Mundo ficciónIniciar sesiónDonde el alma te encuentra: Ecos del silencio Rocío nació en España, pero fue en Argentina donde echó raíces y construyó su destino. Brillante, disciplinada y sensible, su vida profesional la llevó a recorrer el mundo, dejando atrás mucho más que recuerdos. Tras años de éxito en Dubái, regresa a su país junto a su padre para asumir un nuevo desafío empresarial… sin imaginar que el pasado volvería a cruzarse en su camino. Adrián, marcado por un matrimonio por conveniencia y un amor que creyó perdido, ve en su trabajo el único refugio posible. Hasta que una mirada en medio de una reunión corporativa le recuerda que hay heridas que nunca sanaron. Entre estrategias de poder, secretos familiares y el peso de los acuerdos, ambos deberán aprender a proteger no solo los proyectos que construyen juntos, sino también el lazo invisible que los une desde la infancia. Porque cuando el alma reconoce su hogar, ni la distancia, ni el tiempo, ni el silencio pueden apagar su voz. Una historia de amor, lealtad y renacimiento. Donde el alma encuentra lo que el destino intentó borrar.
Leer másEl amanecer llegó sin permiso, colándose entre las cortinas del apartamento de Rocío. La luz tenue le recordó que había dormido poco. Apenas unas horas después de haber regresado del bar, seguía con la mente enredada en lo que había ocurrido. Había intentado convencerse de que no pasaba nada. De que solo fue una coincidencia, un cruce más de caminos. Pero las coincidencias no dejan el corazón latiendo tan rápido. Se miró al espejo mientras recogía su cabello. El reflejo le devolvía la misma mirada que años atrás: la de una mujer que intenta ser racional cuando su alma ya decidió por ella. El sonido del teléfono rompió el silencio. Era Alex. —Buenos días, jefa del caos —bromeó él, con su tono relajado habitual. Rocío sonrió débilmente. —Buenos días. Espero que no estés llamando para recordarme que bailé más de la cuenta. —Para nada —dijo él, riendo—. Solo quería saber si estás bien. Después de lo que pasó anoche… Ella suspiró. —Sí, estoy bien. O eso intento. Alex guardó
El golpe había sido más fuerte de lo que Sofía imaginó. La reunión, que creía sería su victoria, terminó convirtiéndose en una humillación silenciosa. Todos los miembros de la junta la miraron con desconfianza después de la intervención de Rocío. Nadie dijo nada directamente, pero las miradas bastaban: sabían que ella había promovido las sospechas infundadas. Apenas llegó a su oficina, arrojó la carpeta de informes sobre el escritorio. El sonido seco del papel fue seguido por un silencio opresivo. Caminó de un lado a otro, con los tacones marcando un ritmo furioso. —No puede ser —susurró, conteniendo el temblor de su voz—. No puede ser que siempre salga ilesa. El reflejo en el ventanal le devolvió una imagen que casi no reconocía: el maquillaje corrido, los ojos encendidos de rabia, el orgullo herido. Pensó en Edrián, en cómo la había mirado durante la reunión. No con amor, ni siquiera con respeto. Solo con distancia. —Todo por esa... —se detuvo antes de decirlo—. No. No voy
La noche siguiente al mensaje anónimo, Rocío apenas durmió. Las palabras se repetían en su mente como un eco insistente: “Ten cuidado en quién confías.” Durante años había aprendido a moverse entre ambientes donde la competencia podía ser tan letal como la traición, pero nunca había sentido el peligro tan cerca. Sabía que alguien dentro de la empresa estaba intentando desestabilizarla. Y lo más probable, intuía, era que ese alguien tuviera el rostro impecable de Sofía. El amanecer la encontró frente al ventanal de su departamento, con una taza de café entre las manos y la mente en ebullición. “¿Hasta dónde será capaz de llegar?”, se preguntó. Sofía no solo la odiaba; la temía. Temía lo que representaba: la libertad que ella había perdido y la verdad que su matrimonio solo fingía sostener. Sin embargo, Rocío no planeaba caer en provocaciones. Su estrategia siempre había sido la inteligencia y el equilibrio. Pero ese día, el destino le ofreció un as bajo la manga. Mientr
Las horas parecían deslizarse lentamente por las paredes del edificio corporativo. Desde la reunión de la semana anterior, el ambiente había cambiado: la tensión era más sutil, más silenciosa, pero se respiraba en el aire. Sofía, detrás de su elegante fachada y su sonrisa bien ensayada, observaba cada movimiento de Rocío y Edrián con una precisión enfermiza. Su ira crecía a medida que sentía que el control se le escapaba entre los dedos. Había pasado noches enteras revisando correos, informes, buscando alguna inconsistencia que pudiera usar a su favor. Pero no la había. Rocío era impecable, metódica, intocable. Edrián, por su parte, se mostraba cada vez más sereno, más seguro, como si algo en su interior hubiera cambiado. Y eso, para Sofía, era intolerable. —No vas a quitarme lo que es mío —murmuró frente al espejo de su oficina, con una mirada fría que solo reflejaba obsesión—. Ni tú, Rocío… ni nadie. Mientras tanto,
El día había sido largo, saturado de reuniones, reportes y miradas que decían más que las palabras. Desde hacía semanas, Rocío y Edrián sabían que no podían bajar la guardia. Sofía se mostraba cada vez más impaciente, y aunque mantenía la compostura ante los demás, sus movimientos eran calculados, su sonrisa apenas sostenida por la tensión. Por eso, cuando el reloj marcó las seis de la tarde, Rocío decidió enviarle un mensaje a Edrián: > “Esta noche cenamos. Nada de planes, nada de protocolos. Solo nosotros. En casa.” No hubo más que un “de acuerdo” como respuesta, pero ambos entendieron el significado detrás de esas dos palabras. No era una cita ni una reunión; era un respiro, un alto en medio de la tormenta. --- El departamento de Rocío olía a jazmín y madera tibia. La mesa estaba servida con sencillez: dos copas, una botella de vino blanco, y una cena improvisada que hablaba más de complicidad que de etiqueta. Ella se movía entre la cocina y la sala, con una serenidad que
A veces, hablar es la única forma de no romperseEl amanecer se filtraba entre los ventanales de la oficina, pintando los cristales con un brillo dorado que parecía demasiado suave para la tensión acumulada en el ambiente. A esa hora, el edificio estaba casi en silencio, y ese vacío temporal siempre había sido un refugio para Rocío. Le gustaba llegar antes que todos, cuando aún podía escuchar el murmullo distante del tráfico mezclado con el sonido tenue del aire acondicionado. En ese espacio tranquilo, lejos de miradas insistentes y comentarios disfrazados, podía ordenar sus ideas y respirar sin sentir que alguien evaluaba cada uno de sus movimientos.Sin embargo, aquella mañana no estaba sola.A los pocos minutos, Edrián entró en la oficina con pasos lentos, como si la noche hubiese sido demasiado larga. Llevaba la camisa sin abotonar del todo y el cabello ligeramente desordenado, señal inequívoca de que había dormido poco, o tal vez nada. Sus ojos hablab
Último capítulo