Mundo ficciónIniciar sesión—Déjame ser tu esposa de verdad solo un mes. Era una petición sencilla; sonaba al último ruego de una mujer desolada. Pero para Althea Grayson, era una cuestión de orgullo. Era el precio que cobraba por el amor que entregó y que nunca recibió de vuelta. Lo supo desde el principio: su matrimonio nunca fue por amor. Daven Callister se casó con ella por obligación, presionado por su abuela. No hubo abrazos cariñosos ni miradas dulces; solo silencio y una casa vacía que nunca sintió como un hogar. A pesar de todo, ella insistió. Intentó ser una buena esposa, aferrándose a la esperanza de que, algún día, el corazón de Daven se ablandara. Pero la traición acabó con esa ilusión: él quería casarse con otra. Con la mujer a la que amaba. Con o sin el permiso de Althea. Y toda su familia apoyaba esa decisión. Con el corazón roto y decepcionada, hizo una última petición: un mes en el que él la amara como a una esposa. Un mes... antes de irse para siempre. Daven pensó que solo era una jugada desesperada, incluso patética. Pero ese mes lo cambió todo. La forma en que Althea sonreía, la manera en que amaba con tanta entrega. Incluso su partida dejó huella en el corazón de Daven. Y ahora, estaba perdido. Cuando el amor que nunca quiso reconocer por fin se hizo obvio... ¿ya era demasiado tarde? ¿O debería luchar contra todo con tal de tener una oportunidad más?
Leer más—¡Maldita sea! —murmuró Natalie en cuanto se alejó del dormitorio de Eli—. ¿Por qué empezó a evitarme?El calor arreciaba bajo el cielo de Raven. Natalie chasqueó la lengua otra vez y siguió caminando hacia el gimnasio, donde estaba Derek.Después de dejar a Derek y Eli conversando, Natalie no se había alejado del todo. Había observado lo que ocurría desde un edificio cercano al dormitorio. Su instinto le decía que la tensión entre ellos iba en aumento.Y tenía razón.Natalie vio a Derek alejarse de Eli con expresión sombría. Estaba claro que algo había ocurrido entre ellos. Eso la puso de aún mejor humor.—¿Qué pasó entre Eli y tú? Ni siquiera quiere verme —preguntó Natalie en tono suave, tan dulce como siempre. Luego se sentó justo al lado de Derek.Varios compañeros de equipo de Derek llevaban un rato tratando de hablar con su capitán, pero él no les respondía. Algunos agradecieron que Natalie llegara y esperaban que Derek se calmara pronto. Les esperaba un entrenamiento bastante in
Una vez más, llamaron a la puerta.—Sé que estás ahí —dijo Natalie de nuevo—. ¿Puedo entrar?Eli se quedó mirando la puerta unos momentos antes de responder:—Perdón, Natalie. Ahora quiero estar sola.—Entonces, ¿podemos hablar? Solo un momento —insistió Natalie.—Quiero descansar.El tono de Eli seguía siendo amable. No había enojo ni un rechazo brusco en su voz. Pero esta vez no quería abrir la puerta para escuchar algo que quizá solo la confundiría aún más.Natalie guardó silencio al otro lado de la puerta.—Solo quiero asegurarme de que estés bien.—Estoy bien. —Eli intentó secarse todo rastro de lágrimas—. No tienes que preocuparte.—¿Segura?Eli cerró los ojos un momento.—Sí.Natalie guardó silencio antes de decir:—Espero que estés bien, Eli. Derek daba miedo hace rato en la cancha. Nunca lo había visto tan enojado.Eli bajó la cabeza. Escuchar el nombre de Derek volvió a angustiarla, pero esta vez no quería hablar de ello.—Me pidieron que viniera a ver qué le había pasado en
Eli nunca imaginó que esas palabras saldrían de la boca de Derek.—¿Terminar la relación?Eli se quedó paralizada y apretó los puños sin darse cuenta.—Sí. Ya no quiero perder el tiempo con una chica que solo está jugando con mis sentimientos. —Derek sostuvo la mirada de Eli, cada vez más furioso.—Entonces... ¿de verdad se acabó?—No hay mucho más que decir. Ya no tiene sentido hablar. Lo nuestro se acabó.Derek no esperó a que Eli respondiera. Sin dudarlo, dio media vuelta y se fue, dejándola sola en la zona ajardinada cercana al dormitorio.Derek se fue plenamente convencido de que él era quien había salido herido. En su mente, era la víctima de un juego motivado por el ego de Eli, de una farsa barata con Josh de por medio y de unos celos provocados para humillarlo en público.No vio, o quizá decidió no ver, todos los sacrificios que Eli había hecho para mantener aquella breve relación.—Está bien, si eso es lo que quieres —dijo Eli en voz baja. Mantuvo la mirada fija en la espalda
—¿No fuiste tú quien no quería que los demás supieran qué tipo de relación teníamos?—Nunca dije que no te quisiera —protestó Derek.—Actuabas como si no me quisieras.—Lo hiciste todo adrede —dijo Derek tras negar con la cabeza.—¿Qué hice? —preguntó Eli, que empezaba a perder la paciencia.—Dejaste que Josh te trajera en auto. Dijiste delante de todos que tienes novio y que es el capitán del equipo de básquetbol. Y ahora estás frente a mí como si no hubiera pasado nada —dijo Derek—. Quisiste hacerme quedar como un idiota, ¿verdad?La expresión de Eli cambió. Tardó en responder. Cada palabra de Derek le parecía una acusación lanzada sin ninguna consideración por lo que sentía.—Nunca fue mi intención hacer eso.—Lo hiciste.—Derek...—¿Crees que no sé lo que estás haciendo? —continuó Derek—. ¿Quieres darme celos? ¿Demostrarme que puedes conseguir a otro hombre cuando quieras? ¿O desde el principio creíste que nuestra relación no era más que un juego?—¿Eso piensas de mí? —preguntó Eli





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