intentó ser una buena esposa, aferrándose a la esperanza de que, algún día, el corazón de Daven se ablandara. Pero la traición acabó con esa ilusión: él quería casarse con otra. Con la mujer a la que amaba. Con o sin el permiso de Althea. Y toda su familia apoyaba esa decisión. Con el corazón roto y decepcionada, hizo una última petición: un mes en el que él la amara como a una esposa. Un mes... antes de irse para siempre. Daven pensó que solo era una jugada desesperada, incluso patética. Pero ese mes lo cambió todo. La forma en que Althea sonreía, la manera en que amaba con tanta entrega. Incluso su partida dejó huella en el corazón de Daven. Y ahora, estaba perdido. Cuando el amor que nunca quiso reconocer por fin se hizo obvio... ¿ya era demasiado tarde? ¿O debería luchar contra todo con tal de tener una oportunidad más?
Leer más—Bienvenida, señora Miller.Tantos saludos iban dirigidos a Riana. Era lo natural. La esposa del director del Grupo TnC apareció en la oficina sin previo aviso. Riana no solía hacer eso, pero estaba claro que lo que había que discutir pesaba más que la costumbre o el protocolo.Lo único que podía hacer era devolver cada saludo con cortesía cálida. Nunca fue de esas mujeres a las que el estatus les agrandaba el ego, mucho menos con los empleados que trabajaban bajo el mando de su esposo.Al poco rato llegó a una sala que no visitaba desde hacía años.La oficina de Nathan se veía tal como la recordaba. Estanterías altas con carpetas pulcramente ordenadas cubrían las paredes. Una ventana amplia dejaba entrar la luz brillante del día y mostraba el bullicio constante de Solaviz allá abajo. En la pared opuesta, un monitor grande proyectaba un tenue resplandor azulado sobre la sala.—Mamá —dijeron Chris y Cale casi al unísono cuando Riana entró.Riana se sentó muy derecha en el sofá, con las
—¿Entonces qué es lo que quieres? —preguntó Althea al fin.Selena la miró con una esperanza obvia.—Quiero que me veas como alguien que también tuvo una conexión con Chase, como la madre de su hija.Althea sonrió apenas.—Qué curioso. —Cruzó los brazos—. ¿Sabes? Yo te veo como alguien que llegó demasiado tarde... con demasiadas exigencias.Selena rio.—Vaya. Si hubiera sabido que ibas a rechazarnos de esta manera, debería haber ido a verte cuando la noticia de la muerte de Chase sacudió al mundo.La sonrisa de Althea siguió siendo tenue.—Sí, deberías haber venido entonces. Así... quizá nadie habría dudado de ti. Tal vez ni siquiera yo.Selena dejó escapar un largo suspiro. Althea no era una mujer fácil de tratar. Su mirada era serena, pero transmitía una presión inmensa. No era imprudente, siempre evaluaba lo que la rodeaba y se negaba a dejarse alterar por el anzuelo emocional que Selena le había lanzado.A Selena le costaba manejar a una mujer así.—Sé que fuiste su esposa legal. Nu
Varios paquetes de condimentos se le resbalaron de las manos a Althea, cuando estaba a punto de colocarlos en su carrito de compras. Ya fuera porque la otra persona no estaba prestando atención, o porque Althea misma se metió en su camino, esas cosas pasaban todo el tiempo.—Está bien. No se preocupe —dijo Althea, intentando mantener la calma.Pero en el momento en que sus miradas se cruzaron, se quedó helada.Jamás podría olvidar esa cara, la que perseguía sus noches en silencio. La cara de una mujer que afirmaba haber formado parte del pasado de su difunto esposo. La cara que apareció de la nada para presentar a una niña que ella insistía en que era hija de Chase.Selena Ward.—Vaya... —dijo la mujer con soltura, sin rastro de incomodidad. Sonrió, casi complacida por aquel encuentro fortuito—. No esperaba encontrarte en un lugar como este.Althea sonrió apenas.—Es un lugar al que la gente suele venir, ¿no?Selena rio.—Tienes razón. —Dio un paso para acercarse. Casualmente, el pasil
Cuando Riana por fin se despidió, aún se sentía una energía pesada. Erick la acompañó al auto sin decir mucho. Pero, ya dentro, Riana habló al fin.—Erick... vigila más de cerca a Selena y a Eli. Sobre todo a Selena. Todo lo que hace, con quién se reúne, cómo se mueve... su comportamiento es cada vez más sospechoso. No puedo confiar en ella.Erick asintió.—Entendido, señora Riana.—Hazlo sin que ella se entere. Ya sospecha que mi visita de hoy se debió a un informe de alguien que la vigila. Quiero que seas mucho más cuidadoso y que te asegures de que nunca se dé cuenta.Erick volvió a asentir. Riana respiró hondo antes de tomar el celular y marcar el número de Cale.—¿Mamá? —contestó Cale en seguida.—Cale... algo no está bien.—¿Qué pasó? Acabo de recibir un reporte de Erick.Riana exhaló otra vez, ahora con más pesadez que antes. La frustración la abrumaba; era imposible de ignorar.—La forma en que Selena habla y actúa... me dice que algo anda mal. Mi instinto no deja de advertírme










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