Mundo de ficçãoIniciar sessãoFiorina Cassini trabajó toda su vida para alcanzar sus sueños. Con talento, disciplina y una cicatriz en el cuello que aprendió a ocultar, llegó a convertirse en una de las diseñadoras más reconocidas de Milán. Hasta que, en pleno evento, una mujer apareció con un niño en brazos y la señaló delante de todos: —¡Eres la amante de mi esposo! Ahí Fiorina descubrió la verdad más cruel: El hombre al que amaba, su propio novio… estaba casado… ¡Y jamás se lo confesó! El escándalo fue inmediato: su reputación se vino abajo, su carrera se destruyó, su cicatriz se volvió tendencia y motivo de burla en toda la ciudad. Y él todavía tuvo el descaro de pedirle: —Es solo un matrimonio arreglado. Te amo, Fiori. Espérame… lograré el divorcio. Pero Fiorina eligió su dignidad. Perdió trabajo, contratos, prestigio. Se quedó sin nada… hasta que llegó la oferta inesperada. La empresa rival le abrió las puertas, y detrás estaba Giorgio Marchesani: un CEO poderoso, frío, elegante… y marcado por la pérdida de su amada. Giorgio no la elige por casualidad. La elige por su cicatriz. Él necesita una esposa falsa. Ella necesita recuperarse. Fiorina acepta: ser “el reemplazo” significa recuperar lo que perdió. Pero a medida que la pasión se transforma en amor y la cercanía deja de ser solo parte del contrato, Fiorina lo comprende con claridad: Ella no nació para ser la segunda opción de nadie. —No, CEO. No seré solo un reemplazo. Seré tu todo.
Ler maisUN BEBÉ. CAPÍTULO 12. >>> Giorgio: Mi otra mano que yacía sobre su muslo, subió lentamente, y se movió por su cintura, apretándola contra mí, sintiendo cada reacción de su cuerpo. Mi boca bajó a su cuello el cual llevaba al natural, sin una pañoleta… amaba cuando se paseaba en casa sin necesidad de cubrir su cicatriz; amaba esa confianza que me tenía. Mis labios bajaron, recorriéndole el cuello con besos más intensos, deteniéndome donde su respiración se cortaba. Su espalda se arqueó hacia mí, sus manos se aferraron más a mi traje. —Aahh… Gio… —repitió mi bella esposa, con la voz más baja. Volví a su boca, besándola otra vez, más lento, manteniendo la presión, sin soltarla. Mis manos siguieron recorriéndola, firmes, marcando cada curva bajo la tela, manteniéndola contra mí. El tirante de su vestido caía sobre su brazo, dejando ver la lencería marfil que se ajustaba a su piel con una delicadeza que no tenía nada de inocente… solté el otro tirante, el vestido cedió ha
UN BEBÉ. CAPÍTULO 11. >>> Giorgio: La tenía frente a mí, cerca, con esa sonrisa que ya conocía demasiado bien. Clavó su mirada en la mía y luego se apartó apenas, girándose hacia el interior del salón con paso seguro. Con ese movimiento, me dejó un poco curioso. Así que la seguí con la vista mientras la veía ir no muy lejos, ella abría un cajón, tomaba una carpeta y una pluma, y regresaba sin detenerse. Dejó la carpeta sobre la mesa frente a mí y acomodó su silla a mi lado, sentándose muy cerca, rozando mi pierna con la suya sin disimulo. Su emoción era evidente, sus ojos verdes brillaban mientras deslizaba la carpeta hacia mí. —Lee, amore~ Abrí la carpeta sin apartar la atención de ella por completo. Las páginas estaban ordenadas, cada apartado bien estructurado, con una claridad que no era improvisada. Pasé la primera hoja, luego otra, leyendo con más detenimiento. A medida que avanzaba, mi expresión cambió. —Elegiste un edificio —dije, alzando la mirada hacia ella. Asi
UN BEBÉ. CAPÍTULO 10. >>> Ginevra: La casa estaba en silencio cuando entré. Cerré la puerta con cuidado, dejando el bolso sobre la consola del recibidor, y por un segundo me quedé quieta, respirando. Llevé la mano hacia mi hombro, rozando con la yema de los dedos el omóplato izquierdo por encima de mi blusa. Aún ardía levemente bajo la tela, una sensación constante, presente… que me recordó porqué lo había hecho. Tragué saliva. —Hoy tiene que salir bien… —murmuré apenas, para mí misma. Me moví. No podía quedarme pensando. Fui directa a la cocina, ya uno de los sirvientes había descargado mis compras. Saludé al chef que me dio las indicaciones, mostrándome los mejores ingredientes de los que ya había comprado, y dejando todo listo para que comenzara a cocinar. Comencé, colocándome el mandil, intentando concentrarme en algo concreto. No haría nada complicado… pero tenía que salir perfecto. Encendí la estufa. El sonido del aceite al calentarse rompió el silenci
UN BEBÉ. CAPÍTULO 09. >>> Giorgio: Salí del área privada del hospital con el sonido constante de los monitores aún resonando en mi cabeza. Marcelo seguía igual. Los médicos hablaban de más estudios, de protocolos, de probabilidades. Nada concreto. Nada que pudiera tomar con la mano. Al cruzar hacia el estacionamiento, vi a mi padre esperándome junto a su coche. Tenía esa postura firme de siempre, como si nada pudiera quebrarlo. —Puedes irte —me dijo sin rodeos—. Yo me encargo de todo lo de Marcelo hoy. También del traslado a la mansión más tarde. Lo miré unos segundos, evaluando. Asentí apenas. —Avísame cualquier cambio. —Lo haré. Seguí caminando, él subió al ascensor. Saqué el teléfono del bolsillo, listo para llamar a los hombres que vigilaban a Ginevra. Quería saber exactamente dónde estaba, qué hacía, con quién. No por desconfianza… por costumbre… porque no podía evitar preocuparme por ella. Entonces vi su coche. El Lamborghini estaba ahí. Me detuve. Fruncí e
Último capítulo