Mundo ficciónIniciar sesión—Déjame ser tu esposa de verdad solo un mes. Era una petición sencilla; sonaba al último ruego de una mujer desolada. Pero para Althea Grayson, era una cuestión de orgullo. Era el precio que cobraba por el amor que entregó y que nunca recibió de vuelta. Lo supo desde el principio: su matrimonio nunca fue por amor. Daven Callister se casó con ella por obligación, presionado por su abuela. No hubo abrazos cariñosos ni miradas dulces; solo silencio y una casa vacía que nunca sintió como un hogar. A pesar de todo, ella insistió. Intentó ser una buena esposa, aferrándose a la esperanza de que, algún día, el corazón de Daven se ablandara. Pero la traición acabó con esa ilusión: él quería casarse con otra. Con la mujer a la que amaba. Con o sin el permiso de Althea. Y toda su familia apoyaba esa decisión. Con el corazón roto y decepcionada, hizo una última petición: un mes en el que él la amara como a una esposa. Un mes... antes de irse para siempre. Daven pensó que solo era una jugada desesperada, incluso patética. Pero ese mes lo cambió todo. La forma en que Althea sonreía, la manera en que amaba con tanta entrega. Incluso su partida dejó huella en el corazón de Daven. Y ahora, estaba perdido. Cuando el amor que nunca quiso reconocer por fin se hizo obvio... ¿ya era demasiado tarde? ¿O debería luchar contra todo con tal de tener una oportunidad más?
Leer másEsas palabras le calaron hondo a Arven. Para él, revelaban cuánto ese edificio y cada persona en él se habían convertido en el ancla de Daven, lo único que lo sostenía y le impedía desmoronarse por completo. Como la persona más cercana a él, Arven sentía la punzada aguda de la traición que seguía atormentando a Daven, una herida infligida por la persona que más había amado.—Terminemos con esto rápido. Algo podrido no debe quedarse a pudrirnos por dentro —dijo Daven mientras empujaba las amplias puertas de su oficina. Tal como Arven le había dicho, el equipo legal, cuatro abogados, ya estaba esperando adentro.—Según sus instrucciones, la petición de divorcio ya fue presentada —explicó uno de los abogados, abriendo una carpeta de documentos—. Pero necesitamos discutir medidas preventivas. Es poco probable que Vanessa Blake se quede callada, sobre todo considerando su reputación.Daven se reclinó en su silla, tamborileando los dedos sobre el escritorio.—Lo sé. Gracias por la advertenci
—Tengo ganas de volver a Solaviz —murmuró Daven, aún apretando los resultados de la prueba en la mano.—No creo que sea posible —intervino Arven—. No quiero arruinarle el ánimo, pero… tiene mucho que resolver en la oficina. Ya le envié por correo el itinerario actualizado y varios reportes del proyecto de Solaviz. El alcalde Harold está muy entusiasmado con la colaboración. Puede revisarlos mañana.Daven suspiró y se quedó en silencio.—Me estás arruinando el momento —masculló.—Discúlpeme.Una vez más, la mirada de Daven cayó sobre los resultados que todavía no terminaba de creer. La sensación que lo recorría cada vez que sus ojos se posaban en ese número no había cambiado: era como una ola inmensa estrellándose contra la orilla. No para derribarlo, sino para arrastrarlo hacia adentro, hacia algo que no podía poner fácilmente en palabras.Joshua Grayson… era su hijo. Su propia sangre. El niño que no le salía de la cabeza, ese junto al que había sentido una necesidad inexplicable de es
En cuanto el auto se detuvo frente al vestíbulo del hospital, Daven no esperó a que nadie le abriera la puerta como acostumbraba. Bajó a toda prisa, aunque sabía que el doctor al que había llamado por ayuda jamás ignoraría su llegada.—El doctor Noah lo está esperando. —Lo recibió uno de los empleados del hospital.Asintió apenas, aflojándose la corbata que traía mal puesta desde la mañana. Daven nunca descuidaba su apariencia, pero ese día nada de eso importaba.—Ah, por fin —lo saludó Noah, todavía repasando una pila de documentos—. Toma asiento.La mirada impaciente de Daven se clavó en él.—Vamos, no me mires así. Arven me dijo que acabas de volver de Solaviz. Apenas tuviste un momento para descansar antes de venir corriendo.Daven dirigió la mirada hacia su asistente, que permanecía a poca distancia. Arven agachó la cabeza con gesto culpable.—Si tú no necesitas descansar, la gente que trabaja para ti sí, Dav —comentó Noah con desenfado.Noah Sinclair era su amigo desde la época u
—Debería ir a casa primero, señor Daven —sugirió Arven, mirándolo de reojo.Daven llevaba un rato con la mirada fija en el camino, con una expresión demasiado serena y mucho más callado de lo que había estado durante el trayecto de Solaviz a Aethelis. ¿Sería por la visita a la tumba de su abuela?Arven no podía asegurarlo. Últimamente, demasiadas cosas inesperadas habían ocurrido en la vida de Daven. Si los papeles estuvieran invertidos, estaba seguro de que él ya se habría derrumbado bajo la presión repentina.—Ya le pedí a algu...—No hace falta —lo interrumpió Daven, con un tono bajo pero tenso—. Sabes perfectamente qué he estado esperando todo este tiempo, ¿no?Arven guardó silencio. Sabía cuánto deseaba Daven una oportunidad para acercarse a ese niño. Y ahora, esa oportunidad estaba abierta de par en par. No era de extrañar que estuviera impaciente, pero aun así...—Entiendo que está ansioso por ver los resultados de la prueba, pero...Daven le lanzó una mirada afilada, cargada de
Último capítulo