“La residencia de la contratada será determinada exclusivamente por el contratante.”
—¿Qué…? —susurró, sin aire.
Sebastián no aflojó el agarre. Su mano seguía firme en su brazo, como si aquel pequeño cuerpo empapado no tuviera derecho a escapar.
Ahora él era su dueño.
—Quiere decir que a partir de ahora —continuó, con una calma cruel— vives conmigo.
El mundo se le vino abajo por segunda vez esa noche.
—No —respondió de inmediato, sacudiendo el brazo para soltarse—. No pienso vivir bajo el mis