ESPOSA ARTIFICIAL DEL PADRE SOLTERO

ESPOSA ARTIFICIAL DEL PADRE SOLTEROES

Romance
Última atualização: 2026-02-03
SOFI SAN  Atualizado agora
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Índice

Cuando el amor se compra con cien millones de dólares, ¿el corazón tiene precio? Maxton Vega lo tiene todo: poder, riqueza, una empresa que domina el mercado. Pero cuando su esposa muere en los brazos de su amante, su mundo perfecto se desmorona. Su hija Rubi, de seis años, no puede saber la verdad. Necesita una madre. Y Maxton está dispuesto a pagar lo que sea necesario para dársela. Cien millones de dólares. Ese es el precio de un rostro. Karla Jiménez es una traductora sin futuro, atrapada entre la pobreza y la desesperación por salvar a su padre de la cárcel. Cuando el CEO más poderoso de la ciudad le ofrece una fortuna, cree que es un sueño. Hasta que descubre el costo: debe someterse a cirugía plástica completa para convertirse en el clon de su esposa muerta. Cinco años viviendo como el fantasma de otra mujer. Cinco años siendo madre de una niña que no es suya. Cinco años durmiendo junto a un hombre que la mira con deseo pero la llama por el nombre de otra. La transformación es brutal: meses de cirugías que borran su rostro original, entrenamiento obsesivo para copiar cada gesto, cada palabra, cada suspiro de una mujer que nunca conoció. Karla Jiménez muere lentamente, y en su lugar nace Rebeca Vega. Pero cuando Rubi corre a sus brazos gritando "¡Mamá!" con lágrimas de alegría, cuando Maxton la mira con una hambre que va más allá del contrato, Karla descubre algo aterrador: vendió su rostro por dinero, pero está entregando su corazón sin querer.

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Capítulo 1

Capítulo 1:El calor residual de la traición

La habitación del hotel apestaba a perfume barato y traición. Rebeca había dejado caer su vestido de diseñador sobre la alfombra manchada, mientras sus labios rojos recorrían el torso desnudo de Damián con una desesperación que jamás había mostrado en su propia cama matrimonial. El hombre gimió, enredando sus dedos en el cabello rubio que Maxton había pagado en el salón más exclusivo de la ciudad, mientras ella descendía lentamente, con una sonrisa que prometía absolución para todos sus pecados compartidos.

—Te extrañé tanto —susurró Damián, con la voz quebrada por algo que podría haber sido amor o simplemente adicción.

Rebeca no respondió. Su boca estaba demasiado ocupada cumpliendo promesas que nunca debió hacer.

El teléfono de Maxton vibró a las 11:47 de la noche, interrumpiendo la revisión de contratos que mantenía su mente alejada de la ausencia de su esposa. El mensaje brilló en la pantalla con la frialdad de una sentencia de muerte: "Señor Vega, lamentamos informarle que su esposa ha fallecido inesperadamente. Necesitamos que acuda de inmediato al Hospital General San Rafael para la identificación del cuerpo." Las palabras tardaron tres segundos completos en atravesar la barrera de incredulidad que rodeaba su cerebro. Después, el mundo se inclinó violentamente hacia un lado.

Maxton condujo como un hombre poseído, el Maserati negro atravesando semáforos en rojo mientras las luces de la ciudad se difuminaban en franjas de color. El rugido del motor italiano era lo único que mantenía su mente anclada a la realidad mientras su cerebro se negaba a procesar la información, repitiéndola una y otra vez como un disco rayado: Rebeca. Muerta. Imposible. Rebeca. Muerta. No puede ser.

El hospital olía a desinfectante y desesperanza. Una enfermera de rostro cansado lo guió por pasillos blancos e interminables hasta una sala en el sótano donde el aire era más frío, más pesado, cargado con el peso de todos los finales que había presenciado. La sábana blanca cubría el cuerpo con una precisión casi obscena. Pero lo que detuvo el corazón de Maxton no fue la forma femenina debajo de la tela, sino la mano masculina que aún la sujetaba con fuerza, los dedos entrelazados con los de su esposa en un gesto de intimidad que le atravesó las costillas como un cuchillo al rojo vivo.

