Capítulo 9. Emboscada en la cafetería.
Nicolás Altamirano detestaba perder el tiempo, y aquella llamada telefónica estaba agotando su paciencia.
Reclinado en su sillón, Nicolás se frotó el puente de la nariz con dos dedos, intentando contener la irritación mientras la voz de su madre lo exasperaba.
—Nicolás, no te estoy pidiendo un favor, te estoy advirtiendo —la voz de su madre sonaba afilada y desesperada a través del altavoz del teléfono—. Tus tíos están sobrevolando la junta directiva como los buitres que son. Saben que no tiene