El día había sido largo, saturado de reuniones, reportes y miradas que decían más que las palabras. Desde hacía semanas, Rocío y Edrián sabían que no podían bajar la guardia. Sofía se mostraba cada vez más impaciente, y aunque mantenía la compostura ante los demás, sus movimientos eran calculados, su sonrisa apenas sostenida por la tensión.
Por eso, cuando el reloj marcó las seis de la tarde, Rocío decidió enviarle un mensaje a Edrián:
> “Esta noche cenamos. Nada de planes, nada de protocolo