Mundo ficciónIniciar sesiónDonde el alma te encuentra: Ecos del silencio Rocío nació en España, pero fue en Argentina donde echó raíces y construyó su destino. Brillante, disciplinada y sensible, su vida profesional la llevó a recorrer el mundo, dejando atrás mucho más que recuerdos. Tras años de éxito en Dubái, regresa a su país junto a su padre para asumir un nuevo desafío empresarial… sin imaginar que el pasado volvería a cruzarse en su camino. Adrián, marcado por un matrimonio por conveniencia y un amor que creyó perdido, ve en su trabajo el único refugio posible. Hasta que una mirada en medio de una reunión corporativa le recuerda que hay heridas que nunca sanaron. Entre estrategias de poder, secretos familiares y el peso de los acuerdos, ambos deberán aprender a proteger no solo los proyectos que construyen juntos, sino también el lazo invisible que los une desde la infancia. Porque cuando el alma reconoce su hogar, ni la distancia, ni el tiempo, ni el silencio pueden apagar su voz. Una historia de amor, lealtad y renacimiento. Donde el alma encuentra lo que el destino intentó borrar.
Leer másLa noche había caído sobre la casa de campo con una calma casi mágica. El cielo, despejado y profundo, se extendía como un manto azul oscuro cubierto de diamantes diminutos. Desde el jardín, se escuchaba el croar de las ranas junto al lago y el crujir de las ramas movidas por el viento. Rocío, envuelta en una manta ligera, salió a la terraza con una copa de vino en la mano. La cena había terminado hacía un rato, y sus padres se habían retirado a descansar tras largas horas de conversación. Ella, sin embargo, no podía dormir. Había algo en ese lugar que la mantenía despierta, un eco lejano del pasado que le rozaba el alma. Apoyó la copa en la baranda y dejó que el aire fresco le despeinara los cabellos. —“No imaginaba que te gustara tanto el silencio,” —dijo una voz a sus espaldas. Edrián se acercó despacio, con las manos en los bolsillos y una sonrisa serena. Llevaba una chaqueta de
El resto de la semana transcurrió con una calma inusual. Los pasillos de la empresa respiraban una paz aparente, de esas que solo se dan después de una gran tormenta. Rocío y Edrián retomaron sus rutinas con disciplina, concentrados en los ajustes finales del proyecto recién aprobado. Sofía y Mateo, aunque presentes, se mantenían al margen, como si hubieran decidido lamer sus heridas en silencio. Rocío aprovechó esos días para dedicarse por completo al trabajo, a los reportes, a las revisiones de campo y a las reuniones con el equipo técnico. No quería distraerse con nada más. Pero cada vez que cruzaba con Edrián en los pasillos, sus miradas parecían detener el tiempo. Sin palabras, pero con mil promesas suspendidas entre ellos.... El viernes por la tarde, cuando el sol empezaba a caer, su padre la llamó a su oficina. Tenía esa sonrisa apacible que usaba cuando planeaba algo esp
El amanecer del martes llegó con un aire denso, casi eléctrico. El edificio corporativo amaneció más silencioso de lo habitual, como si cada pared presintiera que ese día algo importante ocurriría. Rocío se vistió con calma, eligiendo un conjunto sobrio y elegante. Su padre la había llamado temprano, deseándole suerte con la voz serena pero firme que siempre la tranquilizaba. —“Confío en ti, hija. No olvides quién eres ni lo que representas.” Esas palabras la acompañaron durante todo el trayecto hacia la empresa. En la entrada, vio llegar a Edrián. Sus miradas se cruzaron por unos segundos y, sin decir nada, supieron que estaban listos. La sala de conferencias estaba impecable: pantallas encendidas, carpetas organizadas, los logotipos de las empresas brillando al fondo. La junta directiva ya esperaba, junto con algunos invitados externos. Sofía, con una sonrisa calculada, caminaba entre ellos saludando a todos, como si fuera la anfitriona de un evento social. Mateo permanecía
Los días siguientes transcurrieron con una serenidad engañosa, como si el tiempo hubiese decidido darles una tregua antes de volver a ponerlos a prueba. La rutina en la empresa recuperó un ritmo casi perfecto: las reuniones fluían, los proyectos avanzaban sin contratiempos y hasta el ambiente parecía más liviano. Rocío llegaba temprano cada mañana, con esa mezcla de profesionalismo y calidez que ya la caracterizaba. Sus pasos eran seguros, su sonrisa genuina. Había logrado recuperar el equilibrio, y aunque sabía que Sofía no descansaría fácilmente, había aprendido a no darle más poder del necesario. Edrián, por su parte, se mostraba más centrado que nunca. Los socios notaban el cambio: estaba más comprometido, más presente, más humano. Su padre, tras una breve visita, se marchó tranquilo al ver a su hijo con esa energía renovada, sin sospechar que buena parte de esa calma tenía nombre y ojos de miel. Una tarde, después de una jornada particularmente intensa, Rocío estaba revi
Último capítulo