Mundo ficciónIniciar sesiónA veces, hablar es la única forma de no romperse
El amanecer se filtraba entre los ventanales de la oficina, pintando los cristales con un brillo dorado que parecía demasiado suave para la tensión acumulada en el ambiente. A esa hora, el edificio estaba casi en silencio, y ese vacío temporal siempre había sido un refugio para Rocío. Le gustaba llegar antes que todos, cuando aún podía escuchar el murmullo distante del tráfico mezclado con el sonido tenue del aire acondicionado. En ese espacio tranquilo, lejos de miradas insistentes y comentarios disfrazados, podía ordenar sus ideas y respirar sin sentir que alguien evaluaba cada uno de sus movimientos.Sin embargo, aquella mañana no estaba sola.A los pocos minutos, Edrián entró en la oficina con pasos lentos, como si la noche hubiese sido demasiado larga. Llevaba la camisa sin abotonar del todo y el cabello ligeramente desordenado, señal inequívoca de que había dormido poco, o tal vez nada. Sus ojos hablab