—Señor Vega —la voz del Dr. Navarro sonó a sus espaldas, profesional y distante—. Lamento profundamente su pérdida. Soy el médico forense encargado del caso.

Maxton no podía apartar los ojos de esas manos unidas. Incluso en la muerte, Rebeca había elegido a otro. La detective Morales apareció junto al médico, con una carpeta en las manos y una expresión que había perfeccionado tras años de dar malas noticias. Era una mujer de mediana edad, con el cabello recogido en un moño severo y ojos que habían visto demasiado.

—Señor Vega, necesitamos hablar sobre las circunstancias del fallecimiento —dijo ella, abriendo la carpeta—. Los resultados preliminares indican que el hombre junto a su esposa es Damián Cortés, un antiguo conocido de la señora Vega. El señor Cortés enfrentaba cargos por fraude fiscal y malversación de fondos. Según nuestras investigaciones, intentó suicidarse mediante la inhalación de monóxido de carbono en un vehículo cerrado.

Las palabras golpeaban como puños. Cada sílaba era un nuevo nivel de humillación.

—Los registros telefónicos muestran que el señor Cortés contactó a su esposa repetidamente durante las últimas setenta y dos horas —continuó la detective, con la voz deliberadamente neutral—. En su último intercambio de mensajes, él le suplicó que lo viera una última vez antes de... terminar con todo. Su esposa accedió.

El Dr. Navarro carraspeó incómodo antes de añadir: —La autopsia revela que mantuvieron relaciones sexuales antes del deceso. También encontramos restos de ketamina y MDMA en el sistema de la señora Vega. Creemos que el señor Cortés la drogó sin su conocimiento completo, posiblemente con la intención de convencerla de acompañarlo en un pacto suicida. Ella perdió la consciencia y murió por envenenamiento con monóxido de carbono. No sufrió, si eso le sirve de consuelo.

¿Consuelo? Maxton quería reír, pero el sonido se atascó en su garganta como cristal molido. Su esposa lo había traicionado hasta el último aliento, follando con su amante antes de morir en sus brazos. La perfección trágica de todo aquello era casi artística.

La expresión de Maxton mutó lentamente. El dolor inicial —ese puñetazo de incredulidad y agonía— se deslizó como cera derretida, revelando algo más frío debajo. Algo vacío. Una resignación tan profunda que la detective Morales retrocedió instintivamente un paso.

—Entiendo —dijo él finalmente, con una voz que no parecía la suya—. ¿Qué necesitan que firme?

Antes de que pudieran responder, su teléfono vibró nuevamente. La pantalla mostraba el nombre de la maestra Sofía, del preescolar Arcoíris donde estudiaba Rubi. Maxton contestó con manos temblorosas.

—Señor Vega, disculpe que lo moleste a esta hora —la voz de la maestra sonaba preocupada—. Rubi no asistió hoy a clases y no pudimos contactar a la señora Vega en todo el día. ¿Está todo bien?

El mundo se detuvo nuevamente. En medio del tsunami de traición y muerte, había olvidado completamente a su hija.

—Voy para allá ahora mismo —logró articular antes de colgar. Se giró hacia la detective Morales con una urgencia que hizo que la carpeta temblara en sus manos. —Mi hija. Está sola en casa. Tengo que irme.

Marcó rápidamente a Marcos, su asistente personal, mientras salía corriendo del hospital. —Marcos, encárgate de todo. El funeral, los papeles, todo. Mi esposa ha muerto. Necesito llegar a casa ahora.

