—¿Qué haces aquí? —preguntó con voz baja, peligrosa.
Valentina dio un paso atrás de forma instintiva, pero no respondió de inmediato. Algo en su expresión la detuvo. No era furia dirigida hacia ella. Era… descontrol.
—Escuché un ruido —dijo al fin, cuando consiguió ganar valor—. Pensé que… —se interrumpió.
Él avanzó un paso, haciéndola sentirse más pequeña.
—No tenías permiso para entrar.
—Lo siento —respondió, tensa—. Yo solo…
La mano de Sebastián se cerró alrededor de su brazo, con una fuerz