El trayecto en el auto fue un torbellino de emociones. Mila (Camila) no paraba de moverse en el asiento del copiloto, ajustándose la tiara de "Novia" que brillaba bajo las luces de neón de Miami. Yo, por el contrario, apretaba el volante con fuerza, sintiendo todavía el ardor de las palabras de mi madre en el pecho.— Titi, relaja los hombros —dijo Mila suavemente, usando el apodo que solo ella y mi abuela tenían permitido—. Vas a romper el volante y apenas estamos empezando la noche.— Es que no puedo creer que me llamara principiante, Mila. Después de todo lo que hemos hecho por Daydream. Fue... cruel.Mila suspiró, buscando las palabras adecuadas. Ella odiaba los conflictos casi tanto como amaba las fiestas.— Escucha, Titi, sabes que estoy contigo al cien por ciento. Lo que dijo dolió, y estuvo mal, muy mal. Pero... ¿no te pareció raro? Tía Emilia no es así. Estaba pálida, como si hubiera visto un fantasma. Creo que no es que no confíe en ti, es que algo de esa mujer, de la tal Ch
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