Mundo ficciónIniciar sesiónFiorina Cassini trabajó toda su vida para alcanzar sus sueños. Con talento, disciplina y una cicatriz en el cuello que aprendió a ocultar, llegó a convertirse en una de las diseñadoras más reconocidas de Milán. Hasta que, en pleno evento, una mujer apareció con un niño en brazos y la señaló delante de todos: —¡Eres la amante de mi esposo! Ahí Fiorina descubrió la verdad más cruel: El hombre al que amaba, su propio novio… estaba casado… ¡Y jamás se lo confesó! El escándalo fue inmediato: su reputación se vino abajo, su carrera se destruyó, su cicatriz se volvió tendencia y motivo de burla en toda la ciudad. Y él todavía tuvo el descaro de pedirle: —Es solo un matrimonio arreglado. Te amo, Fiori. Espérame… lograré el divorcio. Pero Fiorina eligió su dignidad. Perdió trabajo, contratos, prestigio. Se quedó sin nada… hasta que llegó la oferta inesperada. La empresa rival le abrió las puertas, y detrás estaba Giorgio Marchesani: un CEO poderoso, frío, elegante… y marcado por la pérdida de su amada. Giorgio no la elige por casualidad. La elige por su cicatriz. Él necesita una esposa falsa. Ella necesita recuperarse. Fiorina acepta: ser “el reemplazo” significa recuperar lo que perdió. Pero a medida que la pasión se transforma en amor y la cercanía deja de ser solo parte del contrato, Fiorina lo comprende con claridad: Ella no nació para ser la segunda opción de nadie. —No, CEO. No seré solo un reemplazo. Seré tu todo.
Leer más✧✧✧ Esa misma noche, después de la fiesta. ✧✧✧ La mansión Ricciardi estaba en silencio. La música había terminado, las copas habían sido retiradas, y los distinguidos invitados se habían marchado esa madrugada. Sin embargo, en el despacho principal familiar. Stefano Ricciardi estaba de pie frente al ventanal, con la espalda recta y las manos entrelazadas detrás de él. No se había cambiado aún, el esmoquin seguía impecable, su rostro estaba bastante serio. Y entonces… La puerta se abrió sin ruido. Adriano entró y cerró con suavidad. Clack~ —Habla —dijo Stefano sin girarse. Adriano avanzó unos pasos. Tap… Tap… Ese hombre no parecía el hijo que había aplaudido a su hermana minutos antes, ahora tenía esa aura y porte del CEO de la casa Ricciardi. —El informe está confirmado otra vez. No hay error, padre. Toda la investigación, ha sido bien realizada. Stefano asintió apenas. —Lo sé. El silencio reinó por unos segundos. El sonido lejano del agua en
El aplauso que siguió al final del baile con su padre aún vibraba en el aire cuando Stefano besó la frente de Fiorina con una ternura que solo le pertenecía a ella y la dejó regresar al resto del salón. La música continuaba, las conversaciones habían retomado su ritmo, las copas brillaban bajo la luz de las arañas de cristal, pero para Fiorina todo parecía más nítido, más luminoso, como si ese momento hubiera acomodado algo dentro de su pecho. Buscó a Giorgio. Lo encontró casi de inmediato. Su esposo estaba junto a Matteo, cerca de una de las columnas de mármol, con una copa en la mano y esa postura suya que mezclaba elegancia y vigilancia constante. Cuando ella se acercó, ambos la miraron al mismo tiempo. Y la expresión de Giorgio cambió. Siempre cambiaba cuando la veía. —Ahí está la protagonista de la noche —dijo Matteo con una sonrisa abierta, inclinándose para besarla en la mejilla—. Gin, estás… no tengo palabras, hermanita. —Eso sí es nuevo —respondió ella c
Las conversaciones retomaron su curso con esa elegancia propia de los grandes eventos, las copas volvieron a alzarse y el murmullo del salón recuperó su ritmo: —¿Por eso nunca quisieron hacer oficial el compromiso con Chiara Ricciardi?, ahora todo tiene sentido —dijo un hombre entre la multitud. —Claro. El señor Giorgio Marchesani creció con Ginevra, es lógico que la haya reconocido. Por eso la acogió en su empresa luego de aquel escándalo, ¡qué hermoso! —exclamó una mujer, alegre. —¿Y qué pasó con Chiara Ricciardi? ¿Alguien la ha visto? —le preguntó otra mujer. —Cállate. Debieron volverla a enviar al extranjero. Ella parecía muy enamorada del señor Marchesani. —Oh, es verdad. Debió ser muy duro, darse cuenta que su hermano volvió para recuperarlo todo, incluyendo su hombre. ……… Fiorina por otro lado, sentía que el mundo se había vuelto más pequeño, más íntimo, como si todo lo que la rodeaba quedara difuminado detrás de una emoción que todavía no terminaba de comprender.
