Mundo de ficçãoIniciar sessãoAsli Fernández siempre creyó que el amor era algo que se podía escribir… pero no vivir sin consecuencias. Desde el anonimato de sus historias, se permite imaginar besos lentos, miradas que prometen demasiado y hombres que aman sin miedo. Lo que jamás esperó fue que uno de ellos —el más peligroso de todos— dejara de ser ficción. Brandon Ferran es una estrella internacional, un hombre acostumbrado a provocar suspiros y titulares… y a no dejar que nadie se acerque demasiado. Hasta que descubre a la mujer que lo ha reinventado entre líneas, que ha dibujado versiones suyas más intensas, más vulnerables… más irresistibles. Cuando sus caminos se cruzan, la atracción es inmediata. Innegable. Ardiente. Entre cenas privadas, mensajes que suben la temperatura y besos que exigen ser repetidos, ambos intentan imponerse reglas que ninguno está seguro de poder cumplir: ir despacio, no confundir deseo con sentimientos, no dejar que la fantasía domine la realidad. Pero hay fuegos que no saben arder a medias. Y cuando la química es tan fuerte como el miedo a salir herido, el verdadero riesgo no es enamorarse… es fingir que no está pasando. Salido de un Fan-Fic es una historia sobre tentación, vulnerabilidad y la línea peligrosa entre lo que se imagina… y lo que se desea de verdad.
Ler mais4 de enero de 2019
Pulso el botón “Publicar” con el pulgar suspendido apenas un segundo más de lo necesario, como si ese gesto minúsculo tuviera algún tipo de trascendencia real en mi vida.
Y la tiene.
Ahí va otro capítulo más de mi nueva historia, lanzado al vacío digital, entregado a personas que no conozco, que no veré nunca, pero que, de algún modo extraño, me leen como si me conocieran mejor que muchos en mi vida real.
Todavía no consigo comprender cómo algo que comenzó como una simple distracción, como una forma de escapar de la rutina y del silencio de mi habitación, se transformó en algo tan grande. Algo constante. Algo necesario.
Jamás me imaginé escribiendo historias sobre un cantante famoso.
Y mucho menos sobre Brandon Ferran.
Llevo más de dos años escribiendo y, si soy brutalmente honesta conmigo misma, esto ya no es solo un pasatiempo. Es un hábito. Un vicio silencioso que me acompaña a todas partes. Escribir se volvió una necesidad física, casi corporal; una urgencia que aparece cuando algo dentro de mí no sabe cómo expresarse de otra manera.
Cada historia intenta ser diferente. Cada protagonista femenina tiene algo mío, aunque me esfuerce por negarlo. Una inseguridad, un deseo oculto, una valentía que en la vida real a veces me falta. A cada Brandon lo reinvento: más atento, más humano, más vulnerable… más real de lo que probablemente sea el verdadero.
A veces tengo la sensación —culpable, absurda— de que el Brandon de mis historias es mejor que el de la vida real.
Pero la verdad es que nunca lo sabré.
Nunca he tenido el placer de conocerlo en persona, a pesar de haber ido ya a más de diez conciertos. Lo he visto sudar bajo los focos, sonreír frente a miles de personas, emocionarse con canciones que hablan de amor y pérdida… pero siempre desde lejos. Desde la distancia segura de una fan más entre la multitud.
Nunca he cruzado una palabra con él.
Y seguramente nunca lo haga.
Mi intención es cerrar la aplicación de Inkora, dejar el móvil a un lado y volver a la realidad, pero no tengo oportunidad. Las notificaciones comienzan a aparecer una tras otra, encendiéndose como pequeñas explosiones de luz sobre la pantalla.
—¡Sigue, por favor!
—¡Necesito saber qué pasa después!
—¡No nos dejes así!
—¡Este capítulo me destruyó!
Sonrío, y no puedo evitarlo.
Hay algo profundamente reconfortante en saber que alguien, en algún lugar, siente algo gracias a lo que escribí. Que mis palabras provocan ansiedad, ilusión, deseo. Empiezo a responder comentarios, uno por uno, intentando agradecer sin parecer distante, sin parecer demasiado emocionada.
