Los días pasaron sin más inconvenientes. El ritmo del café se volvió vertiginoso: proveedores que confirmar, detalles de decoración que ajustar, permisos que firmar, listas que parecían no terminar nunca. Faltaba muy poco para la inauguración y, aun así, siempre aparecía algo nuevo que resolver.
Valentina comenzó a notar algo que no esperaba. Le gustaba. Le gustaba tomar decisiones rápidas, solucionar imprevistos, negociar precios, organizar horarios. Estar ocupada la hacía sentir capaz, fuerte,