No esperó respuesta. El Maserati atravesó la ciudad nuevamente, esta vez con un tipo diferente de terror apretándole el pecho. La puerta de su penthouse se abrió con un clic que resonó como un disparo. La sala estaba a oscuras, demasiado silenciosa para una casa donde vivía una niña de seis años. Maxton encendió las luces mientras gritaba: —¡Rubi! ¡Princesa, papá ya llegó!

Un sollozo ahogado llegó desde el dormitorio principal. Corrió hacia allá y encontró la puerta cerrada con llave desde fuera. Sus manos temblaron mientras buscaba la copia de emergencia en su llavero. Cuando finalmente abrió, la escena destrozó lo poco que quedaba de su corazón.

Rubi estaba acurrucada en una esquina, entre la cama y la pared, con su pijama de unicornios manchado de lágrimas. Tenía los ojos hinchados y rojos, el cabello oscuro enredado, y en su regazo sostenía un plato vacío que olía levemente a cereal rancio. Había estado llorando tanto tiempo que apenas podía respirar.

—¡Papi! —gritó la niña antes de lanzarse a sus brazos con una desesperación que le rompió algo fundamental dentro del pecho.

Maxton la alzó y la apretó contra él mientras las lágrimas de Rubi empapaban su camisa de mil dólares. La furia que había mantenido contenida durante toda la noche explotó finalmente, caliente y destructiva. Rebeca la había encerrado. Su propia madre había dejado a su hija de seis años encerrada en un cuarto sin comida, sin agua, sin forma de salir, porque tenía una cita con su amante. Porque una niña estorbaba para follar con un hombre que planeaba matarla.

—¿Dónde está mami? —sollozó Rubi contra su cuello—. No vino en todo el día. Tengo hambre, papi. Intenté abrir la puerta, pero no pude. Tenía mucho miedo.

Maxton cerró los ojos con fuerza mientras la cargaba hacia la cocina, sintiendo cómo cada palabra era un nuevo clavo en el ataúd de su matrimonio fallido.

—Mami tuvo que irse de viaje, princesa —susurró, odiándose por la mentira, pero sin saber qué más decir—. Un viaje muy largo para el trabajo. Pero papá está aquí ahora. Siempre voy a estar aquí.

Mientras preparaba un sándwich con manos mecánicas y veía a su hija devorar la comida con hambre desesperada, una decisión comenzó a solidificarse en su mente. Fría. Clara. Absoluta. Rubi necesitaba una madre. Una madre que la amara, que la cuidara, que nunca jamás la abandonara por un polvo rápido con un criminal desesperado. Si Rebeca no pudo ser esa madre, entonces él encontraría a alguien que sí pudiera. Aunque tuviera que comprarla. Aunque tuviera que crearla desde cero.

Su teléfono vibró con un mensaje de Marcos: "Funeral programado para el viernes. ¿Alguna instrucción especial?" Maxton miró a Rubi, quien finalmente se había quedado dormida en su regazo con las mejillas aún húmedas. Escribió rápidamente: "Funeral privado. Sin fotos de la difunta. Sin prensa. Y encuentra la forma de mantener esto fuera de los medios. La imagen de Vega Industries no puede verse comprometida por las circunstancias... vergonzosas de su muerte."

Luego añadió: "And Marcos... necesito que inicies una búsqueda. Confidencial. Nadie puede saber de esto. Te daré los detalles mañana."

La ciudad brillaba al otro lado del ventanal mientras un plan imposible comenzaba a tomar forma en su mente fracturada. —Te prometo algo, princesa —susurró contra su cabello—. Vas a tener la madre que mereces. Cueste lo que cueste.

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18 chapters
Capítulo 1:El calor residual de la traición
Capítulo 2:La mentira del funeral
Capítulo 3:La propuesta imposible
Capítulo 4:La última línea de defensa
Capítulo5:Madre de mentira, hija de verdad
Capítulo 6: Amor de madre no negociable
Capítulo 7:La mentira de Chanel No. 5
Capítulo 8: El espejismo de la piel
Capítulo 9:Él gritó su nombre
Capítulo 10:Pago por servicios
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