✧✧✧ La noche de la fiesta. ✧✧✧ La mansión Ricciardi brillaba como si hubiera despertado después de un largo luto. Las fachadas de piedra clara estaban bañadas por una iluminación cálida que ascendía desde los jardines hasta los balcones. Las fuentes habían sido encendidas y el sonido del agua se mezclaba con la música de cuerdas que flotaba en el aire nocturno, creando una atmósfera donde todo parecía cuidadosamente medido. No era solo una fiesta cualquiera. Era la presentación de la primera hija de la familia. Los automóviles negros llegaban uno tras otro por la avenida principal y se detenían frente a la escalinata donde el personal recibía a los invitados con precisión impecable. Rostros conocidos del círculo financiero, representantes de antiguas familias italianas, figuras políticas, editores de las revistas más influyentes, todos avanzaban con esa elegancia que distinguía los eventos de la élite. La prensa estaba presente, pero seleccionada. Nada de cámaras inv
✧✧✧ Al día siguiente. ✧✧✧ La limusina avanzó por la avenida arbolada que conducía a la mansión de los padres de Giorgio, mientras el cielo comenzaba a oscurecerse con sus tonos púrpuras y azulados. Fiorina llevaba la mano entrelazada con la de él desde que habían salido del hogar de ambos —la mansión de Giorgio—, y aunque ninguno hablaba, el silencio no era incómodo… porque sabían que estaban juntos en lo que sea que vendría. Giorgio mantenía la mirada fija al frente, con la mandíbula marcada, como si cada metro recorrido lo acercara a una batalla que no podía postergar más: La revelación de la situación de Marcelo Marchesani, a sus padres. La residencia Marchesani apareció al final del camino, imponente y luminosa. Cuando el vehículo se detuvo frente a la escalinata principal, Fiorina notó que él no soltó su mano. Solo respiró hondo una vez, profundamente, y entonces bajaron juntos. Francesco los recibió en el vestíbulo antes de que el mayordomo anunciara s
—Massimo me llamó anoche, mientras estabas en tu reunión con mis hermanos. La frase cambió el aire. No hubo sorpresa en el rostro de Giorgio. Solo una atención inmediata, precisa. —¿Qué quería? —Hablar de Letizia… de mi hermanastro… de una herencia que supuestamente me dejó, aparte del dinero que recibí. Lo miró directamente, sin rodeos. —Quiere que me reúna con él. Giorgio dio un paso más hacia ella. No había enojo en su expresión, pero sí esa firmeza que siempre aparecía cuando algo la ponía en peligro. —No lo harás. —No —respondió ella antes de que él continuara—. No lo voy a buscar. La certeza en su voz fue absoluta. Se levantó y caminó hasta quedar frente a él. —No después de todo lo que hemos hablado. No después de lo que está pasando con Marcelo. No voy a acercarme a él, te lo prometí. Giorgio sostuvo su mirada unos segundos, como si necesitara comprobar que esa decisión era real. —Déjalo en mis manos —dijo finalmente—. Él va a caer solo. No necesitamos nada de
Último capítulo