Contrato de Venganza con mi Hermanastro

Contrato de Venganza con mi HermanastroES

Romance
Última actualización: 2026-01-20
Luly Rose   Recién actualizado
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Resumen
Índice

—Me elegiste porque me necesitabas —susurra Valentina. —Te elegí porque eres la hija del hombre que me dejó en la calle —responde Sebastián mientras la acorrala contra la pared—. Y voy a cobrarme cada lágrima de mi madre con cada uno de tus suspiros. Para el mundo, son la pareja perfecta. Para Sebastián, Valentina es el instrumento de su venganza final contra los Cruz. Él la reclama bajo un contrato de sumisión y lujo, mientras destruye su mundo pieza por pieza. Pero cuando el deseo se vuelve real y la traición sale a la luz, Valentina huye de las cenizas de su vida, sin saber que el peligro real no es solo el hombre que la engañó, sino el padre que creía muerto y una enemiga oculta que se infiltra en lo más sagrado: su hogar.

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Capítulo 1

Capítulo 1

Valentina Cruz observó los rascacielos desde la pared de vidrio del ascensor que la llevó hasta el piso veintitrés del edificio corporativo donde trabajaba. 

Se aferró con fuerza a la bandeja de plata, haciendo equilibrio para que no se cayeran las tazas de café que su jefe le había pedido que preparara. 

“Un café con leche, un Mocha con crema, uno frío y uno amargo sin azúcar” Memorizó con amargura. No le pagaban para esto, se suponía que era la secretaria del CEO. Pero se había convertido en la esclava favorita de su jefe. 

—Permiso— Murmuró empujando la puerta con su cadera voluminosa.  

Solo tenía que entregar las tazas y escapar antes de que su jefe la humillara una vez más frente a sus socios.  

Estuvo a punto de lograrlo, cuando su voz desagradable tenzó su espalda. 

—Valentina, querida —dijo detrás de ella—. ¿No vas a sonreír para nuestros invitados?

Se giró despacio y se encontró con los ojos de ese viejo recorriéndola con descaro. Odiaba tener que usar una falda ajustada por encima de las rodillas y una camisa blanca transparente que debaja muy poco a la imaginación. Pero era parte del protocolo de la empresa. (O los deseos perversos de su jefe) 

Valentina tensó los labios y sonrió. Había aprendido a hacerlo sin que se notara el asco.

“Recuerda porqué haces esto” 

—Por supuesto, señor Ferrer. Buenos días, Señores. Mi nombre es Valentina Cruz.

Valentina se aferró a la bandeja de plata mientras los hombres de trajes caros, relojes brillantes y perfumes importados hablaban de cifras que jamás podría ver en su vida, ignorándola completamente.

Ella se movía entre los asientos, entregando los cafés.

—Esa falda te queda cada vez mejor —susurró Ferrer cuando pasó demasiado cerca—. Deberías usarla más seguido… especialmente cuando trabajamos hasta tarde.

Valentina apretó la bandeja vacía contra su cuerpo, tratando de taparlo de esos ojos hambrientos. Necesitaba ese trabajo. Cada peso. Cada hora extra. Pensó en Lucas, el amor de su vida. Pensó en su piel pálida, en los frascos de pastillas sobre la mesa de luz y en lo caro que eran sus tratamientos. 

—Gracias —respondió, con voz neutra.

En ese momento, Valentina se sintió fuertemente observada. Cuando alzó la vista, se encontró con una mirada que la inquietó. 

Era el hombre que había pedido el café amargo. No lo había escuchado hablar, ni tampoco lo había visto sonreír. Estaba ligeramente inclinado en su silla, con las manos en los bolsillos del pantalón negro. Su traje oscuro parecía absorber la luz. Tenía el cabello negro peinado hacia atrás y unos ojos verdes que contrastaban con la dureza de su expresión.

No era curiosidad lo que había en esos ojos. Era algo más inquietante. Como si la conociera. Como si estuviera midiendo cada uno de sus gestos.

—Si te portas bien, quizás te elija.— Dijo Ferrer a su oído, burlándose de ella.  

Valentina desvió la mirada, incómoda. Odiaba a los hombres poderosos. Y odiaba aún más ese mundo donde todo parecía negociable. Ella no era un pedazo de carne, era mucho más que eso. Había estudiado para esa carrera, y sólo Dios sabía cuánto le había costado, sin dinero, sin familia, sin nada. Pero también sabía a dónde pertenecía, por lo que asintió con la cabeza y se disculpó antes de escapar. 

El departamento olía a medicamentos y humedad cuando abrió la puerta. 

—¿Lucas? Llegué —susurró entrando a la habitación. 

Él estaba sentado en la cama, envuelto en una manta, con ojeras profundas y la mirada apagada. 

—Llegaste tarde, te extrañé…

—Había conferencia —respondió ella, quitándose los incómodos zapatos—. ¿Cómo te sientes hoy?

Lucas bajó la mirada. 

Algo andaba mal. 

—¿Qué pasa amor?

— El tratamiento no funcionó.

