Las semanas siguientes fueron un espejo de contradicciones.
Por fuera, todo parecía en orden: proyectos en marcha, reuniones coordinadas y resultados que mantenían a ambas empresas en una sinergia impecable.
Pero por dentro, entre Rocío y Edrián, el silencio se había vuelto insoportable.
Ella lo veía pasar por los pasillos, impecable como siempre, con esa mirada serena que solo ocultaba el descontrol que llevaba dentro.
Él, en cambio, evitaba cruzar palabra más allá de lo estrictamen