Mundo ficciónIniciar sesión—Déjame ser tu esposa de verdad solo un mes. Era una petición sencilla; sonaba al último ruego de una mujer desolada. Pero para Althea Grayson, era una cuestión de orgullo. Era el precio que cobraba por el amor que entregó y que nunca recibió de vuelta. Lo supo desde el principio: su matrimonio nunca fue por amor. Daven Callister se casó con ella por obligación, presionado por su abuela. No hubo abrazos cariñosos ni miradas dulces; solo silencio y una casa vacía que nunca sintió como un hogar. A pesar de todo, ella insistió. Intentó ser una buena esposa, aferrándose a la esperanza de que, algún día, el corazón de Daven se ablandara. Pero la traición acabó con esa ilusión: él quería casarse con otra. Con la mujer a la que amaba. Con o sin el permiso de Althea. Y toda su familia apoyaba esa decisión. Con el corazón roto y decepcionada, hizo una última petición: un mes en el que él la amara como a una esposa. Un mes... antes de irse para siempre. Daven pensó que solo era una jugada desesperada, incluso patética. Pero ese mes lo cambió todo. La forma en que Althea sonreía, la manera en que amaba con tanta entrega. Incluso su partida dejó huella en el corazón de Daven. Y ahora, estaba perdido. Cuando el amor que nunca quiso reconocer por fin se hizo obvio... ¿ya era demasiado tarde? ¿O debería luchar contra todo con tal de tener una oportunidad más?
Leer másLa curiosidad seguía ahí, pero Eli prefirió callar. Al menos por ahora.A su lado, Althea iba tranquila, en silencio. No había hablado mucho desde que salieron; solo miraba a Eli de vez en cuando, con discreción, para asegurarse de que estuviera bien sin que se sintiera observada.—Si te sientes incómoda —dijo Althea, rompiendo el silencio—, podemos volver cuando quieras.Eli se volvió hacia ella.—No —respondió sin pensarlo, y luego bajó la voz—. Yo... quiero verla.Althea sonrió apenas.—Está bien.Volvió el silencio, pero esta vez pesaba menos.Unos minutos después, el auto aminoró la marcha y se detuvo frente a un gran portón elegante y moderno. El nombre de la escuela se veía a la derecha, enmarcado por un jardín bien cuidado.Eli se quedó mirándolo, inmóvil.—Esto... —murmuró.—La escuela que mencionó mi esposo —respondió Althea.Aunque le abrieron la puerta, Eli no se bajó enseguida. Se quedó sentada un momento, los ojos fijos en el edificio frente a ella. No era muy llamativo,
La sala volvió a quedar en silencio. Daven se levantó y caminó hacia el gran ventanal del fondo de la sala; desde allí miró Solaviz, que se extendía abajo.—Asegúrese de entregar hoy toda la evidencia al fiscal.Richard asintió.—Sí, señor Daven. También le informaré en cuanto fijen la fecha del juicio.Chris tamborileó los dedos sobre la mesa.—No sé por qué, pero tengo un mal presentimiento. Aunque los abogados que los representan, en teoría, estén de nuestro lado... no logro quitármelo de la cabeza.—¿Qué tienes en mente? —preguntó Cale, tranquilo.—Selena no se va a rendir así como así —dijo Chris, sin apartar los ojos de él—. Siempre tiene un plan de respaldo.Daven se volvió hacia ellos, duro e inflexible.—Por eso mismo nos aseguramos de que no tenga margen para maniobrar.Arven entrecerró los ojos.—¿A qué te refieres?—Vamos a proteger a Eli... legalmente —dijo Daven con calma.Richard entendió.—Hay que separar su situación legal de la de Selena.—Cuanto antes —añadió Chris—.
Daven estaba a punto de hablar cuando la puerta de la sala de juntas se abrió. Alguien entró con toda tranquilidad.Todos voltearon hacia la entrada. Cale Miller. Llevaba una camisa negra, con las mangas arremangadas hasta los codos. Seguía tan tranquilo como siempre, pero enseguida recorrió con la mirada la mesa cubierta de documentos.—Parece que llegué a tiempo.Chris lo miró.—Siempre apareces cuando ya pasó la parte más aburrida.Cale acercó una silla al lado de Daven y se sentó.—No me gustan los informes largos.Tomó una de las carpetas y la hojeó un momento.—Entonces... según la estrategia que acordaron con la fiscalía, ¿van a pedir cadena perpetua para Harold?—Así es, señor Cale.—¿Y ya designó a sus abogados asociados para representarlos?Richard asintió sin dudar.—Sí. Y todos parecen muy seguros de su defensa.Cale sonrió, satisfecho.—Bien.De pie cerca de Daven, Arven tomaba notas en silencio sobre el informe de Richard y las respuestas de Daven. Cuando terminó de anota
El edificio principal del Grupo Callister ya estaba en plena actividad cuando Daven llegó. Los empleados que se cruzaban con él lo saludaban con respeto, pero él apenas les hacía caso. Con paso firme, fue directo al ascensor privado, que lo llevó hasta el piso ejecutivo.No tardaron en abrirse las puertas del ascensor. Al salir, Arven ya lo esperaba, con expresión seria. Detrás de él, la puerta de la sala de juntas principal estaba entreabierta.—Ya están adentro —dijo Arven con sequedad.Daven no preguntó a quiénes se refería. Sabía exactamente quiénes lo esperaban.Al abrirse la puerta de la sala de juntas, Chris y Richard ya estaban sentados. La larga mesa del centro estaba cubierta de carpetas y documentos. Varias tabletas mostraban los informes legales que revisaban.Chris se reclinó en la silla, pero su expresión no tenía nada de relajada.—Al fin apareces —dijo cuando Daven entró—. Creí que no vendrías.Richard se limitó a asentir con cortesía.—Estábamos repasando las novedades





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