El mundo se le comprimió en el pecho ante esas palabras—¿Qué? ¿Qué querés decir?— El corazón de Valentina latió con fuerza y sus ojos se humedecieron. 

—El médico dice que mi cuerpo no respondió como esperaban—

—No puede ser ¡Te habían dicho que había casi un cien por ciento de que funcione!—Protestó furiosa— Tiene que haber algo más, no podemos rendirnos sin más— 

—Hay otro tratamiento… Pero es nuevo, aún lo están probando… 

—No importa, debemos intentarlo. 

—Es muy caro, Valen.

Ella no dudó. No importaba que no pudieran darse ningún gusto. No importaba que apenas llegaran a fin de mes. No le importaba hacer horas extras hasta tarde junto a su jefe si eso significaba encontrar la cura para su amado. —No importa.

—No quiero que te endeudes más.

—Yo puedo con esto.—Dijo inflando el pecho— Porque te amo, Lucas, y moriría si algo te pasara.  

Valentina abrió su cartera y sacó sus tarjetas, colocándolas en la mano de Lucas.

—Comprá los medicamentos y pagá la consulta. Todo lo que haga falta. ¿Está bien?

Él la miró con una mezcla de culpa y alivio. Una sonrisa cansada se dibujó en su rostro y la besó con fuerza —No sé qué haría sin tí.

Las horas extras se extendieron hasta que el edificio quedó vacío.  

“Voy a llegar muy tarde. No me esperes despierto. Te amo” le escribió a Lucas.

No hubo respuesta. “De seguro quedó agotado por el tratamiento” Pensó con tristeza. Si él podía soportar los desagradables y dolorosos tratamientos, entonces ella podía con su trabajo. 

Cuando regresó a su escritorio, encontró a Ferrer apoyado en el marco de la puerta. Con tan solo ver su mirada oscura, sus rodillas se aflojaron. 

—Somos los últimos —dijo, cerrando la puerta detrás de sí— ¿Qué tal un Whisky?

—Muy amable señor Ferrer… pero necesito terminar unos informes antes de la medianoche. 

—Oh vamos cariño… es solo un trago… No voy a quitarte mucho de tu preciado tiempo. 

Valentina retrocedió cuando comenzó a acercarse. Parecía un animal hambriento acechando a su presa. 

—Después de todo lo que hice por tí… Un poco de agradecimiento no vendría mal.— La mano de Ferrer se apoyó en su cintura.

Valentina dio un paso atrás. Pero su cuerpo chocó contra el escritorio. Estaba atrapada, nadie iba a salvarla, todos los demás se habían ido a sus casas. Aunque gritara, nadie iba a escucharla. 

—Sáqueme la mano de encima. Por favor— Suplicó con los ojos temblorosos. 

—No seas exagerada.— 

Su jefe la presionó con fuerza contra el escritorio que se clavó en su espalda. Sin darle tiempo a reaccionar, se subió encima de ella y sus labios secos, rasposos y con sabor a whisky mezclado con habano, presionaron sus labios. Su lengua húmeda intentó entrar en su boca. 

—¡No! — Chilló asustada. 

Todo pasó muy rápido. El miedo de que ese hombre la hiciera suya la aterrorizó. 

Su cuerpo reaccionó por sí solo. 

El sonido de un fuerte cachetazo hizo eco en todo el edificio. 

—Si vuelve a tocarme, lo denuncio.— Exclamó con el rostro mojado por sus lágrimas y el cuerpo temblando con fuerza. 

El silencio fue pesado.

Ferrer sonrió, pero ya no había calidez en su rostro. 

—Estás despedida.

—¿Qué?

—Recogé tus cosas y vete ahora mismo…

—P-Pero señor…—

De repente, la desesperación la invadió. Si perdía el trabajo ¿Cómo iba a pagar el tratamiento de Lucas? 

—¡Lo siento señor Ferrer! Yo… no sé por qué reaccioné así— Sonrió nerviosa. — Tiene razón… usted hizo mucho por mí… déjeme agradecerle…

—O te vas solita, o llamo a seguridad… Tu eliges.  

Valentina sintió que todo su mundo se derrumbaba frente a sus ojos. 

Llegó al departamento arrastrando los pies. ¿Qué le iba a decir a Lucas? ¿Que por su culpa no iba a poder curarse? Si tan solo hubiese cumplido las asquerosas fantasías de ese viejo, ahora no estaría desempleada. 

Cuando llegó a su piso, notó que la puerta estaba entreabierta.

—¿Lucas? —llamó en la oscuridad del departamento. 

El sonido de risas apagadas respondió. Una sensación extraña la invadió mientras avanzaba hacia el dormitorio iluminado. 

Lucas estaba en la cama, como siempre. 

Pero no estaba solo. 

Estaba con una mujer. 

Y lo peor de todo era que no sabía dónde empezaba el cuerpo de su novio y dónde terminaba el de ella. 

Estaban completamente desnudos, sobre su cama, sobre sus sábanas. 

La mujer se giró sobresaltada y Lucas palideció al verla en el marco de la puerta. 

—Valentina… yo puedo explicarlo… No es lo que parece… 

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