Mundo ficciónIniciar sesiónPara las mujeres Palacios, el amor no es un sueño, sino una condena. Una antigua leyenda familiar dicta que encontrarán al hombre ideal por partida doble, pero la tragedia las obligará siempre a elegir el camino incorrecto, sellando su destino hacia una soledad amarga. Valentina Palacios ha crecido rodeada de estas crónicas de desamor. Como organizadora de bodas, pasa sus días entre encajes y promesas de "para siempre", pero en su corazón se niega a aceptar el maleficio. Para ella, las historias de su abuela Eloísa son solo miedos heredados. Valentina está decidida a ser la arquitecta de su propia felicidad y a llevar el negocio familiar hacia un éxito sin precedentes. Sin embargo, el destino tiene otros planes. En medio del evento más importante de su carrera para la poderosa Christina Andrews, Valentina conoce a dos hombres que sacuden sus cimientos. Por un lado, Matthew Andrews, el caballero perfecto, un heredero impecable que parece ser el refugio que siempre buscó. Por el otro, Jesse Morgan, un hombre magnético envuelto en sombras y secretos que parece encarnar todo lo que su familia le advirtió evitar. Atrapada entre el deber, la ambición y un deseo que no puede controlar, Valentina descubrirá que en el juego del amor las apariencias engañan: a veces, el lobo viste piel de cordero y el villano es el único capaz de salvarte de una profecía ineludible. ¿Logrará Valentina romper la tradición y escribir su propio final feliz, o descubrirá que la sangre Palacios arrastra una verdad de la que es imposible escapar? Ella no se quedará a esperar su turno en el banquillo de la desdicha; está lista para desafiar al destino.
Leer másPOV VALENTINA Siendo planeadora de eventos, he pasado mi vida construyendo los sueños de otros. He diseñado castillos de flores, orquestado entradas triunfales y coreografiado el "sí, quiero" de cientos de parejas bajo las luces más exclusivas de Miami. Pero nunca, ni en mis fantasías más audaces mientras organizaba la boda de Mila o los eventos de la alta sociedad, imaginé que el destino tendría guardado para mí un guion que superaría cualquier ficción.El día comenzó de forma sospechosa... pero de una sospecha deliciosa. Jesse me había pedido que me vistiera de gala para una "cena de negocios crucial" en un nuevo hotel boutique en Key Biscayne. Mi vientre, ahora una curva pronunciada y hermosa que albergaba a mis dos pequeños guerreros, dictaba sus propias reglas de estilo, así que elegí un vestido de seda azul profundo que caía como agua sobre mis pies.— Estás radiante, Val —susurró Jesse mientras me ayudaba a subir al auto. Su mano no se apartó de la mía en todo el trayecto. Lo
ISABELLA POVJames Hanssen no es un hombre que pida permiso. Es un hombre que toma lo que quiere y luego convence al mundo de que siempre fue suyo. Y en este momento, lo que quería —lo que reclamaba con cada fibra de su imponente cuerpo— era a mí.Estábamos en su oficina del Onyx. El cristal de los ventanales vibraba con el pulso del club allá abajo, pero aquí arriba, el silencio era tan denso que podía escuchar mi propia respiración acelerada. James se quitó las gafas y las dejó sobre el escritorio de caoba con un golpe seco. Se veía cansado, pero era esa clase de cansancio peligroso, el de un cazador que finalmente ha acorralado a su presa.— Isabella, acércate —ordenó. No era una invitación, era una ley.Caminé hacia él, dejando que mis caderas se mecieran con esa rebeldía que siempre lo sacaba de quicio. Me senté en el borde de su escritorio, invadiendo su espacio personal.— ¿Otra lección de negocios, Jimmy? —le solté, desafiante.Él se puso de pie, rodeando el escritorio con una