Aún me sigue pareciendo fascinante que personas completamente desconocidas se tomen el tiempo de leer las ideas de una chica común, sin trayectoria literaria, sin contactos, sin más experiencia que la que le dio la universidad.
Aunque… si soy justa conmigo misma, tampoco es toda la verdad.
Cuando pienso en mi infancia, recuerdo cuadernos llenos de historias mal escritas, concursos escolares, profesores que me decían que tenía imaginación. Recuerdo escribir para sentirme acompañada, para entender cosas que aún no sabía nombrar.
Quizás siempre fui esto.
—¡Asli, ven! —escucho gritar desde el salón.
Cierro Inkora y me levanto del escritorio. Camino hacia la puerta, pero al pasar frente al espejo me detengo. Me observo con detenimiento, como si no terminara de reconocerme.
El cabello algo revuelto, ropa cómoda, mirada cansada. Parezco más escritora nocturna que mujer de viernes por la tarde.
Me río sola.
Saco el móvil, me hago una foto sin pensarlo demasiado y la subo a I*******m con una frase que no sé si creo del todo:
“A veces también hay que vivir fuera de las palabras...”
Cierro la aplicación y salgo de la habitación.
—Dime, Mica —le digo al verla.
Micaela está sentada en el sofá, impecable como siempre. Rubia, segura, magnética. De esas mujeres que parecen saber exactamente quiénes son y qué quieren.
—Me escribió Damián —dice sin levantar la vista del móvil—. Nos invita a uno de los clubes más exclusivos de Madrid. No podemos decirle que no.
—Hace frío… —comento mientras me dejo caer a su lado—. ¿De verdad tienes ganas de ir a bailar?
—¡Claro que sí! —exclama—. Deja de escribir tanto y vive más.
Sonrío, porque ya conozco ese tono.
—Vives más romances a través de tus historias que en la vida real —continúa—. Así que te pones uno de esos vestidos cortos que vuelven locos a los hombres… y salimos ya.
—Eres imposible.
—Y tú demasiado prudente.
—Vale… —cedo con un suspiro—. Me voy a duchar.
Me levanto antes de que siga hablando, sabiendo que, en el fondo, quizá tenga razón.
[…]
[BRANDON]
Otro día más en el que la curiosidad me gana.
Abro el nuevo capítulo que ha subido @AsliFernandez mientras estoy solo en la habitación del hotel. La ciudad duerme al otro lado de la ventana, y yo debería estar haciendo exactamente lo mismo, pero no puedo.
Desde aquella conversación que encontré por casualidad en redes sociales —fans agradeciéndole por escribir historias sobre mí— algo se encendió. Una intriga que no supe controlar. Entré solo para ver de qué se trataba.
Y no he vuelto a salir.
Quizás sea una locura, una irresponsabilidad absurda, pero mi usuario falso en Inkora me permite leerla sin consecuencias. Sin explicaciones. Incluso comentar, cuando quiero, como un lector más.
Mis ojos recorren cada línea con una atención que no suelo prestar ni a mis propios contratos.
Leo mi nombre.
Mi nombre convertido en ficción.
Mi pecho se tensa.
Sigo leyendo.
La escena es intensa, íntima, cargada de una tensión que reconozco… y que, al mismo tiempo, no me pertenece del todo.
Cuando cierro el capítulo, me quedo quieto unos segundos.
Pensativo.
Si tan solo mi vida tuviera una fracción del romance que ella imagina… Si supiera lo solitaria que puede ser esta carrera, lo vacíos que son muchos aplausos.
Entro a su perfil.
La leo.
Me intriga.
Y cuando veo su foto en I*******m, recién subida, siento algo parecido a un golpe bajo el estómago.
—Eres peligrosa… —murmuro.
Antes de poder arrepentirme, le escribo.
Hola, ¿cómo estás?
Pulso enviar.
Y por primera vez en mucho tiempo, no tengo idea de qué va a pasar después.
