Mundo ficciónIniciar sesiónChristopher Jones es un genio inalcanzable. Dueño de la empresa de perfumería más poderosa del mundo, ha levantado su imperio entre el lujo y el secreto, un hombre cuya aura de poder es tan embriagadora como sus fragancias. Aura Stone, una periodista con una intuición afilada, recibe el encargo de su vida: obtener una entrevista exclusiva con el esquivo Jones. Su misión es simple: desentrañar al hombre detrás del mito. Sin embargo, desde el primer encuentro, la lógica de ambos mundos explota. A pesar de la relación que Aura ya mantiene con otra persona, la tensión entre ella y Christopher es una chispa que enciende un incendio. La pasión prohibida que surge entre ellos es tan poderosa como peligrosa. Christopher Jones no solo crea perfumes que seducen; él mismo es un aroma embriagador de carisma y peligro latente. Aura debe decidir si el "perfume del villano" es la esencia de un genio incomprendido o la fragancia sutil de una oscuridad que podría destruirla. En este juego de seducción y secretos, ¿podrá Aura desvelar la verdad sin perderse en el aroma irresistible de Christopher Jones?
Leer másAURA.El suave roce de la seda resbala por mis hombros y dejo que el vestido caiga al suelo, quedando solo frente al espejo. Suspiro, observando cómo mi cuerpo ha empezado a cambiar, reclamando su espacio para proteger la vida que late dentro de mí. De repente, siento un calor conocido que me envuelve; el aroma de Christopher inunda mis sentidos antes de sentir sus brazos rodeándome desde atrás.Sus manos, grandes y cálidas, viajan directamente hacia mi vientre, cubriéndolo con una posesividad dulce que me hace cerrar los ojos y apoyar la espalda contra su pecho firme. Siento su respiración tranquila en mi cuello y el roce de sus labios en mi hombro.— Míranos, hermosa —me susurra, obligándome a abrir los ojos para encontrarme con su reflejo en el espejo—. Hace unos meses estábamos en esa cabaña luchando por nuestras vidas, y hoy... hoy estamos aquí, esperando saber quiénes son estos dos pequeños guerreros que no dejan de patear.Sonrío, colocando mis manos sobre las suyas. Es increíb
CRHIS.Entro en la cabaña de una patada, con el corazón martilleando contra mis costillas. Este lugar, el mismo donde torturé a mi tío para que pagara por lo que hizo, ahora se ha convertido en el escenario de mi peor pesadilla. Ignoro los fantasmas de este sitio; mis ojos solo tienen un objetivo: Aura.La veo atada, pálida, pero con una mirada de acero que me devuelve el alma al cuerpo. Luego, mi vista se clava en él. Marcus. Llevo micrófonos ocultos y un pinganillo conectado con la policía que rodea el perímetro, pero él está demasiado desquiciado para notarlo.— Has llegado demasiado lejos, Marcus —digo, mi voz es un rugido bajo, cargado de una furia que apenas puedo contener.— Sé que en esta cabaña tienes tus secretos, Christopher —dice él con una sonrisa enferma, apretando el revólver—. No los hemos descubierto todavía, pero dime de una vez: ¿qué hiciste con tu padre y tu tío? Los mataste, ¿verdad? ¡Confiésalo!Se nota que ha perdido la razón por completo desde que su esposa lo
AURA.La oscuridad se disuelve lentamente, dejando paso a una punzada aguda que me martillea las sienes. Intento moverme, pero mis muñecas arden; el roce áspero de la cuerda me devuelve a la realidad de golpe. Estoy sentada en una silla, con los brazos echados hacia atrás y las piernas inmovilizadas.Abro los ojos con dificultad, parpadeando contra la luz tenue. El corazón me da un vuelco cuando el entorno cobra nitidez. No es un lugar desconocido. Reconozco las vigas de madera, el olor a pino y humedad, la disposición de los muebles... es la cabaña de Christopher. El lugar que debía ser nuestro refugio, nuestro santuario, ahora se siente como una jaula fría.— Por fin despiertas, bella durmiente.Esa voz me hiela la sangre. Levanto la vista y ahí está él, sentado frente a mí con una calma que me revuelve el estómago. Marcus. Juega con un revólver entre sus manos, haciendo girar el tambor con una parsimonia aterradora. El brillo del metal bajo la luz de la lámpara es lo único que pare
CRHIS.Me encuentro en la cabecera de la gran mesa de cristal de la sala de reuniones. El ambiente está cargado de un aire de triunfo contenido. Mis empleados, encabezados por el director de marketing, proyectan gráficas en la pantalla principal que solo muestran una tendencia: hacia arriba.— Los reportes de la última hora son claros, señor —dice uno de los analistas con una sonrisa de satisfacción—. Las ventas del nuevo perfume, "La Fragancia del Villano", están rompiendo todos los récords proyectados. Hemos dominado el mercado de lujo en apenas una semana.Asiento con lentitud, cruzando los brazos sobre el pecho. El éxito de este lanzamiento es vital y las ganancias son masivas; todo marcha según el plan, cada pieza del tablero está en su lugar. Mis empleados murmuran entre ellos, entusiasmados por el éxito rotundo de "La Fragancia del Villano", pero mi mente está dividida entre el orgullo del negocio y la seguridad de mi familia.De pronto, la vibración de mi teléfono sobre la mes
AURA,Entro al consultorio del terapeuta empujando con cuidado la silla de ruedas de Lili. Ella, mantiene la espalda recta, pero noto la tensión en sus hombros; sé que está nerviosa, aunque intente disimularlo.El doctor nos recibe con una expresión profesional, revisando las radiografías que tenemos sobre el escritorio.— Después de revisar la lesión de cadera —comienza a decir, señalando las imágenes oscuras—, el plan es comenzar de inmediato con los ejercicios de recuperación. Sin embargo, aunque estas placas son muy claras, necesito hacer mis propios chequeos físicos antes de que demos el primer paso.Lili asiente, observando los aparatos de gimnasia y las camillas que hay al fondo de la sala. Veo cómo traga saliva con dificultad.— Doctor —pregunta ella con una voz que suena más pequeña de lo habitual—, las terapias... ¿van a doler? ¿Va a ser muy difícil?El terapeuta se toma un momento, me mira a mí y luego a ella, con una honestidad que agradezco pero que me duele.— No voy a m
CRHIS.El doctor, notando que nos ha dejado sin palabras, nos dedica una última sonrisa de felicitación y se retira de la habitación, cerrando la puerta tras de sí con un clic suave. El silencio que queda es denso, vibrante, cargado de una electricidad que nunca antes habíamos sentido.Me quedo petrificado, con la mirada fija en Aura. Siento un zumbido en los oídos y el corazón me golpea las costillas con una fuerza salvaje. ¿Un hijo? ¿Tres semanas? La idea empieza a echar raíces en mi mente y, de repente, todo el miedo de hace una hora se transforma en una euforia que me quema las venas.Aura rompe el silencio con una risa nerviosa, casi un susurro.— Christopher… —susurra, y veo cómo sus ojos se llenan de lágrimas, pero esta vez no son de tristeza—. Un bebé. Vamos a tener un bebé.Esa frase es el detonante. Suelto un suspiro tembloroso y me abalanzo hacia ella, no con urgencia, sino con una devoción infinita. La tomo de nuevo entre mis brazos, pero ahora lo hago con una veneración n





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