Valentina POVEl sol de la mañana entraba con una timidez dorada por los grandes ventanales de la mansión Andrews. Hacía semanas que el ambiente en esta casa había dejado de ser fúnebre para convertirse en algo que rozaba lo sagrado. Hoy no era un día cualquiera; era el día en que mi madre, Emilia, dejaba finalmente el hospital para empezar su nueva vida bajo este techo.Jesse y yo llegamos temprano en el Aston Martin, con Onyx Jr. asomando la cabeza por la ventana, ajeno al peso emocional de la jornada. Al entrar, me detuve un segundo en el vestíbulo. La mansión ya no olía a la cera fría y al perfume rancio de Christina. Ahora, gracias a la mano de mi abuela Eloisa, olía a jazmín fresco, a café recién colado y a esa calidez que solo emana de los lugares donde se ha decidido perdonar.— ¡Ya están aquí! —gritó Sophie, bajando las escaleras con una energía que me devolvió el alma al cuerpo.Llevaba un vestido ligero y su cabello rubio parecía brillar con luz propia. Detrás de ella, Alex
POV VALENTINAEl hospital tenía un sonido propio: el zumbido constante de las máquinas, el roce de los zapatos de las enfermeras contra el linóleo y el latido desbocado de mi propio corazón. Estábamos suspendidos en el tiempo, en esa zona gris donde la vida y la muerte negocian los términos de una tregua. Tenía las manos limpias, pero todavía podía sentir el calor viscoso de la sangre de mi madre en mis dedos.Jesse me rodeaba con sus brazos, su cuerpo actuando como un muro contra el que yo podía desplomarme. Arthur, a pocos metros, parecía haber envejecido diez años en una sola noche; sus ojos estaban fijos en las puertas batientes del quirófano, esperando una sentencia que no llegaba.Finalmente, el cirujano salió. Se quitó el tapabocas con un gesto de agotamiento y buscó con la mirada al responsable. Arthur se puso en pie de inmediato.— La bala causó daños significativos en la zona abdominal y hubo una hemorragia masiva —comenzó el médico, y sentí que el suelo desaparecía bajo mis
VALENTINA POVEl aire dentro del muelle olía a hierro, a salitre y a muerte. Cada paso que daba por las sombras del almacén me pesaba en las entrañas; no era solo el miedo, era el recordatorio constante de la vida que crecía dentro de mí y que ahora estaba arriesgando en un juego de locura. Mis ojos no se apartaban de Sophie. Estaba allí, atada, una visión de fragilidad que me partía el alma.Sabía que Jesse, Braulio y Jimmy estaban fuera. Sabía que las sombras del muelle estaban plagadas de hombres armados, de tecnología de punta y de una furia protectora que solo ellos podían desplegar. Pero mientras mis dedos rozaban la cuerda áspera que sujetaba a Sophie, la duda me carcomía: ¿llegarían a tiempo? El dedo de Christina en el gatillo era más rápido que cualquier plan táctico.— Vamos, Sophie... —susurré, sintiendo el sudor frío resbalar por mi frente mientras el filo de la navaja cortaba el último cabo.Pero entonces, el mundo explotó.Christina nos vio. Su voz, un graznido de cuervo
El aire dentro del almacén era denso, impregnado de una humedad salina que se me pegaba a la garganta como el miedo. Frente a mí, Christina Andrews no era más que una carcasa de odio, una sombra deforme de la mujer que una vez reinó en los salones de Miami. Sus cicatrices, rojas y rugosas bajo la luz parpadeante, eran el mapa de su propia autodestrucción, pero sus ojos... sus ojos conservaban una lucidez maníaca que me advertía que cualquier movimiento en falso sería el último.— Mírate, Emilia —siseó, apuntándome con un arma que parecía demasiado pesada para su mano vendada—. La gran señora, la salvadora de los Andrews. ¿Viniste a ver mi obra?— He venido por Sophie, Christina —dije, manteniendo la voz firme a pesar de que el corazón me golpeaba las costillas—. Tú no eres esto. Deja que la niña se vaya y podremos hablar.Desde la periferia de mi visión, un destello de movimiento me hizo tensar cada músculo. Valentina. Mi valiente y testaruda hija se deslizaba por las sombras de los c





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