EPILOGO[ASLI]No lo digo de inmediato.Podría hacerlo en cuanto cruzo la puerta, en el primer segundo en que lo veo, pero no lo hago. Hay algo en este momento que no quiero apresurar, algo que necesita quedarse conmigo unos minutos más, asentarse, hacerse completamente real antes de compartirlo.Han pasado meses desde la boda, y la vida no se detuvo como alguna vez temí. Al contrario, se acomodó. La casa dejó de sentirse nueva y empezó a sentirse nuestra en cada detalle, en cada espacio que ocupamos sin darnos cuenta. Las cosas encontraron su lugar con una naturalidad que no se puede forzar, como si todo lo que somos hubiera estado esperando este momento para encajar.No todo fue inmediato.La relación con su madre no cambió de un día para otro, pero tampoco se quedó donde estaba. Hubo silencios incómodos, visitas medidas, conversaciones en las que cada palabra parecía tener más peso del habitual. Sin embargo, esta vez nadie retrocedió. Brandon no volvió a moverse de su lugar, y eso
LO QUE EMPIEZA ESTA NOCHE[ASLI]Horas despuésLa puerta se cierra detrás de nosotros y el silencio cae como algo denso, íntimo, completamente nuestro. Afuera quedan las luces, la música, las manos que nos tocaron todo el día, las miradas que se detuvieron en nosotros como si pudieran quedarse con algo de lo que somos. Aquí dentro no hay nada de eso. Aquí dentro no hay nadie más.No doy más de dos pasos cuando siento su mano en mi espalda, firme, deteniéndome sin suavizarlo. Me giro despacio, sabiendo exactamente lo que voy a encontrar, y no me equivoco. Brandon ya no está conteniéndose. Lo veo en su mirada, en la forma en la que recorre mi cuerpo sin disimular, en la respiración que ya no está medida.—No sabes lo que fue esto para mí —dice en voz baja, acercándose lo suficiente para que el calor de su cuerpo me envuelva sin tocarme del todo—. Tenerte así todo el día… y no poder hacer nada.No aparto la mirada.—Podías —respondo—. Solo elegiste esperar.Su boca roza la mía apenas, un
LO QUE ELIGÍO[ASLI]La veo antes de que nadie más la note, no porque esté escondida, sino porque permanece quieta, en ese punto donde la luz deja de ser directa y todo se vuelve más difuso. No interrumpe, no se acerca, no intenta ocupar un lugar que no le corresponde. Simplemente está, observando, y eso, viniendo de ella, ya marca una diferencia.Me detengo un instante antes de avanzar. No hay prisa en mis pasos, pero tampoco duda. Siento la presencia de Asli detrás de mí sin necesidad de girarme; sé que también la ha visto, y el hecho de que no diga nada me confirma que entiende exactamente lo que este momento significa.Cuando me acerco, mi madre levanta la mirada y, por un segundo, reconozco en su postura la misma rigidez de siempre, ese control que la ha definido durante años. Sin embargo, no se sostiene. Algo en su expresión cede antes de que diga mi nombre.—Brandon…Su voz es más baja de lo habitual, menos firme, y eso cambia el equilibrio de la conversación antes de que empie
EL SÍ[ASLI]El día comienza sin ruido, como si incluso el mundo hubiera decidido moverse con más cuidado. Cuando abro los ojos, la luz ya está entrando por las cortinas, suave, envolviendo la habitación en un tono cálido que no interrumpe nada. Me quedo unos segundos quieta, respirando, sintiendo cómo todo se asienta en el cuerpo con una claridad que no esperaba.No estoy nerviosa.Y eso es lo que más me sorprende.Me levanto despacio y lo primero que veo es el vestido. Está colgado frente a mí, cubierto por una tela ligera que apenas esconde su forma. Me acerco y lo descubro con cuidado, dejando que la tela caiga y revele cada detalle. Es elegante sin ser excesivo, ligero, con una caída que acompaña cada movimiento, con una espalda que deja la piel al descubierto de una forma que no busca llamar la atención, sino quedarse en la memoria.Lo elegí sin pensar demasiado.Porque era este.Porque se sentía como yo.Las horas pasan entre manos que me ayudan, ajustes pequeños, miradas en el





Último capítulo